“Una Mítica Travesía por el Reino de los Duendes y las Sirenas”

(Guía 2) – Hania Czajkowski

 

Editorial Kier

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Para todos quienes sientan que somos luz, caminando por la tierra y revestidas con un cuerpo.

 

 

“      –Son ellos –susurró la Maga desde las honduras, al verlos llegar a través de su espejo mágico.

      –Sí, aquí vienen: son Ojos de Menta y Ojos de Miel. Sean bienvenidos –dijo Arturus,el Gato mágico, observando a los jóvenes de aspecto adolescente y ojos puros plenos de inocencia y de desbordante curiosidad.

     –Bienvenidos, bienvenidos, bienvenidos… –repitieron desde la otra orilla del Río Violeta los Duendes y las Sirenas.

     –Los esperamos en nuestros reinos Ojos de Menta y Ojos de Miel…–cantaron las Hadas. Algunos Dragones sonrieron; otros rugieron amenazantes.

     –Por aquí, pequeñuelos, vengan a mi encuentro –dijo la Maga , derramando sobre el piso siete gotas de esencia de jazmines, que se elevaron obedientes hasta la superficie señalando el camino–. Arturus, ¡ve a buscarlos! –ordenó a la criatura.

El gato ascendió a toda velocidad desde el fondo de la Caverna Sagrada hasta la mismísima entrada.

                                 – – –

     Una suave niebla azul perfumada de jazmines nos atrajo hacia dentro, hacia dentro, hacia dentro… y en el piso de piedra se marcaron unas diminutas huellas luminosas.

     –Sigamos los pequeños pies –dije mareada–. Mira, Ojos de Menta,… ¡el piso parece un cielo! –grité, al ver que caminábamos pisando estrellas.

     –¿Adónde nos llevas? –preguntó Ojos de Menta a las huellas de luz.

     –Al Misterio de los Misterios… –contestó la Maga , desde las profundidades, sonriendo divertida–. No pregunten, por ahora; como en toda experiencia nueva, sólo pueden avanzar si confían.

     Descendimos y descendimos en espiral por un estrecho caminito, apenas iluminado por la línea de estrellas que dejaban las pisadas luminosas, hasta que poco a poco fueron desapareciendo. Mi corazón latió como un tambor. Nos detuvimos en medio del silencio.

     –Para empezar de nuevo, para conocer lo desconocido, hay que entrar en el misterio. Y escuchar… –dijo una voz cálida en la oscuridad –. Criaturas, están descendiendo también a los niveles más profundos de ustedes mismos. Ojos de Menta y Ojos de Miel, les doy la bienvenida,

     –¿Quién eres? –susurré, mirando en todas direcciones.

     Silencio. Nadie contestó.

     –Debe ser la Maga. No hay duda alguna… –susurré a Ojos de Menta. Los monjes del Monasterio del Nuevo Amalfion nos habían anticipado que la información que buscábamos sobre los Elementales nos sería entregada en las profundidades de la Caverna Sagrada por una misteriosa mujer que habitaba en sus honduras, nadie sabía desde hacía cuánto tiempo. Por cierto desde hacía muchos años, o tal vez siglos, habían dicho. Y según las más atrevidas versiones, también la habían conocido e intercambiado con ella sus conocimientos magos y alquimistas de las más diversas tradiciones.

     –¿Acaso eres tú la Maga ? –preguntó Ojos de Menta, ansioso.

     Luces rojas, verdes, amarillas, violetas se proyectaron de pronto en el piso, rodeándonos en espirales de luz.

     –Así es, soy la Maga –dijo la voz en medio de los ondulantes colores–. Pero… ¿quieren saber quiénes realmente son ustedes? Les permito mirarse por unos instantes en mi espejo encantado. –Y apenas había acabado de decirlo, de la nada, en medio de la noche, apareció flotando delante de nosotros un bellísimo espejo ovalado, enmarcado en oro y recamado en perlas y aguamarinas.

     Nos acercamos sigilosamente. Y cuál no sería nuestra sorpresa cuando en vez de nuestros rostros y nuestros cuerpos vimos reflejadas en el espejo dos siluetas de pura luz. Latiendo…

     –¿Somos nosotros? –preguntó Ojos de Menta con un hilo de voz, observando los infinitos puntos luminosos que titilaban en el cristal. Levanté la mano derecha, la silueta levantó la mano derecha. Abracé a Ojos de Menta, la silueta abrazó a lo que parecía ser Ojos de Menta. Sí. Éramos nosotros, no había duda. Éramos pura luz, ondeando y palpitando al ritmo de nuestro corazón.

     –Éste es un espejo de las Hadas –dijo la Maga. En él podemos ver muchas cosas. Deben ustedes saber que todos somos luz, pura luz que camina por la tierra…Latiendo de amor y revestida con un cuerpo.

El Gato Arturus nos miró con una sonrisa aristocrática riendo por dentro.

El, a diferencia de los humanos, no necesitaba mirarse en los espejos para saber quien era…”

 

Tal vez, nosotros sí debamos mirarnos mas seguido en los espejos mágicos?.

 Y darnos cuenta de que estamos de visita en la tierra?..

Y que somos una condensación de estrellas, pura luz, caminando por la tierra.

Paz y bien

Hania

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