“Hablar no consiste sólo en articular sonidos. Cada palabra pronunciada posee unas vibraciones que le dan la posibilidad de actuar como una fuerza constructiva o destructiva. La mayoría de la gente no es consciente de ello, y por esto se producen tantos daños y ruinas cuya única causa han sido las palabras.

Cualquier palabra pronunciada provoca necesariamente ciertos sentimientos; por esto, si pronunciáis palabras constructivas y vivificantes, muy rápidamente despiertan los sentimientos correspondientes. En el momento en que un actor entra en escena, evidentemente no siente los sentimientos de amor, o de cólera o de desespero, etc., del personaje que debe encarnar. Pero comienza a hablar y, cada vez más, debido a las palabras que pronuncia, no sólo comienza a sentir estos sentimientos, sino que transmite una emoción a los espectadores, porque las palabras desencadenan unas fuerzas y son estas fuerzas las que influyen en el público. Cuando reflexionamos sobre estos hechos, comprendemos que debemos poner mucha atención en nuestras palabras para evitar pronunciar aquellas que puedan producir desgracias y destrucción.”

Escrito por Omraam Mikhaël Aïvanhov

Gilmanshin / Pixabay
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