Carta a la mujer sabia que está oculta en ti

Conocernos a nosotras mismas es un viaje que requiere valentía; se necesitan años y años de experiencias diversas para alcanzar un pleno autoconocimiento y, me puedo atrever a decir que nunca terminamos de descubrirnos por completo; sin embargo, en eso radica gran parte del misterio de la vida: aprender y desaprender para llegar a nuestro auténtico SER.

Desde niñas nos vemos en la necesidad de creernos no uno sino varios cuentos de hadas y princesas e identificarnos siempre en los personajes que mamá o papá –generalmente- querían que fuésemos: “Tú eres la princesa”, por ejemplo. Y, ¿Qué tal que nos hubieran dado la oportunidad de actuar o experimentar ser el lobo feroz, el dragón o el príncipe que rescataba a la princesa? Nos imponen tanto desde la infancia que, al final, vamos por la vida dando tumbos sin conocer nuestra auténtica esencia; actuando desde un personaje impuesto o inventado, desde el cual nos sentimos o creemos sentirnos seguras, confiadas, plenas. Tomamos papeles de víctima, desde donde culpamos y responsabilizamos a la vida y a los demás por todo lo que nos sucede –especialmente si esto es malo, por supuesto-; o de superheroínas, desde donde queremos resolverlo todo, creyéndonos omnipotentes y subestimando los esfuerzos, el apoyo o las habilidades de los que pueden contribuir con lo que creemos que nos corresponde únicamente a nosotras, para que, al finalizar la jornada, en la soledad, nos quitemos la capa, sintiéndonos exhaustas y colocando en la repisa de trofeos los ecos de los aplausos que recibimos por hacerlo todo solas y además, haberlo hecho todo bien.

En cualquiera de los casos, nos ocupa reflexionar sobre nuestra salud emocional e incluso física. ¿Cómo vamos a aprender a ser una mujer más libre, más auténtica, más sana, más sabia y más plena? El primer paso lo hemos dado ya: ¡CONOCIÉNDONOS! Y tras irnos conociendo, vamos siendo conscientes de todos los patrones de conducta que repetimos (los impuestos por nuestros padres, por la religión o la iglesia, por la escuela, por la sociedad en sí misma) y que es importante romper; después viene la sanación: comenzamos a ver desde dónde se generaron nuestras heridas, que son a través de las cuales actuamos y a través de las cuales nos relacionamos con el otro o los otros, así como a través de las cuales respondemos a todas las situaciones y circunstancias; y entonces lo que solemos ver como una tragedia, un error, o un castigo, no es mas que una bendición o un Maestro disfrazado que nos permite aprender a sanar y, por consiguiente, crecer y relacionarnos mejor con nosotras mismas y con nuestro entorno. Vemos en el otro lo que llevamos por dentro; actuamos ante una u otra circunstancia de acuerdo a lo que somos, con base a lo que hemos aprendido a lo largo de nuestra vida, siendo conscientes de que no todo lo que en su momento nos generó ganancias, significa por eso que sea sano o que sea lo mejor para nosotras: Por ejemplo, permanecer en nuestra zona de confort, nos genera pseudoganancias que, a la larga, nos van a impedir crecer.

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mujer sabia

Hoy quiero invitarte a tomar acción como la mujer valiosa que eres; tomar acción para empoderarte sanamente y comenzar a crear la vida que mereces; para, asimismo, poder entregarte de una forma más sabia y más sana a tu familia, a tus hijos, a tu prójimo.

El mejor regalo que puede darte la vida aquí y ahora, son las circunstancias en las que te encuentras, porque aunque no es lo que quisieras, sí es lo que necesitas para crecer. Y tras tu crecimiento, estarás dando vida a la mujer sabia y maravillosa que siempre ha habitado en ti.

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Con amor,
Luzía.

Por: Luzía Morales
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