Joel Hurtado Ramón

De acuerdo a la opinión de Willi H. Golditz en su interesante monografía “La crisis económica mundial es el verdadero fin del mundo” el dolor puede ser un gran maestro que nos puede enseñar cosas muy importantes (no es una llamada al masoquismo), porque en la vida hay cosas que sólo se pueden ver con lágrimas en los ojos. En las crisis podemos aprender desde el dolor o desde la aceptación, que no quiere decir aprender desde la resignación. Cuando llega la crisis, es mejor aceptarla y mirar cómo la podemos solucionar, desde la reflexión, desde el análisis ponderado, no nos podría estallar delante de nuestros ojos. Los cambios vienen por convicción o por compulsión. Es decir, porque tienes claro que has de cambiar y eres tú quien provoca la crisis, o porque de repente es la vida la que te da el efecto bofetada que te hace cambiar la visión de ti mismo, de los demás o de la vida. Cuando el cambio viene de afuera, genera pereza, resistencia, genera inercias; pero si somos nosotros los que aceptamos el cambio, los que vivimos abiertos al cambio, éste puede significar una experiencia positiva. Una analogía interesante para compartir: La lluvia es fantástica, la diferencia estriba en qué lugar estamos con respecto a ella, a cubierto o a la intemperie. Así sucede con las crisis, son muy beneficiosas porque la vida es una sucesión de crisis y cambios, pero, en cualquier caso, lo importante es saber en qué lugar estamos respecto a ella.

Desde un enfoque global a más local, la situación actual en la que se encuentra el planeta y quienes lo habitamos debido al sistema que lo rige está llegando a un punto crítico de viabilidad. Este sistema económico actual de mercado, es decir, el capitalismo, puede llevarnos al colapso de la civilización a nivel mundial debido a la convergencia de diferentes crisis que nos amenazan en el día a día y que se irán intensificando con el tiempo o a un paso de gigante hacia un nivel superior en el desarrollo de la evolución humana. Entre la gran cantidad de crisis en la que nos encontramos actualmente podemos enumerar algunas como la energética, social, cultural, económica, política y ecológica, en fin…la crisis como civilización.

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Las diferentes manifestaciones de dichas crisis que se encuentran desde hace tiempo en el seno de nuestra sociedad se han podido constatar con más claridad a finales de la primera década del siglo XXI con el problema financiero que contagió al mundo pero que casualmente puede coincidir también con fechas cercanas al cenit del petróleo. Todas las personas del globo nos enfrentamos actualmente al intento por parte de las élites políticas y empresariales (la clase dominante) de mantener y reforzar totalmente su sistema, debido a esa “aldea global económica” que se impulsó a principios de los años 90 del siglo pasado y que deberá ir en retroceso ya que se ha demostrado que su funcionamiento no ha creado más que desigualdades evidentes con tasas crecientes de empobrecimiento de los pueblos a costa de transferencias a las capas altas de éstos. Ya por la segunda mitad del siglo XIX se hacía evidente que, “Donde no existe la igualdad, la libertad es mentira”, y no les faltaba razón. Llegamos a ser esclavos al dinero, y con ello los poderosos mercantilizaron nuestras vidas.

Enumeremos rápidamente algunos de los grandes problemas a los que nos enfrentamos: escasez de petróleo (cenit del petróleo), crisis financiera (estafa global), cambio climático (exceso de CO2 en la atmósfera), contaminación de ríos y mares (vertidos descontrolados de metales pesados, químicos y otros), desertización, desaparición de especies, “epidemia” de enfermos de cáncer por contaminación interna (comida, aire, materiales, etc.), acumulación de riqueza en un porcentaje ínfimo de la población, aculturación de la población por la cultura occidental imperante, golpes de estado por tecnócratas, etc.

A nivel Estado podemos aglutinar los mencionados anteriormente más el desempleo descontrolado (tasas de paro históricas, 1 de 4 no tienen un trabajo formal), desahucios constantes y crecientes; juventud sin perspectivas y trabajadores sin seguridad; detenciones legalmente cuestionables con endurecimiento de leyes penales, incapacidad de la política institucional de solventar los problemas desde un parlamento; privatización de todos los entes estatales de uso público; aumento de impuestos y tasas. Junto a todo esto nos encontramos con un escepticismo espectacular en la población respecto a la política y debido a ello, un desapego a la realidad para afrontarla; despolitización de las masas perfectamente orquestada desde las pautas ministeriales a las escuelas y empresariales desde los medios de comunicación para tener analfabetos políticos que culpan al vecino de sus males sin preguntarse qué no ha hecho por cambiar su situación. Desconociendo su condición de clase. Ante este panorama donde queda demostrado que los estados son el mismo capital, tal como fueron diseñados y en épocas de crisis se manifiestan claramente. La herramienta clave de la clase dominante para el capital.

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crisis economica

Ahora el trabajo asalariado escasea debido a que la riqueza que genera la economía no da la tasa de beneficio deseable, por lo que la financiación gana total prioridad. Los asalariados, los trabajadores ya no son tan necesarios, la mano de obra abunda, incluso la cualificada para sus designios. La crisis no es una consecuencia del propio sistema, sino aún más si cabe decirlo de la misma sociedad excluida de este rol, sumiso durante largas décadas para gozar de una vida medianamente digna, si es que es digno ser sumiso toda la vida. Tantas causas intolerables por las que manifestar un cambio integral en nuestras vidas que hoy ya empezaron a entrar las más duras por la puerta en los países “desarrollados” donde algunos pensaron que esa situación que vive el resto de la humanidad no les llegaría. Se sigue destruyendo el estado de bienestar que hizo de la contrarrevolución en los movimientos críticos anti hegemónicos que cedieron poco a poco terreno. La deshumanización y anulación del ser debido al trabajo monótono en su especialización nos ha alienado evitando capacidades que generen una iniciativa real de contestación que no sólo nazca de la necesidad de subsistencia, sino de un reclamo por el ser y no el tener, de la reflexión constructiva y no a una crítica destructiva, un anti materialismo frente al consumismo, realizando un elogio a la pereza para llamar a la inteligencia que nos lleve a la buena vida, por la que debemos encauzar tanto enérgica como urgentemente a esta nueva era post-capitalista.

Dado que nunca “el fin puede justificar los medios”, tenemos en nuestras manos por primera vez la capacidad de crear una sociedad nueva y diferente, donde los medios sean humanos para conseguir unos fines justos para todos.

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