Conversaciones con Dios, “Sobre las relaciones”‏

Conversaciones con Dios,  “Sobre las relaciones”

 

¿Cuando aprenderé lo suficiente sobre las relaciones como para que las mías vayan sobre ruedas?

¿Hay alguna manera de ser feliz en las relaciones?

¿Acaso deben suponer constantemente una prueba?

 

No tienes nada que aprender sobre las relaciones. Únicamente has de manifestar lo que ya sabes.

 

Hay una manera de ser feliz en las relaciones y consiste en utilizarlas, para el fin que les es propio, y no para el que tú les has designado.

 

Las relaciones son una prueba constante; constantemente invitan a crear, expresar y experimentar las más evaluadas facetas de ti mismo, las mayores visiones de ti mismo, las más magnificas versiones de ti mismo.

 

En ninguna otra partes puedes realizar esto de un modo mas inmediato, efectivo e inmaculado que en las relaciones. En realidad, si no fuera por las relaciones no podrias realizarlo en absoluto.

 

Solo a través de tus relaciones con otras personas, lugares y acontecimientos puedes existir (como una cantidad cognoscible, como algo identificable) en el universo.

 

Recuérdalo en ausencia de algo distinto, tú no eres. Eres únicamente lo que eres, en relación a otra cosa que no es. Así es en el mundo de lo relativo, a diferencia del mundo de lo absoluto, en el que yo habito.

 

Las relaciones se utilizan para construir quien realmente eres.

 

Cuando las relaciones amorosas humanas fracasan (en realidad las relaciones nunca fracasan, excepto en el sentido estrictamente humano de que no producen el resultado que quieres) es porque se habían iniciado desde una razón equivocada.

 

La mayoría de la gente inicia sus relaciones con las miras puestas en lo que puede sacar de ellas, en lugar de en lo que puede aportar a ellas. El objetivo de una relación es decidir que parte de ti mismo quisieras ver descubierta, no que parte de la otra persona puedes capturar y conservar.

 

Solo puede haber un objetivo para las relaciones, y para toda la vida, ser y decidir quien realmente sois.

 

Resulta muy romántico decir que tú no eras nada, hasta que llego esa otra persona tan especial; pero no es cierto. Y, lo que es peor, supone una increíble presión sobre esa persona, forzándole a ser toda una serie de cosas que no es.

 

Al no querer desengañarte trata con gran esfuerzo de ser y hacer esas cosas, hasta que ya no puede más. Ya no puede completar el retrato que te has forjado de el o ella. Ya no puede desempeñar el papel que se le ha asignado. Surge el resentimiento y después la cólera.

 

Finalmente, para salvarse a si misma (y la relación) esa otra persona especial empieza a recuperar su autentico yo, actuando mas de acuerdo con quien realmente es. Y en ese momento es cuando dices que realmente ha cambiado.

 

Resulta muy romántico decir que, ahora que esa otra persona especial ha entrado en tu vida, te sientes completo. Pero el objetivo de la relación no es tener a otra persona que te complete, sino tener a otra persona con la que compartir tu completitud.

 

He aquí la paradoja de todas las relaciones humanas: no necesitáis a una determinada persona para experimentar plenamente quienes sois, y sin un otro, no sois nada.

 

El problema es sumamente básico, vuestro mas magnifico sueño, vuestra mas alta idea y vuestra mas acariciada esperanza se había referido a vuestro amado otro. En lugar de a vuestro amado yo. La prueba de vuestras relaciones se había referido al hecho de hasta que punto el otro se ajustaba a vuestras ideas, y en que medida considerabais que vosotros os ajustabais a las suyas. Sin embargo, la única prueba autentica se refería al hecho de hasta que punto vosotros os ajustabais a las vuestras.

 

Si dejáis que, en una relación con otra persona, cada uno se preocupe de si mismo, de lo que uno mismo es, hace y tiene; de lo que uno mismo quiere, pide obtiene, de lo que uno mismo busca, crea, experimenta…………. todas las relaciones servirán magníficamente a este propósito, y a quienes participan en ellas.

 

Deja que, en la relación con otra persona, cada uno se preocupe, no del otro, sino solo y únicamente de si mismo.

 

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Parece una enseñanza extraña, ya que os han dicho que en la forma mas elevada de relación una se preocupa únicamente del otro. Pero yo te digo esto: es el hecho de centrarte en el otro, de obsesionarte con el otro, lo que hace que las relaciones fracasen.

 

El maestro entiende que no importa lo que el otro sea, haga, tenga, diga, quiera o pida. No importa lo que el otro piense, espere o planee. Solo importa lo que tu hagas en relación con ello.

 

La persona que mas ama es la persona que esta mas centrada en si mismo.

Si no te amas a ti mismo, como puedes amar a otro. Mucha gente comete el error de tratar de amarse a si mismo a través de amar a otro.

 

Dos personas se unen para compartir su vida, esperando que el todo será mas que la suma de las partes, y se encuentran con que e menos. Se sienten menos que cuando estaban solos. Menos capaces, menos hábiles, menos apasionantes, menos atractivos, menos alegres, menos contentos………..

 

Y ello es así porque son menos. Han renunciado a la mayor parte de lo que son con el fin de tener y conservar la relación.

 

Las relaciones nunca han tenido porque ser así, pero así es como la han experimentado la mayoría de personas que conoces.

 

Finalmente la persona que trataba de hacer lo correcto para con el otro, perdonar en seguida, mostrar compasión, hacer continuamente la vista gorda ante determinados problemas y comportamientos, se convertía en una persona resentida, colérica y desconfiada, incluso ante dios, pues ¿como puede un dios justo pedir ese sufrimiento, esa tristeza y ese sacrificio interminables, aunque sea en nombre del amor?

 

La respuesta es que dios no pide eso. Dios pide únicamente que te incluyas a ti mismo entre aquellos a quienes amas, pero no solo eso, dios propone y aconseja que te incluyas el primero.

Tomado del Libro:

Lea:   Actualización de energía: Activaciones galácticas de telepatía humana

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