La vida es un suspiro prolongado, a veces no nos damos cuenta de que cada experiencia es única, irrepetible y que aunque nos genere incomodidad, desagrado, miedo, es nuestra vida acotada en instantes.

La ansiedad por un momento posterior siempre estará presente en nuestras vidas, desde pequeños anhelaremos que llegue un cumpleaños, navidad, que se nos caiga un diente, la salida del fin de semana, la llegada de un hermanito… y desde entonces, nos perderemos de disfrutar momentos por esperar otros, aun con la capacidad que tienen los más pequeños de vivir el presente.

 

Mientras estudiemos contaremos los exámenes, las materias, los años, para obtener algún grado, para luego extrañar la hora del recreo, los amigos de entonces, la profesora que contaba acerca de su hijo mayor en clase, nuestros primeros viajes sin la presencia de nuestros padres, nuestro primer beso y ese susto en el estómago ante la presencia de ese  primer amor…

Muchas veces sonará el despertador y no querremos levantarnos, desearemos dormir unos minutos más, quizás nos lamentemos y tengamos un día amargado por ese inicio de jornada. Pero luego de unos años, quizás ya no sea necesario colocar ese despertador, porque ya no tendremos ese trabajo que amamos.

extrañarás muchas de las cosas

Los niños gritarán por la casa mientras los regañamos y pedimos el milagro de estar a solas por un momento, pero en nada la misma casa testigo de gritos y travesuras se verá muy ordenada, será muy silenciosa y nos daremos cuenta de cuánto extrañamos esos momentos donde la paz era inalcanzable.

Anhelaremos un retiro tranquilo, con dinero para costear nuestros gastos, procurando no ser una carga para aquellos que cuando pequeños nos pedían mil veces jugar con ellos, mientras teníamos tantas cosas por hacer que pocas veces podíamos complacerlos. Luego queremos que nos tengan presentes, que nos llamen y nos visiten, esperando ahora que tienen sus propios hijos, nos entiendan y si es preciso nos perdonen.

 

Ya pasado el tiempo, extrañaremos muchas cosas de las cuales nos quejamos, nos daremos cuenta de que en esas cosas, en esos detalles, transcurría lo realmente importante y no podemos echar el tiempo atrás para abrazar esos momentos, para disfrutar de ellos, para valorarlos, para vivirlos realmente sin estar esperando que algo ocurriese luego.

Nuestra mente intentará evitarnos dolor colocando recuerdos, donde haya espacios en blanco, tratándonos de decir que sí vivimos, que fuimos felices, que no desperdiciamos el tiempo, ni las oportunidades y nosotros si podemos ser amables con nosotros mismos, asentiremos.

 

No esperemos que lleguen los últimos momentos para darnos cuenta de que debimos vivir realmente cada instante. El tiempo se va para no volver y con él nuestra vitalidad, nuestros seres queridos, lo que sentíamos nuestro, nuestra vida… Abracemos cada momento y amemos sin medida, porque ese amor y lo que vivamos será nuestro único equipaje para donde nos marchemos.

Por: Sara Espejo – Rincón del Tibet

via Rincon del Tibet

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