Estamos de acuerdo.
por José Lorenzo Rodríguez Urdaneta

En el mundo pareces percibir lo que llamas voluntades diferentes, cada una de las personas que percibes en tu mundo las ves con una mente y una personalidad propia y normalmente bien distinguida de la tuya. Uno de los grandes dilemas del mundo es aprender a lidiar con “los otros” y aprender a ponerse de acuerdo en cuanto a lo que piensan y dicen o quiren sobre el mundo. El conflicto parece ser más fuerte cuando hay que ponerse de acuerdo con una persona con la que convives o con alguien que hayas tomado como pareja.

La sociedad, que es un espejo a gran escala de todo lo que sucede en ti, ha mostrado según la historia que el ponerse de acuerdo es sin duda la tarea más difícil con la que tienen que convivir los seres humanos en la tierra. Las guerrras, los tratados, dictaduras y democracias, todas son ejemplos de ls forma en que está acostumbrado a observar tu mundo. Y aún cuando parece que las voluntades de varias personas se ponen de acuerdo, siempre hay quien disiente o se ve afectado por este consenso.

No sería muy difícil llegar a la conclusión de que un consenso perfecto en este mundo es completamente imposible y que cualquier intento de unir las voluntades en un propósito común es tiempo perdido. Pero ¿qué, si te dijera que en este momento absolutamente todos los seres del planeta están de acuerdo? Enseguida surge la pregunta: ¿De acuerdo en qué?

Dicha pregunta sólo redunda en los paradigmas bajo los cuales estás creando tu realidad, incluso realmente esa no es ninguna pregunta. La razón por la cual todos están de acuerdo en este momento es porque simplemente no hay otros. No hay tal cosa como voluntades separadas, opiniones disímiles o estar en desacuerdo. Todas y cada una de esas cosas son producto de tu imaginación.

En la forma que tú creas este mundo ocurre que, cuando ves a una persona tú colocas sobre ésta un conjunto de ideas que asocias con su personalidad y enseguida la percibes, y no al contrario como siempre has creido. Este cúmulo de ideas, o papeles, que le colocas a esa persona son producto de tu pensamiento, y como bien sabes todo pensamiento proviene del pasado, es por esto que sucede tan a menudo que encuentras personas “que se parecen a…” o “que se comportan como..” o más bien que “inspiran algo (bueno, malo, tenebroso, cariñoso)”. Incluso cuando te enamoras, lo que estás haciendo es ver tu propio pasado en esa persona.

Desde el ego NO hay comunicación, es completamente demente. Es igual que tratar de hablar con un espejo y esperar que responda y si en efecto responde será aquello que tu hayas puesto en sus labios. Pero hay un nivel en el cual tú y esa persona son lo mismo y se están poniendo de acuerdo para experimentar esa situación que viven y en la que pueden percibir conflicto o percibir paz.

Esto podría sonar como una historia lejana que, capaz pienses que no llegarás a vivir, pero la verdad es que la vives a diario. A cada instante tú está eligiendo lo que quieres ver, experimentar, oir, sufrir o disfrutar. La palabra elección es muy importante aquí porque coloca al nivel en el que tiene que estar el orden de las cosas. No suceden las cosas primero y luego decides qué experimentar, sino que tú eliges la situación y luego aparece en tu vida.

En este nivel todos somos uno y estamos de acuerdo en todo. Estamos orquestando un plan maestro, en el que nos hemos autoengañado para después despertar a un conocimiento que ya teníamos, pero trayendo un tesoro infinitamente precioso: la experiencia. Cada vez que logra percibir una parte de tu mundo sin la carga del pasado que le ha puesto tu mente normalente, le estás llevando un inmeso regalo a ese ser que eres Tú, le estás llevando el reconocimiento de que eres el Hijo de Dios y que perteneces al cielo.

Este nivel del que te hablo es aquí y ahora. Cuando hablo del aquí y el ahora digo que es necesario dejar el pasado para poder vivirlo, y el pasado sólo vive en tus pensamientos, abandónalos por un momento, ponte en silencio y empezarás a oir una voz que te habla de lo que verdaderamente eres. En ese instante sentirás la unidad perfecta con todo lo que te rodea y no desearás que algo sea diferente a como es en ese momento. Eso es libertad.

Pero pareciera particularmente difícil lograr estar con alguien sin pensar para no ponerle pasado, sin embargo eso no tiene porqué ser así. Cuando te encuentras con un hermano eso es un instante santo y deberías reconocerlo como tal, puedes decir: “Bendíceme Santo Hijo de Dios, porque quiero conocerte realmente”. Haz esto con el corazón y muy seguramente empezarás a quitarle cualquier pensamiento que le hayas puesto a esa persona.

Practica dejar de pensar como usualmente lo haces. Cuando dejas de pensar completamente por un momento y entras al nivel de la expericiencia estás a un paso de la percepción verdadera, donde la voz de Dios y la tuya se vuelven la misma, y tu conciencia se vuelve una con todas las cosas y personas del universo. Libera a tu hermano de la cárcel en la que lo tienes preso, con tus ideas, con tus imagenes, con tus ilusiones. Si lograras hacer esto, aunque sea por un instante entonces la salvación habrá llegado para ambos y te darás cuenta que el estar de acuerdo es un pensamiento sin sentido.

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