Autismo – ¿Entrando en la caverna?

Traducción de Teresa – teresa_0001@hotmail.com

Ricardo vivía literalmente con la cabeza en las nubes. Técnicamente él no era autista, pero podía serlo, cuando quisiese. Entraba y salía de su mundo particular y a veces mezclaba uno y otro sin que nadie lo percibiese.

Su familia llamaba “viajes” a estas escapadas. Afortunadamente nunca habían llamado a un cura para exorcizarlo. Él recuerda que hacía esto desde los 10 años. Pero nunca utilizó ni tuvo curiosidad de utilizar drogas. Ni era preciso, al fin y al cabo él podía recrear toda la Tierra Media de Tolkien en la cabeza y pasearse por ella, sintiendo la brisa en el rostro, la humedad del bosque, el perfume y la textura de las plantas. Lo interesante es que esas sensaciones no pasaban por los nervios, sino que se creaban directamente en su cerebro. Eran reales hasta el punto de sentir frío o calor, pero sin que el cuerpo reaccionase a eso. Le parecía extraño que las personas tuviesen que servirse de drogas para “ver cosas nuevas”, cuando esto ya es una capacidad inherente al ser humano.

. Para “viajar”, todo cuanto necesita es hacer vibrar el cuerpo. Para ello, antiguamente movía los brazos vigorosamente, y sujetaba la respiración durante largos períodos. Con el tiempo, ha perfeccionado la técnica, bastándole tan sólo contraer todos los músculos y hacer vibrar el cuerpo casi imperceptiblemente. Aun así el dispendio de energía es grande, y tal vez por ello sea tan delgado. Lo interesante de esto es que las personas que hacen viajes astrales conscientemente necesitan hacer ejercicios para elevar la vibración del cuerpo (y consiguientemente, del periespíritu) para tener acceso a otros planos (pero Ricardo no hace proyección astral consciente).

. Hay un casi “abandono” del cuerpo al hacer estos viajes. Eso tiene sus inconvenientes si lo lleva a cabo en lugares públicos, pues el rostro se le queda medio abobado, con los ojos desorbitados y la boca pendiente…

. Sus dedos se estiran involuntariamente, especialmente en índice, el medio y el pulgar, que son exactamente los 3 más fuertes para absorción/expulsión de energía. Una de las manos se pone involuntariamente en posición de mudrá, más específicamente el “Ardhapataka mudrá” y el “Chandrakála mudrá”. Esos mudrás son gestos de manos milenarios, creados en la India, y funcionan para captar y redirigir la energía. Obviamente, esto él no lo sabía. Otra característica suya es que sus chakras están bien desarrollados, hasta el punto de absorber (sin querer) la energía del ambiente. Tanto es así que no le gustan las multitudes.

. Su percepción de mundo no era muy normal. Pensaba siempre en lo que estaba ocurriendo en las dimensiones invisibles, y pese a que era invisible para él también, él las imaginaba vividamente, sirviéndose de sus recursos de “emulación” de la realidad. Es increíble cómo podía crear un sistema caótico sin esfuerzo, al fin y al cabo le bastaba crear, dictar las leyes que gobernarían la “materia” y listo. El sistema se auto-administraba. Obviamente su idea de Dios era exactamente esta: Nosotros estaríamos en la mente de algo/alguien más poderoso, que creó el Universo, dictó las reglas y ahora está solamente “disfrutando” la evolución de su creación.

Investigando respecto de la proyección, lo cual generalmente se rotula como “mundo de los sueños”, vemos que en la película Waking Life se percibe que el mundo de los sueños es vivido en múltiples dimensiones. No hay el tiempo lineal, y no hay un punto x, y, donde la persona esté situada. Es común estar en dos lugares al mismo tiempo, observando el acontecimiento desde ángulos diferentes. Ricardo dice que en su mundo podía estar dentro de un Fórmula 1, concentrado en la pista, pero al mismo tiempo acompañar a las piedrecillas que rodaban para fuera del asfalto con el paso del coche. Esto podría explicarlo la escuela del budismo, que dice que el YO (ego) es un punto en el espacio, una gota de agua separada del océano, que no es más que una ilusión de este nuestro plano de existencia. Como si la mente atrasada, por no comprender el infinito, tuviese que encerrarse en un capullo para decir “esto soy yo”. Como el murciélago que, por no soportar la luz, ha tenido que adaptarse a los demás sentidos. Al tener acceso a planos superiores, esa limitación desaparece, y mentes más preparadas – al igual que los pájaros de alas más fuertes – pueden experimentar vuelos más altos (y hacia más lejos).

Le habrá sido difícil a Ricardo adaptarse a las limitaciones del mundo real. Casi no tenía amigos, pues no podía exponerles sus cuestionamientos (o lo tacharían de loco). Con 15 años estudiaba con ahínco civilizaciones antiguas, extraterrestres, espiritismo, cualquier cosa que le ayudase a responder “qué” era él. Tal vez para compensar la soledad, su mente creó tres nuevas personalidades para discutir temas considerados “trascendentales”. Cada una con un punto de vista, y podría pasar horas filosofando con esas voces, que escuchaba en su mente. Pero de hecho él nunca prefirió esas voces a las personas reales. Tanto es así que, cuando consiguió unirse a un grupo con la “cabeza más abierta”, esas voces han ido desapareciendo, hasta no quedar más que una, que funciona como la “voz de la conciencia”, y le manda entrar en cintura cada vez que Ricardo piensa en hacer algo equivocado (por más bobo que sea).

Analizando el caso clínicamente, se perciben diversas semejanzas con el síndrome de Asperger, una variante más leve del Autismo. La persona consigue entrar y salir de su mundo, pero tiene dificultades de relación, de habla, de falta de concentración, etc. También hay casos que están al límite de la normalidad, sea en Síndrome de Asperger, en Borderline o en DDA (Disfunción del Déficit de Atención), uno de los cuales tal vez sea el caso de Ricardo. No se sabe si esos síndromes son genéticos, pero un dato interesante es que el hermano de Ricardo (casi una década más joven) prácticamente nació “viajando”. Con menos de un año ya movía alucinadamente los brazos y se quedaba con los ojos fijos en el vacío. Él también desarrolló la técnica de servirse de una rama de cocotero para canalizar su energía mientras está en su “mundillo”.

¿Sería una patología clínica, o una característica no habitualmente explorada del cerebro? Esto nos remite a la vieja discusión del mundo de las ideas, iniciada con Sócrates en 250 a.C. Según Platón, en su alegoría de la caverna, lo que vivimos aquí (en este plano) no es más que una vestidura grosera para algo que está situado en el mundo de las ideas.

Para Sócrates, la “idea caballo” existe antes incluso que el animal caballo. En tal caso ¿quién lo concibió? ¿No sería entonces mera coincidencia que los primeros experimentos con el avión y con la radio se hayan producido en varios puntos del mundo al mismo tiempo? La creación ¿se procesa, de hecho, en el campo mental y después pasa a lo físico? Entonces, ¿y si ese “campo mental” fuese, en verdad, un físico más sutil, más maleable, moldeable por el poder de la mente? El registro quedaría allí, para quien pudiese acceder a él y de algún modo pasarlo a su forma más densa/material. El pensamiento sería el instrumento que moldea esa materia más sutil, agregando sus “átomos” (o lo que quiera que sea) a través de la energía de la mente. Mientras la mente mantenga el pensamiento, esa forma existirá. Así es como son creadas las ideas – que tienen el nombre de “formas-pensamiento” en la terminología de los que lidian con el esoterismo. Casas, ropas, armas e incluso las formas de las personas del “lado de allá” son moldeadas con la mente.

En septiembre de 2001 científicos suizos publicaron en la Revista Nature un estudio en el cual creen haber identificado el área del cerebro donde se desencadenan las denominadas “experiencias fuera del cuerpo”. Mientras ellos empleaban electrodos durante un tratamiento para estimular el cerebro de una paciente con epilepsia, la mujer empezó a describir la sensación de haber dejado su cuerpo y estar fluctuando sobre él. Según los médicos, eso sugiere que la experiencia pueda estar relacionada con una parte específica del cerebro.

Justamente la cognición espacial. Lo que nos define en un punto cartesiano. La noción del YO estoy AQUÍ. Entonces, al soñar rompemos esa barrera, incluso la del tiempo. Es muy común ver años pasando en segundos, acontecimientos simultáneos, y aquello, para quien está soñando, es bastante natural.

La cuestión aquí es: ¿hasta qué punto una persona con Autismo es un enfermo que ha de ser forzado a convivir en nuestra realidad? El Autista se encierra en su mundo, pero no conocemos su mundo. ¿Qué es éste? ¿A qué se parece? Son respuestas que tal vez nunca descubramos. Pero podemos tomar algunas elucidaciones en la alegoría da Caverna, de Platón. Pensad en el autista aquí como la persona que vislumbra la luz, y es forzado (por las circunstancias, o incluso por medicamentos) a encarar la “realidad”:

Sócrates – Imagina aún que ese hombre vuelve a la caverna y va a sentarse en su antiguo lugar: ¿no tendrá sus ojos cegados por las tinieblas al alejarse bruscamente de la luz del Sol?
Glauco – Por cierto que sí.
Sócrates – Y si tiene que entrar de nuevo en competición con los prisioneros que no se han liberado de sus cadenas, para juzgar esas sombras, estando aún su vista confusa y antes de que sus ojos se hayan recompuesto, pues acostumbrarse a la oscuridad exigirá un tiempo bastante largo, ¿no hará esto que los demás se rían a costa suya y digan que, habiendo ido allá arriba, ha vuelto con la vista estropeada, por lo cual no vale la pena intentar subir hasta allá? Y si alguien intentase liberar a alguno y conducirlo a lo alto, ¿éste no lo mataría si pudiese hacerlo?
Glauco – Sin duda alguna.

No en vano las personas autistas son tan sensibles. Se acostumbraron a un mundo sutil, sin estímulos groseros, mecánicos o neurológicos, desarrollando tan sólo la mente hasta un punto en que, incluso el pensamiento de ira dirigido contra ellas puede llegar a hacerles daño. ¿No sería el autismo una especie de adaptación a un mundo nuevo, más rudo y menos sutil? Los verdaderos artistas (personas inspiradas) son normalmente personas sensibles y un poco dislocadas de la realidad, aunque convivan bien con ella. Con base en la reencarnación, pregunto: ¿Serían los autistas de hoy los grandes artistas del mañana? ¿Estarían bajando a la caverna o saliendo de ella?

Es importante decir que, en el libro “Deficiente Mental – Por qué Fui Uno”, de Vera Lucia Marinzeck, vemos que no siempre tiene que haber una causa espiritual para todos los problemas mentales: “Porque es difícil para nosotros, en la rueda de los renacimientos, estar totalmente exentos de errores. Puede ocurrir incluso un accidente que dañe al feto (a su cuerpo físico), y que el periespíritu sea y continúe siendo perfecto. Muchas veces, amigos del reencarnante pueden desligarlo de la materia defectuosa, porque, si él tiene algo que realizar, no le será posible hacerlo en un cuerpo deficiente. Sobreviene entonces el desencarne y él llevará a cabo una nueva tentativa. O entonces ese espíritu aprovecha la oportunidad y hace de la deficiencia un gran aprendizaje.”

Me parece un poco cruel ese punto de vista con quien está pasando por esto (especialmente para la familia, que probablemente encontraría consuelo en la Ley del karma), pero considero bastante plausible que, en una “línea de producción” de millones de humanos es natural que haya fallos, incluso porque no todos los espíritus tienen el privilegio de tener una encarnación totalmente planificada, con concepción asistida en el plano espiritual y tal… y aunque la tuviesen, aun así pueden surgir imprevistos.

Referencia: Autismo: uma Leitura Espiritual; Hermínio C. Miranda;
Famous people with autistic traits

FUENTE: http://somostodosum.ig.com.br/conteudo/conteudo.asp?id=07662

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