“Decidir tener un hijo es una pesada responsabilidad. Por este motivo es importante que, antes de su nacimiento, los padres consagren a Dios, o como mínimo a un alto ideal, este ser que va a venir. Mediante esta consagración, no harán necesariamente de él alguien excepcional, pero le imprimirán una marca: grabarán en su materia psíquica surcos que atraerán más fácilmente sobre él corrientes de fuerzas benéficas, desviando las malas corrientes.

La verdadera educación de un hijo comienza antes de su nacimiento. He aquí porqué una madre, antes del nacimiento de su hijo, cuando lo lleva en su vientre, debe tomar conciencia de los poderes que tiene sobre él. No es suficiente que ame ya a este hijo, debe aprender a utilizar los poderes del amor. Pensando en su hijo, tiene la posibilidad de proyectar su amor hasta las regiones sublimes con el fin de recoger los elementos necesarios para su desarrollo físico y psíquico, de infundírselos. “

Omraam Mikhaël Aïvanhov

TC-TORRES / Pixabay
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