En mi opinión, los Orientales tienen una receta en forma de preguntas que, si se entienden con claridad y se responden con total sinceridad, pueden aportar la clave para deshacerse del dolor emocional y de su nefasta influencia.
Me refiero, por supuesto, a ese dolor emocional que afecta a los sentimientos o a alma, y no me refiero al dolor físico.
El dolor emocional es lógico. Somos humanos y eso nos obliga a sentirlo, pero también nos permite que una vez que se extingue –que ha de ser en un tiempo breve- elijamos una de las dos opciones que nos propone: que lo convirtamos en un sufrimiento largo, en un regodeo masoquista en el dolor, en una pesadumbre que no aporta nada positivo, o que decidamos comprenderlo, aceptar la situación que lo provocó, y permitir que desaparezca.
Esta segunda opción, la más sensata, es al mismo tiempo la más complicada hasta que se aprende a hacerlo, lo que no quiere decir que sea imposible. Es en la que hay que aplicarse para conseguirla.

¿QUÉ ME PRODUCE DOLOR?

De verdad. Qué es lo que me produce dolor. Sinceramente. ¿Cuánto?, ¿Por qué? Y lo más importante: ¿A quién? Si le duele al alma no es lo mismo que si le duele al ego. En esta pregunta se trata de sentir, de cerrar los ojos y ser capaz de notar el dolor. Quién se siente afectado o en qué punto se manifiesta.

¿CÓMO PUEDO REMEDIAR LO QUE PRODUCE DOLOR?

¿Qué fórmulas se me ocurren?, ¿Cómo me resultaría más fácil?, ¿Qué tengo que hacer para remediarlo y deshacerme de él?, ¿Me aferro a él por alguna circunstancia innecesaria?, ¿Estoy adoptando un papel victimista?, ¿Me rindo sin intentar resolverlo?

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Y si no lo remedio… ¿POR QUÉ NO LO HAGO?
Si no lo remedio estaré cometiendo un grave error y condenándome a perpetuar un dolor al que no se le deja desvanecerse empeñándose en repetirlo, recreándolo una y otra vez, artificialmente, obedeciendo irresponsablemente a un masoquista interno que no es consciente de su perversidad y padeciendo por ello un sufrimiento innecesario. El colmo de lo absurdo.

Lógicamente, por supuesto, no voy a dar la respuesta a ninguna de las preguntas. Sólo las orientaciones o puntos de inicio para una reflexión que ya he apuntado. Las respuestas han de ser personales. Sentidas o pensadas, pero cada uno debe esforzarse en buscar sus propias respuestas precisamente PARA QUE SEAN SUS PROPIAS RESPUESTAS.
En este caso no recomiendo recurrir a frases célebres ni a Maestros o Sabios Orientales. Ni siquiera a amigos listos. Creo que es un asunto personal que uno mismo tiene que resolver. Es mejor confiar en uno, y en que se va a encontrar lo que se quiere, y no vivir de las experiencias ajenas, porque las experiencias ajenas SON AJENAS, y los otros tienen sus propias circunstancias y su personalidad y su fortaleza.


Ni tú ni yo somos los otros. Recurre a tu filosofía de vida –aunque aparente ser pobre-, a tu propia Sabiduría –aunque aparente que es simple-, a tu capacidad de discernir –aunque la tengas desentrenada-, o sea, a lo poco o mucho que tú, mental o interiormente, puedas aportar a las preguntas.
Mientras más te las repitas y más profundices en ellas más cosas te irán mostrando.
Si decides que no quieres ser víctima del dolor emocional, estas son unas pautas que te pueden ser útiles.
Te dejo con tus reflexiones…

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Francisco de Sales
“Oír o leer sin reflexionar es una tarea inútil”. (Confucio)
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