El Hombre Más Rico de Babilonia es un clásico en la literatura de las finanzas personales. Se ha impreso en millones de ejemplares y debido a la contundencia de sus lecciones y a su estilo, hay quienes lo han leído una, dos y hasta tres veces.  Sin embargo, pese a ser un libro que ha trascendido al tiempo, se sabe muy poco sobre su autor y, a menudo, solo se difunde algunas de sus lecciones dejando de lado otras enseñanzas igual de valiosas.

Sobre su autor:

George Samuel Clason nació en Luis

iana, Misuri, y murió en Napa, California. Durante sus ochenta y dos años de edad fue soldado, hombre de negocios y escritor.  Como soldado sirvió en el Ejército de los Estados Unidos durante la Guerra Hispano-estadounidense.

Como empresario, Clason inició dos compañías: la Clason Map Company, empresa con la cual fue el pionero en publicar un atlas de caminos de Estados Unidos y Canadá. No obstante, la empresa no sobrevivió a la gran depresión de 1929.  Luego fundó la Clason Publishing Company, empresa con la que alcanzó reconocimiento tras la publicación de El Hombre más Rico de Babilonia.

el hombre mas rico de babilonia
Las mejores lecciones del Hombre más Rico de babilonia

 

La historia del libro es bastante curiosa. Desde 1926 Clason empezó a publicar unos folletos en los que daba a conocer parábolas de la antigua babilonia. Las repartía en las afueras de los bancos. Entendiendo que la sabiduría de tales parábolas encajaba perfectamente con el negocio bancario, fue en 1934 que el gerente de un banco le sugiere a Clason revisar y seleccionar todos los artículos que hasta entonces había repartido. La idea fue compilarlos y, con el apoyo de algunas compañías de seguros, imprimir los textos y repartirlos entre sus clientes y prospectos. A tal compilación la titularon EL HOMBRE MÁS RICO DE BABILONIA. Así nació el libro que hoy conocemos.

Las lecciones de Babilonia:

Para los jóvenes: “…Te diré lo que deseas saber porque me vuelvo viejo y a las lenguas viejas les gusta hablar, y cuando un joven se dirige a un viejo para recibir un consejo, bebe de la fuente de la sabiduría que da la experiencia. Demasiadas veces, los jóvenes creen que los viejos sólo conocen la sabiduría de los tiempos pasados y de ese modo no sacan provecho de ella. Pero recuerda esto: el sol que brilla ahora es el mismo que brillaba cuando nació tu padre y el mismo que brillará cuando muera el último de tus nietos. Las ideas de los jóvenes son luces resplandecientes que brillan como meteoros que iluminan el cielo; pero la sabiduría del anciano es como las estrellas fijas que lucen siempre de la misma manera, de modo que los marinos puedan confiar en ellas.”

Con esto se busca hacerle entender a los jóvenes que los principios para abrirse un camino de riqueza y prosperidad son los mismos que se usaron ayer y que se usarán mañana. Puede cambiar la tecnología, pero los principios, cual astro sol, seguirán siendo los mismos. ¿Quieres aprender los principios? Presta atención a la sabiduría. ¿Dónde está la sabiduría? Normalmente en las personas de experiencia. Si el joven escucha al viejo que ha transitado el camino que él quiere recorrer, sabrá de antemano algunos detalles que harán de su viaje un viaje más placentero.

Sobre el deseo de hacerse libre: “Si un hombre tiene alma de esclavo, ¿No se convertirá en uno, sin importar su cuna, del mismo modo que el agua busca su nivel? Y si alguien tiene alma de hombre libre, ¿No se hará respetar y honrar en su ciudad, aunque no lo haya acompañado la suerte?”

Lo que expresa la sabiduría de la antigua babilonia es que lo más importante es una persona es su espíritu libre. Porque es el espíritu de libertad el que impulsa las grandes decisiones. La persona que quiere hacer negocios los hará. Saldrá adelante en su ciudad o en otra, con dinero o sin dinero, solo o acompañado, lo orienten o no. Así lo engañen, así lo estafen, la persona que quiere hacer negocios los hará. Puede demorar, pero lo hace. De igual modo, la persona que no quiere, no quiere.

Así tenga dinero. Así tenga contactos y todo el apoyo del mundo, si tiene alma de esclavo nunca hará nada. Cuando una persona tiene alma de esclavo se conforma o acepta todo como obra del destino. En cambio, el que tiene espíritu libre se rebela siempre. Así le pongan un gran sueldo, así le den beneficios, no aceptará vender su libertad por nada del mundo.

Sobre resguardar tu dinero: “Proteged vuestro tesoro contra las pérdidas e invertid solamente donde vuestro capital esté seguro o donde podáis reclamarlo cuando así lo deseéis y nunca dejéis de recibir el interés que os conviene. Consultad a los hombres sabios. Pedid consejo a aquellos que tienen experiencia en la gestión rentable de los negocios.”

Lo que se sugiere en El Hombre más Rico de Babilonia es que si quieres invertir en joyas, no vayas con el sastre. Es más, se lee claramente: “Quien pide consejo sobre sus ahorros a alguien que no es entendido en la materia habrá de pagar con sus economías el precio de la falsedad de los consejos.”  La persona que quiere prosperar debe desarrollar, ante todo, el juicio. El buen juicio establece que tengas en cuenta lo siguiente:

No puedes darle a un inexperto el capital que tanto te ha costado reunir con tu trabajo.  En el mundo cada persona es entendido en su campo. No deberías confiar en alguien que te ofrece ganancias en un rubro en el que él todavía no ha ganado: pon tu dinero en buenas manos.

Observa con cautela las ganancias rápidas. El dinero debe ser trabajado, por tanto, quien promete ganancias atractivas y mágicas debe explicarlas con sólidos argumentos. Es mejor poner un centavo para ganar un centavo, que poner diez con la esperanza de ganar mil y al final perder tu capital.

Sobre el inicio de la riqueza: La riqueza, como el árbol, nace de una semilla. La primera moneda que ahorres será la semilla que hará germinar el árbol de tu riqueza. Cuanto antes siembres, antes crecerá el árbol. Cuanto más fielmente riegues y abones tu árbol, antes te refrescarás, satisfecho, bajo su sombra.

Contrariamente a lo que muchos sostienen, en El Hombre más Rico de Babilonia se sugiere empezar por el ahorro. Los ricos que se hacen a sí mismos son ricos porque han empezado siendo ahorradores. Cada centavo que ahorras y que luego pones a trabajar es como un obrero que luego se reproduce y genera nuevos obreros trabajando para ti.  Se sugiere ahorrar para invertir. Ahora bien: ¿Cómo ahorrar cuando ni siquiera te alcanza para vivir? La sabiduría de la antigua babilonia establece una regla de oro: PAGATE A TI MISMO PRIMERO. El 10% de todo lo que llega a tus manos es para ti.

Antes de pagarle al banco, al sastre y al bodeguero, PAGATE A TI MISMO. Para hacerlo debes aprender a vivir con menos de lo que ganas. Dice en el libro: “Los gastos que llamamos obligatorios siempre crecen en proporción a nuestros ingresos si no hacemos algo para evitarlo.” Luego, aprende esto: a pedir consejo a hombres que fueran competentes gracias a la experiencia adquirida y que quisieran compartir ésta, y finalmente aprende a hacer que tu dinero trabaje para ti.

Sobre las oportunidades: “La oportunidad es una diosa arrogante que no pierde el tiempo con los que no están preparados.” La persona que quiera hacer riqueza debe estar preparado en al menos tres aspectos claramente definidos:

Conocimiento: Sabido es que quien posee el conocimiento y la información está en ventaja. Debes ser un experto en tu área. Dominar tu campo de forma tal que nadie te coja con los pantalones abajo.

Economía: El hombre de negocios debe ser ordenado con sus finanzas. Debe contar con un fondo de contingencias (que no son sus ahorros) y que debe tenerlo disponible no solo para las emergencias, sino para aprovechar las ocasiones en las que alguien le ofrece una oportunidad. Es contando con dinero que se pueden aprovechar algunas oportunidades.

Emociones: El mundo de los negocios ofrece subidas y bajadas. Emociones y dinero pueden correr por cuerdas separadas, pero siempre cuerdas equilibradas. Es con fortaleza emocional que te sobrepones a la adversidad y no te dejas marear por el éxito. Es teniendo dominio de ti mismo que puedes evitar caer en la codicia o la avaricia. Warren Buffett lo resumió muy bien: “Quien maneja sus emociones, maneja su dinero.”

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