Todo Pasará: El Consejo de Salomón

EL CONSEJO DE SALOMÓN

Un día, el Rey David estaba muy triste. Llamó a uno de sus súbditos y le dijo: – “Quiero que me hagas un anillo el cual, al mirarlo en mis horas de angustia, me haga olvidar este sentimiento. Al mirarlo cuando esté demasiado alegre, me haga recordar que la
alegría pasa de la misma manera. Te voy a dar una semana de tiempo para cumplir con mi deseo, pero si no te resulta, vas a perder tu empleo.”

El joyero, que no sabía cómo satisfacer el deseo del Rey, salió a la calle de muy mal humor. Y en ese momento se encontró con Salomón que era muy amigo suyo. Salomón, al ver tanta desespe­ración en su cara, le preguntó qué le pasaba. Al
escuchar el problema de aquél pobre hombre, el hijo del Rey le dijo:


– “Yo sé que mi padre tiene de vez en cuando esas ideas extravagantes. Sin embargo, no te preocupes, ya que no es tan difícil complacerlo. Haz un hermoso anillo de oro, y sobre él tú grabarás estas tres letras: guímel-zain-yod. que son las iniciales de la frase ‘Gam ze yaavor’ -también eso va a pasar”. Cuando mi padre esté triste y angustiado, mirará el anillo y entenderá, que la tristeza y la angustia son pasajeras. Y cuando esté demasiado alegre y contento, las palabras grabadas en el anillo le van a recordar que la
alegría y la felicidad también pasarán, y que todos los estados de ánimo son variables en esta vida”.

Así lo hizo el joyero. Siguió el consejo de Salomón y llevó el anillo para el Rey David, quien quedó muy contento y le dijo, riendo de todo corazón: – “¡Qué bien! Pero eso no es harina de tu saco; es segura­mente el consejo de mi hijo Salomón”.

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Por supuesto, el joyero no lo negó.

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