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Dios hace una obra poderosa en mí y por medio de mí. Más si permito que sólo mi voluntad dirija mi vida, limito el potencial que estoy tratando de lograr y expresar. Al dejar ir la necesidad de controlar los resultados, abro la puerta a mi mayor bien. Me veo próspero y sereno, disfrutando de relaciones personales significativas.

No tengo que definir cómo mi bien se ha de manifestar, porque sé que las posibilidades para disfrutar de una vida plena y feliz son mayores que las que puedo imaginar. Mi fe en Dios permite que mi vida se desenvuelva de maneras sorprendentes. Al dejar ir y dejar a Dios actuar, cosas magníficas suceden, y acojo mi bien con entusiasmo.

Busqué a Jehová, y él me oyó y me libró de todos mis temores. —Salmo 34:4

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