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No soy yo sino el Cristo en mí quien hace la obra.

Hay una sola presencia y un solo poder en el mundo y en nuestras vidas, Dios el Bien. Ahora tomamos tiempo para hacer una pausa y recordar nuestra unidad con la presencia viva y amorosa de Dios en nosotros y a nuestro alrededor. Gracias a la oración y el silencio podemos sentir dicha unidad, y encontrar la armonía y el orden que fluyen por doquier. Respiremos profundamente, permitamos que todo nuestro cuerpo se relaje y que nuestras mentes se enfoquen en la energía viva y amorosa que habita en nosotros… Ahora, calmada y completamente, disfrutamos de un momento de comunión con

Dios y permitimos que estas palabras sean propias. YO SOY en el silencio…

Al permanecer centrado en Dios, siento paz.

Mi mente deja ir al mundo externo y sus quehaceres, y se centra en el espíritu de Dios en mí. Al respirar profunda y pausadamente, puedo percibir ese dulce lugar de paz que por siempre yace en mí.

Cualquier temor o preocupación se disipan y, según respiro, me vuelvo consciente de que Dios habita en mí como paz. Nada en el mundo externo puede perturbar la paz infinita que mora en mí. Disfruto de paz ahora… en el silencio…

La sabiduría divina es revelada por medio de mí.

Invoco la sabiduría Divina que está dentro de mí. En todas mis decisiones diarias, estoy seguro que el poder de la sabiduría es mía y está activa mientras vuelvo mi atención hacia mi interior. Cuando tengo que tomar una decisión, que parece abrumadora y me causa preocupación, hago una pausa, respiro profundo y me vuelvo a mi interior. Pido y luego escucho. Con convicción espero, en el silencio…

Dios renueva cada célula de mi cuerpo.

Mi cuerpo refleja el dinámico fluir de la vida, la salud y el bienestar. Cuando las apariencias externas parecen decirme lo contrario, abro mi corazón a Dios. Permito que el fluir de Su bien me restablezca ahora… oro, consciente de que el bien de Dios renueva cada célula de mi ser. Reclamo mi salud y fortaleza en el silencio…

Tengo todo el tiempo, energía y dinero para hacer lo que tengo que hacer.

Sé que Dios está plenamente presente en cada aspecto de mi vida. Al centrarme en la energía divina, sé que existe la manera, el tiempo y el dinero necesarios para hacer todo lo que tengo que hacer, y aún más. Ahora, percibo cómo una abundancia de bien fluye hacia mí y por medio de mí, mientras descanso en el silencio…

El mundo despierta a la verdad de que el amor divino prevalece.

El amor Divino fluye de nosotros como armonía y compasión. Probablemente, no veamos indicios de paz en el mundo externo… mas es imposible acudir a nuestro interior y no sentirla, ya que Dios mora en nosotros como paz. Voy a mi interior cada día para fomentarla. Sé, sin ninguna duda, que del mismo modo como yo he avivado la paz en mí, el mundo también lo hace. Juntos, acogemos y promovemos la paz mundial.

Éste tiempo que hemos pasado juntos en el silencio de la oración nos ha renovado y, gracias a ello, el mundo en el que vivimos ha cambiado para bien… Nuestro vivir es a veces sutil y a veces trascendental, mas el bien de Dios siempre está obrando. Este bien nos renueva y transforma nuestro mundo. Hemos abierto nuestros corazones y mentes a los dones del Espíritu, la energía viva y amorosa que existe en el aire mismo que respiramos. Ahora, demos gracias mientras proseguimos con nuestro día con aplomo y seguridad, expresando la amorosa sabiduría que es Dios en nosotros… ¡Así es! Amén.

En este espíritu, oremos juntos la “Oración de protección”:

La luz de Dios nos rodea;

el amor de Dios nos envuelve;

el poder de Dios nos protege;

la presencia de Dios vela por nosotros.

¡Dondequiera que estamos, está Dios!

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