En el sermón de la misa afirmó:

“Es un escándalo decir una cosa y hacer otra. Están aquellos que dicen que son muy católicos, que siempre van a misa, que pertenecen a tal y cual asociación pero lo que también deberían decir estas personas es: mi vida no es cristiana, no les pago a mis empleados salarios decentes, exploto a las personas, hago negocios sucios, lavo dinero, tengo una doble vida”.

Y luego en forma de pregunta retórica exclamó: “¿Cuántas veces escuchamos que para ser un católico de esa manera, es mejor ser ateo?”.

Las palabras del papa Francisco no podrían ser más claras y precisas. Con este sencillo pero impactante mensaje busca transmitir que con ir a misa, rezar y tomar la comunión no cumplimos el mandamiento primordial y esencial del catolicismo que es ser una buena persona y pensar en los demás, no solo en uno mismo.

¿Qué tanto nos acordamos de los demás?

Jesús predica: “Traten a los demás como ustedes quisieran ser tratados. Esta es la esencia de todo lo enseñado por la ley y los profetas”. El mensaje es muy claro: ayudar al prójimo debe ser la principal tarea de todo el que se denomine católico.

Pero, ¿cuántas personas van a misa y luego se abusan de sus empleados?, ¿cuántas personas rezan por la noche y a la mañana insultan y critican sin escrúpulos?, ¿cuántos se definen como católicos y luego no hacen más que pensar en la conveniencia de ellos mismos?

El papa Francisco dio el ejemplo perfecto del jefe que no le paga a sus empleados un salario digno, pero sí tiene dinero para derrochar y viajar.

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Acabemos con la hipocresía

El papa Francisco llamó “cristianos falsos” a todas esas personas que creen que hacen buenas acciones, pero que en realidad solo lo hacen por el bien de su propia salvación, lo que las descalifica inmediatamente de ser “buenas”.

Y eso es justamente lo que el papa Francisco advierte que está sucediendo en la Iglesia Católica: una ola de hipocresía que crece, constituida por personas que van a misa pero que destratan a una persona cuando les brinda un servicio por creerse superiores o que hacen dinero a costas del sufrimiento de otros.

¿Cuál es el sentido de llamarse católico si nos comportamos del modo totalmente contrario a lo que se supone que predicamos? Muchos quieren salvarse, pero poco les importa si de hecho viven su vida acorde a los valores que supuestamente la rigen. Muchos encuentran un refugio en la religión, pero de nada sirve si el refugio se trata de salvarnos a nosotros mismos sin pensar en los demás.

Aquel ateo que se desvive por el otro, que lo daría todo por el bien de los demás y que sacrifica su dinero y su tiempo para ayudar, es mucho más fiel a los valores del catolicismo que aquel que se hace llamar católico pero lo único que hace es ir a misa y rezar cuando está pasando por momentos malos, ¿no lo crees?

Esta realidad aleja a muchos cristianos de la religión, miembros que sienten que es una aglomeración cada vez mayor de hipócritas y, por eso, deciden no pertenecer más, pero continúan brindando su amor y ayuda a quienes lo necesitan. Ellos son los verdaderos cristianos, los que no se mienten a sí mismos ni a los demás.

Sin lugar a dudas es un mensaje que este mundo necesitaba hace muchísimo tiempo y que ojalá llame a la reflexión y al cuestionamiento sobre el verdadero compromiso y significado de la religión católica.

FUENTE: VIX.COM

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