TRAMA – DRAMA DE LA CREACION

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La humanidad algo ha intuido de esto, pero son muy pocos quienes lo entienden y comprenden a ciencia cierta, y es la razón por la que tratando de componer las cosas, se ha creado el concepto religioso de lo que llaman pecado, con el ánimo de poner un freno a la irreflexiva conducta de los terrestres.

Sin embargo han tomado la palabra pecado como algo gravísimo, como si constituyera una afrenta a DIOS, como algo que lo enoja, que hace que los abomine, que los odie, que no los quiera ver.

Nada más alejado de la verdad y de la realidad.

Desde luego no se puede aspirar a salir de este mundo si no cambia la humanidad su vida de error por una vida de acierto.

Hay, pues, que rectificar y vivir en la verdad, en la honestidad, en la limpieza, el orden, amor y equilibrio, en la razón, en lo justo; en otras palabras, vivir en apego y cumplimiento de la moral universal, para alcanzar el grado de un hombre justo o una mujer justa.

El pecado propiamente dicho viene a ser una acción o elección equivocada de pensamiento, palabra y obra, que se traduce en una mala aportación al mundo en que viven, por constituir una mala cooperación humana con su contenedor, El Universo, por medio de cuyas acciones se están lanzando descargas de energía negativa por quienes los cometen, que vistas hacia lo alto, hacia lo Cósmico Universal, se traducen en una mala salud que podríamos ocasionar al SER en que nos encontramos viviendo.

Aunque sobra decir que somos tan pequeños e insignificantes frente a EL-ELLA-ELLO, que no lo nota ni lo resiente, habida cuenta de que solamente somos habitantes de una parte de un átomo suyo, de un electrón de nuestro sistema solar llamado planeta tierra, pues ni siquiera alcanzamos el nivel de una molécula suya, y se ocuparía que miles de millones de billones de trillones de cuatrillones de todos los illones que les puedan caber en la cabeza, de átomos, junto con sus habitantes, constituyendo miles de millones de billones de trillones de cuatrillones e illones e illones de moléculas, que en conjunto constituirían todos los illones que se pudieran imaginar, de células dentro de DIOS, tuvieran un comportamiento como el nuestro, para que pudiera significarle tal vez alguna “comezón”.

Sin embargo, nadie nos asegura que en otros átomos suyos, cósmicos o sistemas solares para nosotros, no esté sucediendo lo mismo.

Esto es como el fumador, que cree que es el único que arroja humo al mundo, y considera inconcientemente que no daña a nadie porque solo él fuma, pero, oh, error garrafal, sucede que millones de personas lo hacen al mismo tiempo que nuestro hipotético fumador, aunque en horarios propios de actividad de acuerdo con la hora del país de cada quien, y así mismo sucede con nosotros, en que no somos los únicos en el cosmos que tenemos esa conducta.

En otras palabras, ¿cree usted que este comportamiento erróneo suceda solo en la tierra, siendo tan basto el universo?

Por eso se ha dicho que estar tristes o enojados es ofender a DIOS, y es nuestro deber el generar solamente energía positiva para descargarla en EL-ELLA-ELLO, en forma similar a como le gustaría al lector que sus átomos funcionaran en su interior para que sea saludable.

La mejor forma de funcionamiento nuestro es el amarse los unos a los otros, pues lo que para nosotros es amar, en el universo se convierte en buena salud para ese gigantesco cuerpo, de la misma manera que nuestras células trabajaran en forma armónica produciéndonos salud.

Y todo eso lo resumió nuestro Altísimo Hermano Mayor El Cristo en seis palabras al sugerir con sencilla profundidad simplemente: “AMAOS LOS UNOS A LOS OTROS”.

Entonces sentir tristeza, envidia, coraje, odio, decaimiento, depresión, hacer crítica, chismes, realizar lo que se ha dado en llamar como pecados, y/o “los pecados capitales”, etc., es generar, desplegar y lanzar esa energía negativa que atenta contra nuestro hábitat, ese Universo al que no le vemos forma, pero que no por eso deja de ser todo un organismo viviente gigantesco.

Extendiendo un poco el punto, expreso a Usted que, de la misma forma en que contenemos otros aspectos que resultan inmateriales, como el alma y el espíritu, tenemos también mente compuesta por pensamientos, sentimientos y emociones, intelecto, percepción, intuición, etc., aceptado por la ciencia y la religión, y estando constituidos a imagen y semejanza de DIOS, es decir, de ese Universo que nos contiene, lógicamente, el propio DIOS está conformado por esos y otros aspectos materiales e inmateriales.

Es así como la ciencia, que estudia todo lo material por regla general, y la religión, que estudia aspectos inmateriales de la vida y de la existencia, necesariamente se necesitan una a la otra para estudiar ese doble aspecto de La Divinidad, siendo de esta manera que ciencia y religión dan nacimiento a la filosofía, y juntas, le dan vuelta a ese calidoscopio, que pleno de multiformas irrepetibles es DIOS mismo, y por eso son complementarias una de la otra, de tal forma que podemos decir que las tres son la misma cosa, no hay diferencia entre ellas, sino diferencia aparente solamente, de diferencia, de grado.

Esos aspectos o niveles inmateriales Divinos bien pudieran ser las misteriosas distintas dimensiones del universo que tanto interesan a la humanidad, que es aquello a lo que la ciencia denomina como la antimateria, cuya antimateria está, por cierto, también conformada de átomos.

En efecto, así como la luz, que siendo inmaterial, está conformada por átomos, cuyos átomos se denominan fotones, color y sonido, emociones, sentimientos, pensamientos, necesariamente lo están también, solo que con escalas vibratorias distintas, finísimas, sumamente sutiles, y siendo la dicha luz y todo lo demás, parte de DIOS, pues se ha dicho y se sabe que antes o después Suyo no hay nada, a la vez que siendo inmateriales, pues no pueden tomarse materialmente con la mano, constituyen entonces una parte de su eterna e inacabable inmaterialidad.

Así, en cuanto a la vertiente inmaterial, desconocida para la gran mayoría, tenemos como dato cierto que lo que no es material, ha recaído hasta hoy en el campo que denominan religión, como la vida después de la muerte, ¿o después de la vida?; la vida mas allá de la Tierra; las otras realidades o dimensiones que innegable y necesariamente existen, a las que la humanidad de este mundo tridimensional, se ha dado en denominar como “misterio”.

Antes de seguir deseo hacer la aclaración de que la muerte no existe, pues DIOS creó solo la vida y el cambio.

ADVERTENCIA:

Al llegar a este punto parecería que esta parte no tiene relación con el contenido de este relato, pero no es así.

Muy al contrario, está íntimamente relacionado con todo, así que apelo a su paciencia para poderlo exponer, pues al final verán que todo se relaciona con todo.

Hecha la anterior advertencia, continuemos.

Regresando al tema, encontraremos que la propia religión no ha sido debidamente analizada, comenzando porque pocas personas conocen su verdadero significado.

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Incluso, se tiene temor de investigar en torno a ello, precisamente por “respeto” a lo “misterioso”, y porque a DIOS “no le gusta”, cuyo respeto no es otra cosa que un miedo disfrazado a lo desconocido, o tal vez a incurrir en irreverencia, pero en Amor, en Luz, en Respeto y en Verdad, de cierto, de cierto les digo, que este tema constituye la base y puerta del Tercer Milenio, de esta Era Cósmica en que nos encontramos, y juntamente con la ciencia, constituyen lo que yo llamaría Cultura Cósmica, como si fueran tres piezas que una vez unidas integraran un mismo rompecabezas, por cuya razón es necesario analizarlo, lo que a su vez da nacimiento al grado máximo del conocimiento humano, llamado Filo-Sofía.

Recordemos las palabras de nuestro Hermano Cósmico, El Sr. El Cristo, cuando dijo: La verdad os hará libres.

¿Y qué es la verdad, sino el producto del estudio, del análisis, de la contemplación?

Es innegable que a DIOS se le ha temido, a DIOS se le ha adorado, a DIOS se le ha pedido, pero a DIOS no se le ha estudiado amplia, profunda, y debidamente, sin prejuicios, con valor, respeto, con lógica, limpieza, claridad y transparencia, sin temores, ni sentimientos de culpa.

Insisto: La verdad (el estudio de la vida y de la existencia, el estudio de DIOS), os hará libres

Es ahora en los albores de esta Era, de este Tercer Milenio, en que los cambios cósmicos que se presentan son favorables para investigar en torno a estas cuestiones, la humanidad de este mundo se ha vuelto intrépida, y tan así es, que vemos que está rompiendo con los esquemas tradicionales, con los hasta ayer imperantes paradigmas socio-religiosos, con los infundados temores y con el oscurantismo moderno, en cuya actualidad las cosas se presentan favorables para dirigirse hacia la investigación y dominio de una nueva manera de ver, de analizar y entender las cosas.

Ello se debe, además, al incremento en la fuerza cerebral de la humanidad, producto de las mutaciones que la misma ha venido experimentando en su ADN y demás, propiciado por el incremento en la frecuencia o vibración de la Tierra y demás condiciones actuales de evolución universal que le son propias al ir surcando el espacio en ejercicio de su movimiento, al advenimiento de este Tercer Milenio, incrementos y modificaciones terrestres que necesariamente se reflejan en sus moradores, nosotros, pues es bien sabido que el humano existe y actúa de acuerdo y en forma proporcional y directa a ese, su hábitat.

Autor: Lic. Raúl Reynoso Bucio.

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