Por desgracia, el maltrato está muy presente en nuestro día a día. Recibimos de forma constante noticias de mujeres asesinadas a manos de sus parejas o ex-parejas. En algunos casos, el agresor ha dado con ella aunque ya no estuvieran juntos. Pero también hay veces que la víctima vuelve con esa persona una y otra vez. O puede que nunca haya llegado a dejar la relación, ¿por qué?

Esto es algo difícil de entender para mucha gente y se las culpa de que lo hagan. Es normal oír: “si tanto daño le ha hecho, ¿por qué vuelve o sigue con él?” La realidad no es tan sencilla. No es que esas mujeres tengan la culpa, sino que intervienen una serie de procesos que les dificulta el escapar de esta situación de maltrato… ¡Continúa leyendo para comprenderlo y así poder ayudarlas mejor!

“Esta ansia irracional de dominio, de control y de poder sobre la otra persona es la fuerza principal que alimenta la violencia doméstica entre las parejas”

-Luis Rojas Marcos-

escapar de una situación de maltrato

La dependencia emocional en el maltrato

En una relación, lo normal es sentirse querido por la otra persona. Entonces, ¿cómo podríamos definir la dependencia emocional? Esta sería una necesidad extrema de afecto por parte de la pareja que alimenta pensamientos obsesivos sobre la otra persona y sentimientos constantes de abandono, lo que haría a la persona comportarse de forma sumisa para no perder a su amado.

Así, se prioriza a la pareja sobre cualquier cosa o persona (incluso sobre una misma), idealizándola. De esta manera, se resaltan las cualidades favorables que haya (aunque sean pocas) y se tapa o disimula la crueldad y agresividad que manifestar. Además, se asumen las creencias del agresor que afirman que él es superior en la relación.

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A esto se le une el miedo a la ruptura. Esto crea una ansiedad de separación que hace que la víctima crea que lo peor que le puede pasar es que la relación se rompa y se quede sola, por lo que hará cualquier cosa para que esto no suceda. Todo lo mencionado se ve potenciado, una vez que el maltrato es constante, por los períodos en los que el agresor se arrepiente y es agradable para intentar “compensar” el daño causado.

Así, las víctimas en esta situación pueden llegar a culpabilizarse a sí mismas de las agresiones que reciben. En un esquema de pensamiento en el que asumen que su pareja es amable y cariñosa no cabe que su esta se comporte de manera violenta, de manera que cuando esto se produce buscan una causa y habitualmente se señalan a ellas. De esta manera no se ven como víctimas, sino como culpables o responsables.

Se establece así una relación en las que se dan agresiones que causan terror y miedo y momentos buenos que generan sensación de alivio. En esta contraposición, lo normal es que la víctima haga todo lo posible para que predominen los segundos momentos, aunque en el camino poco a poco se vaya enterrando a sí misma.

Otros factores que provocan la permanencia en el maltrato

En todo lo hablado hasta ahora puede identificarse otro factor que hace que la víctima no abandone esa relación de maltrato: la baja autoestima. Se ve a sí misma como una persona que no es capaz de hacer las cosas bien ni de valerse por sí misma. Además, es algo que el maltratador no deja de repetirle. “No vales para nada” es una frase habitual cuando él ejerce violencia verbal.

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Pero no solo ejerce la violencia física o psicológica contra la víctima, también es habitual que despoje a la víctima de su apoyo social. Este aislamiento de la víctima, que tanto favorece a los intereses del maltratador, hace que su dependencia se mantenga o que se incremente incluso. El objetivo último de esta estrategia es que la víctima no tenga con quién hablar ni a quién pedir ayuda.

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En el horizonte del maltrato nos encontramos con la indefensión aprendida. La víctima ha ido perdiendo progresivamente gran parte de su poder y de su libertad, por lo que acaba percibiendo que no hay nada que pueda hacer para escapar de la situación en que se encuentra. Así, la desesperanza reina en su vida y no ve ninguna salida posible.

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