OMNIPRESENCIA

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No conozco mejor forma de nombrar a lo que solemos llamar metafísica, o la religión enseñada por Jesucristo que denominarla Práctica de la Presencia de Dios.

Esa designación, si se entiende inteligentemente, lo incluye todo. Si se practica con inteligencia, es la clave de la salud, la felicidad, la libertad y el progreso espiritual.

Es muy sencillo y es más poderoso de lo que la mente humana puede concebir. Esa misma sencillez es la que hace que la mayoría de las personas pierda de vista el concepto. El cual consiste, en, primero creer y luego comprender gradualmente, cada vez más, que Dios es el único Poder y que todo de lo que podemos tener consciencia es parte de Su propia expresión. Eso es todo: simple, pero, por supuesto, difícil porque arrastramos durante toda la vida hábitos de pensar erróneos que hay que superar.

No puede haber oración mejor ni más eficaz que sentarse tranquilamente a meditar sobre esa verdad , la mayor de todas, que es la única y total Verdad que lo abarca todo.

Hágalo tranquilamente, sin tensiones, tantas veces como crea oportuno, aunque sea por unos instantes cada vez. No debe tratar de sanar nada al hacer esto, hay otras ocasiones para sanar. Piense simplemente en la Verdad de que Dios es la única Presencia y el único Poder. Piense activamente, dándole vueltas en su mente a la materia y observándola desde distintos ángulos. No se esfuerce excesivamente en busca de la comprensión, medite sencillamente sobre esta gran Verdad, y sobre algunas de las innumerables consecuencias que debe causar el hecho de que es cierta.

Disfrute cuando repasa la Verdad, que es la naturaleza de Dios, por su propio bien, y la comprensión llegará cuando no la espere. Al paso del tiempo, esta comprensión será más clara y más frecuente, y descubrirá que las condiciones exteriores mejoran continuamente.

“Buscad, pues, primero el reino y su justicia, y todo eso se os dará por añadidura”. Mateo 6:33.

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Emmet Fox

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