Todos hemos tenido días malos en nuestras vidas. Todos hemos vivido esos días que nos hacen pensar o decir que realmente odiamos la vida.

Todos hemos vivido esos días que nos hacen preguntarnos si vale la pena vivir la vida o no.

Por supuesto, ya lo hemos hecho. Y probablemente tuvimos muchos de ellos que perdimos la cuenta.

Sin embargo, debemos preguntarnos si alguna vez hemos dado gracias a Dios por tales días o no.

Pues bien, la respuesta probablemente será: no lo hemos hecho, o lo hemos hecho, pero sólo sarcásticamente. También podríamos culparlo por esos días tan malos e incluso preguntarle a Dios por qué sucedieron en nuestras vidas.

Gracias a Dios por todas las cosas malas que me sucedieron

De hecho, en su mayor parte, esos días no fueron tan malos. Consideramos que esos días fueron malos porque causaron algo que no salió a nuestro favor.

Son simplemente días, y todo se trata de cómo los percibimos realmente, lo que los hace malos; hacemos que esos días sean malos.

Usualmente, tendemos a enfocarnos más en algo malo que ocurrió durante ese día, así que nos olvidamos de buscar lo bueno.

Hay muchas cosas buenas que nos pasan durante un día que normalmente no podemos ver, y a veces, son sólo algunas cosas pequeñas.

«Considero que nuestros sufrimientos actuales no valen la pena compararlos con la gloria que se revelará en nosotros.» Romanos 8:18

Siempre debemos agradecer a nuestro Dios por esos días malos ya que todavía hay algo bueno en todos ellos.

Cada día, recibimos muchas bendiciones; a veces, simplemente tenemos los ojos abiertos, y somos capaces de verlas.

Sin embargo, cuando tengamos nuestras mentes y corazones abiertos, veremos todas las bendiciones que no pudimos ver porque no estuvimos muy atentos.

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Deberíamos agradecer a nuestro Dios por las cosas malas en la vida. No son pérdidas, pero son las lecciones aprendidas en nuestra vida.

Debemos incluso agradecerle por esos días en los que no conseguimos todo lo que realmente queríamos.

Debemos ser conscientes del hecho de que realmente nos dio lo que sabía que necesitábamos. Hubo momentos en que todo lo que necesitábamos eran lecciones que aprender.

Si alguna vez pensamos que tenemos un día terrible, simplemente debemos agradecer a nuestro Go por ese día. Él tiene algunos planes para nosotros, y nos pide paciencia y confianza.

Llegaremos a nuestro destino, y sonreiremos en esos días cuando finalmente lleguemos al destino.

También le daremos gracias a nuestro Dios por esos días malos que nos llevan a donde debemos estar.

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