¿Qué Diría Dios? ~ Neale Donald Walsch‏

¿Qué Diría Dios?
Por Neale Donald Walsch
Categoría: Mirando de Cerca a la Vida

24 de Junio de 2008

Imaginen esto. Dios baja a la Tierra por un minuto – un bendito momento de 60 segundos – y anuncia al mundo la solución a todos sus problemas y el camino para que cada alma experimente el cielo en la Tierra y la salvación eterna. Dios revela esta solución y esta manera con una sola frase. ¿Cuál creen que sería esa frase?

¿“Crean en mí”?
No.

¿“Crean en mi Hijo”?
No.

¿“Amen a todo el mundo”?
No.

¿“Dejen de matar”?
No.

Bueno entonces, ¿qué? ¿Quéeeee?

Aquí está. ¿Están listos?

“Digan la verdad.”

Eso es todo. Eso es todo lo que hay. Simplemente digan la verdad, y todo está resuelto. No de la noche a la mañana. No en el próximo instante. Pero rápido. Muy rápido. Porque muy pronto después que todo el mundo empieza a decir la verdad, la causa de los problemas desaparece.

Vivimos en una sociedad basada en el secreto. Piensen en eso. Prácticamente todos los aspectos de la vida como la hemos construido se basa en el secreto. El mito cultural es que lo que no sabemos hace funcionar al mundo, no lo que sí sabemos.

Eso es ciertamente verdad de nuestro mito político. Si los gobiernos de todo el mundo (el nuestro incluido) dijeran a la gente todo lo que el gobierno conoce sobre todos los temas, los gobiernos tendrían que cambiar. Si los gobiernos alguna vez dieran a la gente las verdaderas razones detrás de todo lo que hacen los gobiernos, lo que los gobiernos hacen sería alterado para siempre.

Las guerras, por ejemplo, prácticamente desaparecerían de la experiencia humana, porque la mayoría de los seres humanos nunca estaría de acuerdo con ir a la guerra por las verdaderas razones que los gobiernos declaran la guerra. Los gobiernos lo saben, por eso los gobiernos nos dan falsas razones, razones con las que esperan que la mayoría de la gente estará de acuerdo.

Los impuestos también prácticamente desaparecerían, ya que la mayoría de los seres humanos nunca aceptaría ser gravado por las verdaderas razones que los gobiernos recaudan fondos. Los gobiernos lo saben, por eso los gobiernos nos dan falsas razones, razones con las que esperan que la mayoría de la gente estará de acuerdo.

Nuestro mito económico, del mismo modo, se basa en secretos. ¿Pueden imaginar lo que sucedería si los capataces de fábricas y supervisores de oficina entregaran hojas de papel cada mes a todos los empleados con todos los sueldos de la empresa (incluidos los de todos los ejecutivos)? ¿Pueden imaginar lo que sucedería a los precios mundiales, si las empresas fueran obligadas a colocar en sus etiquetas el costo real, para ellos, de proporcionar los bienes y servicios? ¿Creen que un sistema con este tipo de completa visibilidad permitiría sobrevivir a nuestro sistema económico en su forma actual? Por supuesto que no. Porque una vez que se dice la verdad, todo cambia.

Incluso nuestros sistemas teológicos caen en la misma categoría. Se nos dice que no tenemos las respuestas, y no podemos encontrar las respuestas a las preguntas más difíciles de la vida, por nosotros mismos. Son “misterios”, que sólo la religión puede resolver. Y cada religión declara que tiene las respuestas “correctas”, y todos los demás tienen las “equivocadas”. Aun así, ni siquiera las religiones nos dicen todo lo que “saben”. Mucho se mantiene oculto, lejos de la masa de gente que, se dice, no puede y no podría posiblemente entender. Los encantamientos se ofrecen en antiguas lenguas que sólo los sumos sacerdotes entienden. Los rituales están rodeados de secreto. La admisión a los templos de algunas religiones está prohibida para el público en general, e incluso dentro de la familia religiosa, está abierta sólo a unos pocos elegidos.

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Pero los secretos no se limitan a las instituciones de nuestra sociedad. Nuestra sociedad misma se basa en secretos. Las familias mantienen secretos tenazmente, y entornos familiares completos a menudo se construyen sobre secretos. El alcohólico de la familia, el padre que abusa de su esposa e hijos, la tía que sufre de cleptomanía, el cuñado en la cárcel – todos se mantienen en secreto, no sólo de la gente fuera de la familia, sino muy a menudo de otros miembros de la misma familia.

“Lo que no sabes no te lastimará” es un mito tan poderoso que se ha vuelto más inaceptable socialmente decir la verdad que ocultarla.

Nada de esto realmente importaría mucho, uno supone, si no fuera por el hecho de que se han iniciado guerras por causa de secretos de Estado. Niños han sufrido años de abusos a causa de secretos de familia. Los ricos se han vuelto más ricos y los pobres se han vuelto más pobres por causa de secretos económicos. Y gente ha ido a su muerte recogidos con temor de Dios, por secretos religiosos y espirituales.

Vidas han sido arruinadas a causa de secretos y, sin embargo, los seres humanos no dirán la verdad, porque la verdadera consigna es: “Lo que tú no sabes, no me dolerá a mí.”

Mientras sigamos teniendo miedo de ser heridos por la verdad, vamos a mentir. Y, aunque no nos guste, vamos a tolerar toda una sociedad construida sobre la mentira.

Sin embargo, es la negativa de la sociedad para ser sincera lo que causa la mayoría del dolor que la sociedad se ve obligada a soportar, y el círculo vicioso está completo. Eludimos la verdad, toda la verdad, y nada más que la verdad en un esfuerzo por evitar el dolor – y causamos dolor en el proceso.

Hay una manera de salir de este lío. Conversaciones con Dios – Libro 2 solicita una nueva norma social, capturada en una palabra: Visibilidad.

He hablado de esto antes, en conferencias a lo largo de este país, en artículos y entrevistas por todo el mundo, y en esta misma columna. Voy a seguir predicando las virtudes de la visibilidad mientras viva, porque ahora sé que es la única manera de vivir.

Conversaciones con Dios – Libro 2 dice que hay cinco niveles de decir la verdad. Primero, te dices a ti mismo la verdad sobre ti. Luego te dices a ti mismo la verdad acerca de otro. En el tercer nivel, dices la verdad sobre ti mismo a otro. Luego dices la verdad sobre otro a ese otro. Y por último, aprendes a decir la verdad a todos acerca de todo.

El primer nivel de decir la verdad fue el más difícil para mí. Había una parte de mí que no quería escuchar la verdad acerca de mí mismo – y menos aún viniendo de mí mismo. Yo sabía que si me admitía a mí mismo lo que muchos otros han estado diciéndome casi toda mi vida, yo ya no tendría hacia dónde correr.

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Tanto como pudiera evitar admitirme a mí mismo que las críticas y observaciones de los demás acerca de mí, sencillamente no eran verdad, yo podía seguir. Sin embargo, ¿cómo podía continuar una vez que reconociera dentro de mi propio corazón y mente que me estaba comportando exactamente como los demás decían que me comportaba, haciendo exactamente lo que otros decían que estaba haciendo, y era básicamente la persona que los demás me decían que era?

¿A quién le importa si yo llevaba el Traje Nuevo del Emperador? Yo prefería desfilar en torno a mis ilusiones de la forma como me presentaba al mundo, antes que cualquier reconocimiento interior de que las observaciones a menudo cariñosas y bien intencionadas de los demás podían haber dado en el blanco.

Así que sí, el nivel uno fue el más difícil para mí. Sin embargo, una vez que lo dominé toda mi vida cambió. Descubrí que la mayoría de los dolores de mi vida habían sido causados por aferrarme a mis ilusiones, por no dejarlas ir. Cuando la imagen falsa que tenía de mí mismo empezó a caer, pude empezar a dirigir toda la energía que había estado utilizando para sostenerla junta hacia otros fines, mucho más útiles.

El nivel cuatro fue el siguiente desafío más grande. El verdadero trabajo no está en encontrar el valor de hablar mi verdad sobre otros a esos otros, sino en crear una forma de hacerlo con delicadeza, con amor y comprensión, gentileza y compasión. Tuve que aprender a hablar mi verdad, sí, pero hablarla suavemente.

Este sigue siendo un reto para mí, sobre todo cuando estoy siendo crítico de la sociedad en general, o “esos otros” como un grupo. Con demasiada frecuencia, mis palabras salen duras y frías, justificadas y “correctas”. Oh, y cómo, puedo ser peligroso si creo que tengo lo “correcto” de mi lado – no importa lo que sea. Pero estoy trabajando en eso. Estoy buscando desarrollar la habilidad de decir mi verdad sin apedrear a mis oyentes. Quiero que ellos puedan oírme.

Entonces, ¿qué hay de ustedes? ¿Quieren ayudar a cambiar el mundo? Pueden empezar por decidir decir siempre la verdad, a todo el mundo, en cada momento y sobre todo asunto.

Si tienen una empresa, digan a sus empleados exactamente lo que ganan todos los demás. Digan a sus clientes exactamente lo que les cuesta producir los productos o servicios que ustedes proporcionan. Si están en una relación, díganle a su pareja todo lo creen que ellos necesitan saber para que ellos también tengan cinco cartas en la mano. Si están en el gobierno, digan a sus electores las verdaderas razones detrás de todas las decisiones de su agencia. Si están en la educación, enseñen a sus estudiantes todo lo que hay que saber, en una manera apropiada a la edad, sobre los temas que están estudiando. Si son un rabino o un ministro, sacerdote o monje, digan toda la verdad acerca de Dios, abran sus rituales, abran de par en par las puertas de sus templos. Dejen que entre la luz del sol.

Los desafío, los desafío, los doble desafío…

Copyright © Neale Donald Walsch. Todos los derechos reservados.

Este mensaje fue publicado originalmente en http://blog.beliefnet.com/conversationswithgod/2008/06/what-god-would-say.html

 

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