Comencemos reconociendo que cada uno de nosotros tiene características que a la vista de otros, pueden resultar tóxicas. Todos tenemos un lado con mayores limitaciones para entrar en armonía con los demás, inclusive con parte de nosotros mismos, la diferencia en los efectos radica en cómo afectamos a quienes nos rodean con esa parte oscura que deberíamos trabajar.

Todas las relaciones nos dan la oportunidad de aprender y mejorar a través de la proyección de nuestra imagen en el otro, del efecto espejo. Las cosas que poderosamente llamen mi atención en el otro debe revisarlas en mí. Algunas veces afirmaremos que eso que nos molesta en el otro, nada, absolutamente nada, tiene que ver con nosotros, pero no es así, bien sea porque tenemos esa característica hacia nosotros mismos, que no la aceptamos o inclusive que nos molesta tanto tenerla que aparentamos ser lo contrario a aquello que nos molesta, pero sin trabajarla realmente.

Ciertamente hay personas que debemos mantener lejos por preservación de nuestra integridad, sin embargo, no podemos descartar a todo el mundo por sus defectos o su grado de toxicidad y la capacidad que tenemos para tolerarlo.

Debemos ser un poco menos críticos, otorgar menos juicios de quienes nos rodean, tratando de desarrollar nuestra empatía, nuestra compasión y sin que sea el fin principal, sacar de cada relación el mayor provecho.

Sí, puede ser incómodo salir con aquel compañero que siempre deja la cartera en casa para no caer en la tentación de pagar, o esa amiga que siempre compite para verse más bella que tú, o aquel pretendiente que quiere darte instrucciones de hasta qué debes vestir, o ese ese amigo que sabes que solo el 10% de lo que dice es cierto… Pero solo ve cuánto te afecta, si puedes manejarlo, si puedes inclusive ayudarlo a trabajar estos aspectos que pueden distanciarlos de sus afectos y aprovechemos siempre para darnos esa mirada al interior, por si es una de las oportunidades que nos presenta la vida para ser mejores.

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Si notamos que en definitiva lo que hace esa persona es restarnos, que no hay nada o muy poco en la balanza que la haga inclinarse a favor de la relación, pues no tenemos tampoco que pagar una penitencia allí y podemos sabiamente marcar nuestra retirada o al menos la distancia que nos permita conservar nuestras energías.

Vinimos acá a ser felices, no a tener cerca a personas que nos borren las sonrisas del rostro, pero quizás si nos excedemos en nuestros filtros, terminemos un tanto aislados, lo cual no está mal del todo, pero habla de muchas características que debemos desarrollar y trabajar para lograr relaciones que perduren en el tiempo.

Por: Sara Espejo – Rincón del Tibet

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