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El Manual de Dios

Muchas veces hemos comprado o recibido algo que trae un instructivo
anexo para que podamos usarlo como es debido y poder sacar el mayor y
mejor provecho de eso que hemos adquirido. La mayoría de las
personas, desgraciadamente, no leemos esos instructivos porque
pensamos que ya sabemos usarlo, o que no tiene mucha dificultad, o
tenemos tantas ocupaciones que sentimos que sería una pérdida de
tiempo el tomar ese instructivo y estudiarlo, otras veces pensamos en
usarlo como a nosotros nos parece debería de ser…
¿Qué sucedería si alguien que ha comprado un automóvil nuevo, después
de leer el manual pensara que a él no le gusta el olor de la
gasolina?, que el perfume que el usa tiene mucho mejor aroma; que el
aceite tampoco es de su agrado y la mermelada es ¡de sus favoritos!.
Así que, en lugar de poner gasolina en el tanque pondrá ¡perfume! (y
de excelente calidad!), y en lugar de aceite, ¡mermelada!; su auto
tendrá buen aroma pero… ¿funcionará?. Sabemos que no logrará que
ese motor arranque y no sólo eso, sino que correrá el riesgo de
echarlo a perder!. ¡Nunca haríamos algo así con nuestro auto!,
¿verdad?. En el tanque de gasolina ponemos gasolina, y en el lugar
del aceite, ¡aceite!; aunque éstos no sean de nuestro agrado.
Sin embargo, con nuestra vida hacemos eso tantas veces. Hacemos de
ella lo que creemos es conveniente pero ¿tomamos en cuenta el "Manual
del Creador"?. Muchas ocasiones hemos dejado
esos manuales de lado y como consecuencia no hemos aprovechado al
máximo eso que pudiéramos haber usado por mas tiempo o con mas
provecho. Nuestro maravilloso y amante Creador, nos ha
dejado un manual de instrucciones a seguir, un valioso testamento que
contiene paso a paso lo que debemos hacer para obtener de esta vida,
en esta vida y en la venidera, todo eso que deseamos… y tener un
grandioso éxito!.
Debemos darnos cuenta que es ¡importante! leer los instructivos y
manuales que vienen anexos en cada uno de esos artículos que
compramos, pero no sólo es el leerlos sino, el ¡seguir estrictamente
lo que ahí se nos dice!. Si así lo hacemos, lograremos tener muchas
ventajas.
Si nos preocupamos por cosas perecederas, artículos que aunque nos
cuestan, no son mas importantes que nosotros mismos, ¿no pondremos
atención a ese Manual que Dios nos ha legado para que seamos
prosperados en todas las cosas, y todo nos salga bien?. Nosotros los
creyentes decimos amar a Dios, pero ¿es realmente que le amamos?.
"…el que me ama, mi Palabra guardará". La palabra "guardar",
significa la observancia y cumplimiento de una ley o mandato, es
obedecer y llevar a cabo algún estatuto. Obedecer, es hacer lo que
otro manda, es ejecutar lo que ordenan las leyes, es sometimiento.
Es hacer "todo" lo que se nos pide aun cuando eso no sea de nuestro
agrado. Muchas veces se nos pide hacer cosas que más que obedecer
¡es un placer!, pero la obediencia es más que eso, es hacer todo lo
que se nos pide, nos guste o no, estemos de acuerdo o no, lo
entendamos o no lo entendamos. ¡Eso es obediencia!. Es el estar
sometido ¡totalmente!.
"Acontecerá que si oyeres atentamente la voz de Jehová tu Dios, para
guardar y poner por obra todos sus mandamientos que yo te prescribo
hoy, también Jehová tu Dios te exaltará sobre todas las naciones de
la tierra y vendrán sobre ti todas estas bendiciones, y te
alcanzarán, si oyeres la voz de
Jehová tu Dios…", Deuteronomio 28:1 (Sugerimos que leas todo este
capítulo en tu Biblia).
Los que le hemos recibido decimos amar al Señor, pero es sólo cuando
hacemos Su voluntad, y guardamos Sus mandamientos que demostramos el
amor genuino hacia Él.
Muchas veces hacemos cosas en nuestra vida pensando que agradamos a
Dios, y éstas incluso parecen "buenas", pero no hemos buscado en Su
Palabra lo que a Él realmente le agrada, hacemos nuestro antojo, como
el hombre del auto usando perfume… "No todo el que me dice Señor,
Señor, entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la
voluntad de mi Padre que está en los cielos. Muchos me dirán en aquel
día: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre
echamos fuera demonios, y en tu nombre hicimos muchos milagros?",
Mateo 7:21-22.
¿Cómo saber la voluntad del Padre?. Leyendo Su Palabra, la Biblia.
Es entonces que adquiriremos
sabiduría e inteligencia que el mundo verá, y podrá reconocer que
confiamos en un Dios vivo y verdadero. Nos libraremos de caídas y
tropiezos, y como consecuencia el Señor prosperará lo que
emprendamos (en Su tiempo y a Su manera). El leer Su palabra es para
TODOS los días, y de esta forma es que aprendemos el temor de Dios,
que es el principio de la sabiduría. Y como añadidura
nuestros días serán alargados y los de nuestros hijos ¡también!. Así
lo ha prometido. El guardar Su Palabra nos libra del mal
camino… "lámpara es a mis pies tu Palabra y lumbrera a mi camino".
Su Palabra nos traerá vida y nos guardará de la muerte. Al guardar
sus mandamientos y obedecerle mostramos amor a Dios, confiamos en Él
y nuestra fe crece. Él nos promete contestar las peticiones que
pidamos… si hemos cumplido con sus mandatos. Y nos da autoridad y
protección. Esto y mucho más son privilegios que gozaremos cuando
¡GUARDEMOS! y pongamos por obra Su Palabra.
No seamos oidores olvidadizos, sino mas bien hacedores. No solamente
leamos el manual, sino hagámoslo práctico. Entonces, ten por seguro,
andaremos como Él anduvo, seremos hechos siervos de Dios, tendremos
como fruto la santificación y como fin la vida eterna.
Que el Espíritu Santo nos revele Su Palabra para poder llevarla a
cabo con detalle, que nuestra fe crezca y seamos capacitados para
enfrentar cualquier tipo de prueba; las circunstancias no cambiarán,
pero sí nuestra actitud delante de ellas, entonces conoceremos y
disfrutaremos la victoria que obtendremos de cada una de esas
batallas, y podremos decir de todo corazón como
el salmista en Salmos 119: "Me he gozado en el camino de tus
testimonios más que de toda riqueza. En tus mandamientos meditaré,
consideraré tus caminos. Me regocijaré en tus estatutos, no me
olvidaré de tus palabras… Enséñame, oh Jehová, el camino de tus
estatutos, y lo guardaré hasta el fin. Dame entendimiento, y
guardaré tu ley, y la cumpliré de todo corazón. Guíame por la senda
de tus mandamientos, porque en ella tengo mi voluntad. Inclina mi
corazón a tus testimonios… ¡Oh cuánto amo yo tu ley!. Todo el día
es ella mi meditación".

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