El reino, inocencia y entrega – Osho

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Ellos no eran preguntones, no eran gente curiosa, no iban a discutir. Su pregunta era inocente. Cuando una pregunta es inocente, sólo entonces un Jesús la podrá responder.

¿Cuándo es inocente una pregunta? ¿Sabes? Si ya sabes la respuesta, entonces la pregunta no es inocente. Preguntas: “¿Hay Dios?” y ya tienes la respuesta. Sabes que sí, que hay, y has venido hacia mí sólo para confirmarlo. O sabes que no hay ningún Dios, y vienes para ver si este hombre sabe o no.

Si es que ya tienes una respuesta, entonces la pregunta es astuta, entonces no es inocente. Entonces no puede ser respondida por un Jesús, porque un Jesús sólo puede responder a la inocencia.

Cuando un discípulo pregunta, no hay respuesta en su mente. El no sabe, simplemente él no sabe, por eso es que está preguntando. Recuerda eso: cuando preguntes algo, recuérdalo bien, ¿estás preguntando porque ya tienes la respuesta? ¿Estás preguntando en base a tu conocimiento? entonces no podrá haber contacto. Entonces aun si respondo, la respuesta nunca te llegará. No estás suficientemente vacío para recibir la respuesta. La respuesta ya está ahí: ya estás prejuiciado, envenenado.

Hay dos tipos de preguntas: una que surge del conocimiento -entonces es inútil. Aquí es posible un debate, no un diálogo. Pero cuando preguntas porque no sabes, sabiendo bien que no sabes, cuando sabes que: no lo sé y preguntas, tú te has vuelto un discípulo. Ahora no va a ser una discusión. Estás sediento y estás pidiendo agua, estás con hambre y estás pidiendo comida. No sabes y preguntas; estás listo para recibir. Un discípulo pregunta sabiendo bien que no sabe. Cuando no lo sabes eres humilde. Cuando lo sabes te vuelves egocéntrico, y un Jesús no puede hablarle a los egos. Los discípulos le dijeron a Jesús -“Discípulos” significa aquellos que están completamente conscientes de que no saben- “Dinos a qué se parece el reino de los cielos”.

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Jesús continuamente hablaba acerca del reino de los cielos, eso creaba muchos problemas. La misma terminología creaba muchos problemas, porque la palabra “reino” es política y los políticos se asustaron. Por eso es que fue crucificado, porque pensaron que: “Este hombre está hablando acerca de un reino que va a haber en la tierra, y este hombre está diciendo que: ‘Yo soy el rey de ese reino’. Este hombre está tratando de crear una revolución, de derrocar al gobierno. ¡Este hombre quiere crear otro reino!”.

El rey, el virrey, los oficiales, los sacerdotes, todos se asustaron. Y este hombre influía, porque la gente lo escuchaba; y no sólo lo escuchaba -cada vez que lo escuchaba se transformaba, se encendía, era totalmente nueva, algo sucedía dentro de ellos. Así que los sacerdotes, el virrey, Poncio Pilatos, Herodes el rey, todo el gobierno, el gobierno seglar y el gobierno sagrado, ambos tuvieron miedo de este hombre. Este hombre parecía ser peligroso. Nunca hubo un hombre tan inocente como él, pero parecía tan peligroso. Fue mal entendido.

Pero siempre existe la posibilidad de que un Jesús sea mal entendido. El problema es que él tiene que usar tu lenguaje; no hay otro lenguaje, y cualquier cosa que diga tiene que decirlo con tus palabras. No hay otras palabras y tus palabras ya están demasiado recargadas; ellas ya llevan demasiado significado, ellas están demasiado recargadas. El simplemente estaba hablando sobre el reino de Dios, el reino de los cielos. Pero “¿reino?” -esa palabra es peligrosa. La palabra reino sugiere algo de política.

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Jesús no fue un revolucionario de este mundo. Fue un revolucionario, un Maestro revolucionario-pero del mundo interno, y estaba hablando del reino interno. Pero aun los discípulos no estuvieron conscientes de lo que estaba diciendo.

Cuando ustedes llegan donde un Maestro, hay un encuentro de dos dimensiones diferentes.

El encuentro es tal como el encuentro del cielo y de la tierra, justo en el límite de unión.

Si existe confianza podrán volar al cielo; si no existe confianza se aferrarán a la tierra.

Si hay confianza desplegarán sus alas y volarán, pero si no existe la confianza entonces se aferrarán a la tierra…

Con un Maestro tienes que dejar caer la armadura completamente, eso es una necesidad.

Aun con un amante puedes llevar un poco de tu armadura; frente a un amado puedes no ser tan abierto. Pero con un Maestro, la apertura tiene que ser total, de otro modo nada sucederá.

Si es que guardas aun una pequeña parte tuya, la relación no surgirá. Una confianza total es necesaria, sólo entonces podrán ser revelados los secretos, sólo entonces las llaves te podrán ser ofrecidas.

Pero si tú te estás escondiendo, eso quiere decir que estás peleando con el Maestro y entonces nada puede hacerse.

Luchar con un Maestro no es la vía; entregarse es la vía.

Osho
Del libro: Un Grano de Mostaza

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