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ABANDÓNATE Y YO ME ENCARGARÉ DEL RESTO

ABANDÓNATE Y YO ME ENCARGARÉ DEL RESTO

Amado Osho, dijiste: “Ni en miles y miles de años hubo una oportunidad así sobre la Tierra ”.

Y también dijiste: “Esta época es como cualquier otra”.

Dijiste: “Abandónate como una piedra y sucederá.”

Y dijiste: “Es esencial moverse por este peligroso camino sólo con la guía de un verdadero maestro.”

Dijiste: “Abandónate y yo me encargaré del resto. ”

Y dijiste: “No hago nada.”

Para nosotros aquí y ahora, y para los occidentales que leerán estas Palabras, ¿nos hablarías un poco más del fenómeno del maestro y el discípulo?

Yo me contradigo, y lo hago en forma consciente. La verdad es tan infinita, tan grande, que ningún comentario parcial puede contenerla; es necesario incluir lo opuesto inmediatamente. El Todo siempre será contradictorio, pues el todo también debe tener en cuenta lo opuesto. Lo opuesto está allí; existe.

Los filósofos pueden ser coherentes, porque tienen una comprensión parcial. Pueden ser claros y transparentes, pueden hacerse cargo de ser lógicos. Yo no puedo, pues, si intento guardar coherencia, de inmediato todo se torna irreal. Lo opuesto tiene que estar implicado, tiene que estar absorbido.

Por ejemplo, cuando digo “Abandónate y yo me encargaré del resto”, ésta es una parte. ¿Y por qué lo digo? Lo digo para que puedas abandonarte por completo. Si puedes sentirlo y confiar en lo que te digo, que el resto se hará, tu abandono podrá ser completo.

Si tienes cierto temor, cierta desconfianza, entonces incluso después de abandonarte tendrás que hacer algo: el abandono no podrá ser completo. Si después de abandonarte, todavía tienes que hacer algo, entonces debes retenerte, debes volver atrás: el abandono no podrá ser total. Y, cuando el abandono no es completo, no es un abandono en absoluto. El abandono sólo puede ser total; no puedes abandonarte en parte. No puedes decir “Me abandono a medias”, porque la mitad que queda retenida estará en contra de la que se abandonó. Sólo se la puede retener en contra de ésta.

Entonces, el abandono sólo puede ser total. Es igual que un círculo: no puede ser medio; no puedes dibujar medio círculo. Si lo haces, no puedes decir que es un círculo. Un círculo debe estar completo. Si es medio, es algo diferente; no es un círculo. El abandono sólo puede ser total. También es un círculo: un círculo espiritual.

Te abandonas de punta a punta; sin que quede nada pendiente. Para ayudar a esto te digo: “Abandónate y el resto lo haré yo.”

El énfasis puesto en que yo lo haré (tú sólo abandónate) tiene la intencionalidad de que te abandones por completo. Pero yo sé que, si te has abandonado, no es necesario hacer nada, ni siquiera de mi parte. La cosa es abandonarse en sí; no se requiere nada más. El mismo fenómeno de abandonarse es suficiente. No se necesita más ayuda. Todo sucederá a través del abandono mismo. Abandonarte significa que ya no estás, abandonarte quiere decir que te has desprendido del yo. Abandonarse significa que ahora se ha dispersado el centro: tú existes, pero sin un centro. Si no hay centro, no hay nada que proteger. Las paredes se caen por sí mismas. Si no hay un centro, desaparece poco a poco toda la estructura defensiva, se vuelve inútil. Te transformas en un espacio abierto. Este espacio abierto lo hará todo; esta apertura lo hará todo. Dios te atravesará sin impedimentos. Dios puede moverse a través de ti, entrar y salir: no hay nadie que genere una barrera.

Cuando te abandonas, te abres a las fuerzas divinas. Después de eso, todo sucede en forma espontánea.

El problema es el abandono. Después, no hay problema. Entonces, ya no necesitas que yo te ayude; no necesitas nada. Por eso, sigo contradiciéndome a mí mismo y digo que no hago nada. ¡No hay necesidad! Ahora, puedes mirar al todo.

Si digo que no lo haré, que no puedo hacer nada, que no hay necesidad, si digo sólo esto, será imposible que te abandones. Tendrás miedo: te sentirás solo, acercándote a lo desconocido, sin nadie que te ayude ni te guíe, y frente a este hombre que dice que no va a hacer nada, ¿cómo podrías abandonarte por completo? Será difícil para ti. Si dijera solamente que voy a hacerlo todo, sin contradecirlo después, no sería cierto, pues, enrealidad, no voy a hacer nada. Entonces, ¿qué hacer ahora?, ¿cómo decirlo todo? Hay una sola manera: una contradicción sistemática.

La relación entre un maestro y un discípulo es un fenómeno muy complejo. Por un lado, muy simple; por el otro, muy complejo. Es simple porque la relación existe sólo de parte del discípulo. De parte del maestro no hay relación, porque el maestro no existe; ya no está allí. Es un nadie. A ti te parece que está. Esta apariencia se conservará, salvo que te abandones. Una vez que te abandonas, una vez que te deshaces de tu ser, derepente descubres que el maestro nunca estuvo allí.

El maestro es una ausencia. Pero la ausencia sólo puede ser descubierta cuando tú también te has transformado en una ausencia. Sólo dos ausencias pueden encontrarse. Si estás presente, seguirás proyectando en el maestro que él también lo está. Es una proyección tuya, debida a que tu yo no puede ver no-yo. Sólo lo semejante puede responder a lo semejante. Tu yo no puede sino ver yoes por todas partes. Ése es un modo de proteger a tu ser mismo. Adondequiera que dirijas la mirada, de inmediato proyectas un yo.

Entonces, hasta el maestro parecerá ser alguien, tener un yo. Y encontrarás formas y medios de probarte que él también es un yo. Tus racionalizaciones pueden ser perfectamente lógicas, pero afirmo que son absurdas porque no puedes ver el fenómeno del no-yo. Una vez que te abandonas, puedes ver que el maestro no está allí. Si te has abandonado a ti mismo, en este mismo instante podrás ver que esta silla está vacía. Este hombre que te está hablando no está aquí. Este hombre no es más que un vacío. Pero sólo estando ausente podrás percibir esta ausencia.

No puede existir la relación del lado del maestro. Si existe, no es un maestro, pues aún está allí. No puede guiarte, sólo puede conducirte mal. La enseñanza puede ser hermosa, pero te guiará mal, porque, haga lo que haga (digo, lo que sea, incondicionalmente), estará mal. No se trata de que esto está bien y esto está mal. Todo lo que proviene del yo está mal. Puede ser la virtud, la no violencia, el amor; cualquier cosa que proviene del yo está mal. El yo lo pervierte todo. El yo es el mayor corruptor. Si el maestro te ama y el yo está allí, su amor se volverá posesivo. Te destruirá, te matará. La relación se tornará venenosa. La común relación de amor estará allí.
No te dejará acudir a otro maestro. Luchará, creará barreras para que no te puedas alejar de él, porque él depende de ti, su yo depende de ti. El maestro, si está con su yo, no puede existir sin los seguidores. Los necesita para alimentarse. Cuanto más numerosa sea la multitud, mejor se sentirá. Si todo el mundo lo deja, simplemente morirá. Así, su yo quedará herido. Por eso, los llamados maestros siguen peleando, compitiendo con otros que se dicen maestros. Se transforma en un mercado. Ingresa en toda la competencia del mercado.

Si el maestro tiene un yo, significa que no es verdaderamente un maestro:

sólo está fingiendo. Entonces, su compasión sólo lo será por su nombre. Será cruel, te torturará: por supuesto, lo hará de manera que sientas que esta tortura es un modo de disciplinarte. Te obligará a hacer cosas que son dolorosas e innecesarias, pero él disfrutará ese dolor. Lo racionalizará. Dirá que te apures porque, si no lo haces, no llegarás. Y, cuando te apures y te tortures, él se sentirá satisfecho. Su compasión no es sino una crueldad oculta. En nombre de la compasión, es sádico. Torturándote, se siente feliz. Mirándote, viendo que estás triste, sufriente, deprimido, dirá: ” Vairagya ha sido derrotado; te has vuelto no apegado.”

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Cuanto más triste estés, más contento estará él. Si ve una sonrisa en tu rostro, la condenará de inmediato. Si siente que estás dichoso, pronto descubrirá que algo salió mal, porque ¿cómo puedes ser dichoso en este mundo, en este mundo maldito? ¿Cómo puedes estar feliz? La vida es desdicha. ¿Cómo puedes sentir placer?

Entonces, debes estar disfrutando de los sentidos en alguna parte, de algún modo. Si se te ve fresco, joven y vivo, estás demasiado apegado al cuerpo.

Comenzará a destruir tu cuerpo. Es un sádico, un sádico muy sutil, más sutil que un Hitler o un Mussolini, pues ellos mataban en forma inmediata, cometían asesinatos simples. Este hombre también te matará, pero en cuotas: lenta, lentamente. Circula por este país: descubrirás que muchos estuvieron matando a otros.

Y recuerda: únicamente podrá matarte si, al mismo tiempo, es suicida; si no, no. Si le gusta la buena comida, no puede obligarte a ayunar: imposible. Si vive en una casa hermosa, no puede decirte que vivas en una choza, en una cabaña. Así que esto es absolutamente lógico: si quiere destruirte, tendrá que destruirse a sí mismo. Cuanto más se torture a sí mismo, más control tendrá para torturarte.

Ayunará, destruirá su cuerpo. Y, cuanto más destruya su cuerpo, más te tendrá agarrado del cuello. Ahora, puede estrujarte completamente con plena conciencia.

Éste es el fenómeno: con un mal maestro, con un maestro egoísta, todo lo que ocurra será malo; su disciplina se transformará en sadismo, su vida misma se tornará masoquista, su propio ser se volverá destructivo. El yo es destructivo. Entonces, la relación puede existir. Con un mal maestro, la relación puede existir, pues del lado del maestro también hay yo, y el yo quiere relacionarse: el yo no puede existir sin relacionarse.

Pero, si hay un verdadero maestro, la relación sólo existe del lado del discípulo. Lo amas. Lo obedeces. No está interesado en tu obediencia. No está interesado en tu amor. Esto no quiere decir que no le importe; le importa muchísimo, pero no hay quien pueda relacionarse. Su interés es natural: así como el agua que fluye hacia abajo, su amor fluye hacia ti. Incluso si no estuvieras allí, su amor seguiría fluyendo.

Como estoy aquí contigo, cuando no estás aquí, yo sigo igual, mi ser continúa fluyendo con el mismo rumbo.

Cuando allí no hay nadie, sigo siendo el mismo. Cuando estás allí, soy el mismo. Si cambiara, el yo estaría presente, pues el yo existe en la relación. Cuando llegas allí, entra el yo, se torna activo y vivo. Cuando te vas, el yo se vuelve perezoso, se queda dormido. Entonces, se produce un cambio.

Contigo o sin ti, mi vacío sigue siendo el mismo. El interés sigue fluyendo. El amor continúa circulando. No hay amante. No puedo elegir amar o no hacerlo. Si pudiera elegir, estaría allí.

La relación existe de tu lado y seguirá existiendo hasta que te abandones. Entonces, el abandono es la más profunda y la más grande de las relaciones; y también el final de toda relación. Si te abandonas, has llegado a la relación más profunda posible.

Más allá de ese punto, la relación desaparece. Una vez que te abandonas, ya no estás; y el maestro nunca ha estado allí. Dos espacios vacíos no pueden formar dos. No es posible trazar una línea entre dos espacios vacíos. No puedes marcar fronteras en el vacío. Dos vacíos se transforman en uno, y la relación no puede existir, porque para que haya una relación son necesarias dos partes.

Entonces, en el momento final de la entrega (trata de captar esto), en el momento final de la entrega, existe la más grande relación posible. Existe la relación más profunda, más íntima (de tu lado, por supuesto). Al momento siguiente, cuando ya te has entregado, todo ha desaparecido. Ya no hay maestro ni discípulo. Y ahora tanto el maestro como el discípulo se pueden reír; ambos pueden soltar una carcajada. Pueden soltar una estruendosa carcajada respecto de todas las tonterías que estaban allí un momento antes.

El esfuerzo por ayudar, el esfuerzo por obtener ayuda, el abandono, la lucha constante del yo para no entregarse, todas las explicaciones, todas las enseñanzas, todo se vuelve absurdo. Todas, todas tus vidas se vuelven como sueños. Y  ahora puedes reírte, porque podías haberte despertado en  cualquier momento.

Podías haber sido iluminado, podías haber salido de tu sueño en cualquier momento de cualquiera de tus vidas.

Una vez que logras esta iluminación… porque el abandono es uno de los aspectos, la iluminación es la otra cara de la moneda. Es la misma puerta. Cuando entras, en la puerta dice:

“Abandono”. Cuando has entrado y vuelves la vista atrás, en la puerta está escrito: “iluminación.” ¡Es la misma puerta! De un lado es la entrada, del otro la salida. Por eso se insiste tanto con el abandono: samarpan.

La relación es muy compleja, porque existe sólo uno. El otro de la relación no está allí. Por eso, todos los juegos que hagas con un maestro, en realidad, son tus juegos. Estás jugando, es un juego de paciencia. El otro sólo está viéndote jugar. Cambias de táctica: pruebas de una y otra forma.Pruebas muchos caminos, pero innecesariamente, porque el único intento que valdrá la pena es el abandono.

Todo lo demás sólo te prepara para llegar a un momento de descubrimiento en el cual ves todo el absurdo de cualquier esfuerzo, y lo dejas de lado.

Se utilizan muchas técnicas. Esas técnicas en verdad no van a servir. Sólo te ayudarán a darte cuenta de que tienes que entregarte. Sólo te demostrarán la futilidad de todo esfuerzo.

Pero juegas un juego. Sigues cambiando tus tácticas. El yo usa todo tipo de estrategias: para el yo, es un problema de vida o muerte. Te engañará, te engañará permanentemente. Y el yo es un perfecto racionalista.

Cuando engaña, te da razones. No puedes discutir con él; si tratas de hacerlo, serás derrotado. De ahí la supremacía de la fe y la confianza.

Sólo una persona de fe puede abandonarse; sólo una persona de fe puede llegar al punto máximo de la existencia, al clímax del placer.

En Occidente, uno de los psicólogos más profundos del siglo fue Abraham Maslow. Toda su vida trabajó sobre el fenómeno de la experiencia límite. Dedicó toda su vida al fenómeno de ciertas experiencias que llamaba experiencias límites, últimas, finales: la iluminación de Buda, o el inconsciente iluminado de Ramakrishna, o el éxtasis de Meera, Böhme, Eckhart; el punto máximo, lo más alto que puede sucederle a la conciencia humana.

Tratando de experimentar con este fenómeno, Maslow tomó conciencia de que había dos clases de personas: llamó a unas culminantes, y a las otras, no culminantes. Los culminantes son los que están preparados, abiertos y receptivos; los no culminantes son los que están convencidos de que no hay experiencia límite posible. Entre los no culminantes, incluye a los científicos, a los racionalistas, a los materialistas, a los hombres de negocios, a los políticos: personas del tipo pragmático, para quienes el fin carece de significación; se orientan a los medios. Estas personas crean paredes a su alrededor y, a causa de ellas, no pueden vivir experiencias de éxtasis. Al no poder vivir esto, se confirma el punto de partida de su posición. Entonces, crean más paredes, y entran en un círculo vicioso.

Hay personas culminantes… Los poetas, los bailarines, los músicos, los locos, los aventureros no pragmáticos: ellos son culminantes. No molestan, no discuten con sus mentes: simplemente,dejan que las cosas pasen. Y entonces, aun en la vida cotidiana, experimentan a veces ciertas situaciones límites.

Supe de un psicoanalista que se estaba psicoanalizando con otro analista. El primero, el que se estaba analizando, se fue de vacaciones. Desde su lugar de vacaciones, le envió a su analista un telegrama diciendo:

“Me siento muy contento, ¿por qué?”

Este tipo de gente no puede ni siquiera aceptar la felicidad. Pregunta por qué, por qué se siente feliz, suponiendo que algo debe estar mal. Tienen la concepción de que no es posible la felicidad.

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El gran psicoanalista Freud afirma que la felicidad no es accesible a los seres humanos. Dice que la misma estructura de la mente humana es tal que imposibilita la felicidad; cuanto mucho, puedes sufrir una desdicha tolerable. Si ésta es la actitud (y Freud se había convencido de esto, había fortalecido su punto de vista con muchos argumentos), si éste es el concepto, la noción, la idea (que la felicidad es imposible), estás cerrado.

Entonces, la dicha no te será accesible a ti. Y, cuando no te resulta accesible, el concepto original se ve fortalecido, demostrando que tenías razón. Entonces, hay menos posibilidades aun de ser feliz. Así, tu idea original se refuerza más aún, y hay menos posibilidades de dicha. Finalmente, llegará un momento en el cual afirmarás que la infelicidad es la única posibilidad. Un discípulo debe ser una persona culminante… y la apertura más grande se produce con el abandono. ¿Pero qué debe tener una persona culminante? ¿Cómo debe estructurar su mente para estar abierta? Menos razón y más confianza; menos practicidad y más aventura; menos prosa y más poesía. Sé ilógico; de lo contrario, la felicidad no te llegará. La lógica es el enemigo. La lógica demostrará que la vida es miserable. La lógica demostrará que no tiene sentido. La lógica demostrará que no hay Dios. La lógica demostrará que no hay posibilidad de éxtasis. La lógica demostrará que la vida no es más que un accidente y que, en este accidente, no hay posibilidades. Entre el nacimiento y la muerte, si puedes (cuanto mucho) conseguir existir de alguna manera, es suficiente. La lógica es suicida. Si la sigues al pie de la letra, terminará dándote la clave para dejar la vida. Finalmente, afirmará que el suicidio es el paso más lógico para dar, pues la vida no tiene sentido. ¿Qué estás haciendo aquí, repitiendo la misma rutina? Levantarte de la cama por las mañanas (innecesariamente, ya que te has estado levantando día tras día y nada sucedió). Entonces, ¿por qué levantarte hoy otra vez? Y luego tomar el desayuno (lo has estado tomando durante toda tu vida, sin que resultara nada de ello). Después, leer el periódico, ir a la oficina, volver, ¡y repetir las mismas cosas insignificantes! Y luego cenar e irse a dormir. Y después, a la mañana siguiente… Un círculo repetitivo que no lleva a ninguna parte, siguiendo la rutina. Si eres verdaderamente lógico, tu mente pensará: “¡Suicídate! ¿Para qué prolongar todo este sinsentido?”

La lógica conduce al suicidio; y la fe, a la vida suprema. Y la fe es ilógica: no pregunta, no discute, simplemente entra a lo desconocido, trata de experimentar. La experiencia es el único argumento de un hombre de fe. Intentará saborearla, vivirla. Sin probarla, no dirá nada. No se decidirá,permanecerá abierto.

Paso a paso, la fe conduce al abandono porque, cuanto más pruebas con la fe, más conoces, más experimentas. Tu vida se vuelve intensa y a cada paso te dice: “Ve más allá; más allá se esconde mucho más. La meta se transforma en el más allá. Trasciende todo y sigue más allá.” Y la vida se convierte en una aventura, un descubrimiento permanente de lo desconocido. Entonces, se genera más confianza.

Cuando todos los pasos dados hacia lo desconocido te dan una intensa vislumbre, cuando todos los pasos dados hacia la locura te aportan una forma más elevada de éxtasis, cuando todos los pasos dados hacia lo desconocido te ayudan a darte cuenta de que la vida no se agota en la mente, sino que es un fenómeno orgánico completo, todo tu ser es necesitado y se lo convoca; entonces, poco a poco, tu ser interior se convence. Y no se trata de una convicción lógica; es tu experiencia, es vivencial. O bien puedes decir que es existencial y no intelectual; es total. Entonces, llega un momento en el cual te puedes abandonar.

El abandono es la mayor apuesta. Abandonarse significa dejar completamente de lado la mente. Abandonarse quiere decir volverse loco. Digo esto porque todos los que viven en su lógica y de acuerdo con su mente, pensarán que te has vuelto loco. Para mi, no es locura. Para mí, la locura, este tipo de locura, es la única forma valiente de vivir. Para mí, esta locura es el salto más profundo. Para mí, esta locura es todo lo que un hombre está llamado a ser. Pero, para los lógicos, tu fe será una locura. Éste es uno de los fenómenos que hay que comprender profundamente.

Cualquier cosa que te diga, tienes suerte: estás en la cuna del nacimiento (por eso digo que tienes suerte). Y sucede después de miles de años que puedes estar en la cuna; no volverá a suceder. Ni siquiera con mis ideas se repetirá. Más tarde o más temprano, el lógico llegará, la persona no culminante vendrá. Seguro que llegarán:

ya están en camino. Sistematizarán todo, destruirán todo. Y entonces se perderá la oportunidad; será algo muerto. Pero en este momento está vivo, y tú estás cerca del origen. Por eso tienes suerte.

En tu mente también están ambas posibilidades: la culminante y la no culminante. Si dejas a tu parte culminante, te abandonarás. Si dejas a tu parte no culminante, me escucharás, discutirás lo que digo, racionalizarás y filosofarás acerca de ello. Entonces, o te convenceré o no. Si te convenzo, me seguirás; si no, te irás. Pero en ambos casos te pierdes: no importa si me sigues o te vas.

Si estás tratando de convencerte intelectualmente, estás perdido. Esto podrá hacerse una vez que yo esté muerto. Pero ahora es posible hacer otra cosa: dejar a tu parte culminante y permitirte confiar tu alma a la aventura. No hacer de esto un razonamiento interno. Dar un salto. El origen se da muy de vez en cuando, y muy poca gente puede tener esa ventaja. Esto siempre ha sido así, y siempre lo será.

Cuando Buda estaba por morir, muchos gemían y lloraban. Sólo algunos estaban emotivamente sentados a su alrededor; sólo unos pocos. Eran los culminantes, que se sentaban emocionados: se habían vuelto uno con el origen. Se habían vuelto uno con el Buda; habían desaparecido el maestro y el discípulo mucho tiempo atrás, y ya no habría muerte. Sólo unos pocos (un Mahakashyapa, un Sariputta) estaban sentados en silencio,

disfrutando. Hasta Ananda, el principal discípulo de Buda, lloraba y gemía.

Buda abrió los ojos y le preguntó:

-¿Por qué lloras, Ananda?

Ananda respondió:

-Estuve contigo durante muchos, muchos años, y me perdí la oportunidad, y ahora ya no estarás. ¿Qué me ocurrirá ahora? Estabas aquí y no pude lograrlo. Ahora, ya no estarás. ¿Qué me sucederá? Ahora, ¿por cuántas vidas tendré que andar a la deriva?

Aunque el origen esté a tu disposición, puedes dejarlo pasar. Puedes perderte la oportunidad por no abandonarte. Abandónate, y yo me encargaré del resto.

Amado Osho, antes de empezar a hablar, sonríes.Cuando comienzas, tu sonrisa desaparece y no vuelves a sonreír hasta haber terminado. ¿Puedes explicarnos esto?

Es importante, porque hablar es una tortura y una actividad inútil. Hay que hacerlo porque no hay otra manera de atraerte hacia el silencio que existe en mí. No lo oirás; sólo puedes oír palabras. Entonces, sonrío cuando comienzo a hablar pero, mientras hablo, es difícil sonreír. Es una tortura tal y un esfuerzo tan inútil decir algo que no puede ser dicho, como seguir continuamente señalando con el dedo a una luna que no puede ser ubicada. Pero no hay otra forma; as! que tengo que seguir haciéndolo. Poco a poco, podrás oír lo no verbal, aquello para lo cual no hay palabras. Poco a poco, podrás oír cuando no hable. Entonces no será necesario… y podré sonreír continuamente. Por eso,cuando termino, vuelvo a sonreir: ¡la tortura ha terminado!


Suficiente por hoy.
Mi Camino, El camino de las Nubes Blancas
Título Original: My Way. The Way of the White Clouds
1978, Osho International Foundation.
Traducción: Vanina Cúccaro

Digitalizador: @ Salvador L (Ushuaia, Arg.)

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