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HERMANDADES DE LUZ PENDIENTES DE LA TIERRA

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En efecto, de acuerdo a los líquidos que bebe, es su sistema circulatorio; de acuerdo a la calidad del aire que respira, son su sistema olfativo y la limpieza y alimentación celular, sistemas circulatorio y olfativo que determinan la calidad de la irrigación cerebral, básica para la existencia e interpretación de la vida.

De acuerdo a lo que ingiere, es y funciona su sistema digestivo, que alimentará a sus células y demás componentes, y de la misma forma determinará la calidad de la sangre.

De esta forma vemos que los sistemas anteriormente citados se encuentran íntimamente ligados entre sí, y que unidos a los sistemas visual y táctil determinarán la salud, idiosincrasia y forma de vida de la humanidad de un sitio determinado. (Léase el libro intitulado “Cuarta Dimensión” del autor Saidi Ahuerma, Editorial Orión).

Sin embargo no deja de llamar la atención el hecho de que estando en una aceptada Era Cósmica, en la que a pesar de que la actual tecnología científica está tan desarrollada, y de que los conocimientos que se poseen demandan respuestas apropiadas a los tiempos en que vivimos, teniendo acondicionada su mente para ello, las creencias de una gran mayoría sigan ancladas en el temor cerval y el oscurantismo de la edad media, y la mayoría de los habitantes de este mundo poco o nada saben que el planeta Tierra, por ley de evolución, se encuentra sujeto a cambios en el proceso de su viaje hacia otra dimensión, en cuyo trayecto está sufriendo modificaciones vibratorias y climáticas que están ocasionando por extensión, modificaciones a su flora, su fauna, y que afectan a sus pobladores, éstos últimos quienes no se explican a ciencia cierta qué está pasando, pero los intuyen, siendo lógico que si su hábitat, planeta Tierra, está cambiando, necesariamente la humanidad existente en el mismo, y especialmente quienes han estado llegando a este mundo desde hace algunas décadas, experimentan cambios físicos y mentales que los diferencian de quienes son mayores o mas viejos.

Y así, no podrá negarse que las nuevas generaciones vienen más evolucionadas, revolucionadas y revolucionarias, con ideas que difícilmente la gente tradicional acepta porque no las entiende.

Es de esta manera que negando a priori, se asustan y/o ponen en duda la vida de mas allá de la Tierra, olvidando que El Maestro, El Verbo, quien es conocido como El Señor JESUCRISTO, y quien desde un principio era con DIOS y era DIOS, y luego habitó en este mundo entre nosotros, siempre dijo hasta la saciedad, como se expuso en capítulos anteriores, que El y su Reino no eran de este mundo; que el Reino de su Padre lo era el Reino de los cielos; que de arriba vino y hacia arriba iría al final de su misión; que son muchas las moradas que hay en el Reino de su Padre, etc.

¿Sería El, el primero o último extraterrestre (ultraterrestre) de que se tiene o tuvo noticia por esta última humanidad que puebla la faz de la Tierra?

Indudablemente, atendiendo al claro sentido de sus palabras, y al innegable hecho de que es real, y que por lógica, si está vivo y es real, y no habita ya mas entre nosotros, luego, entonces, es lógico que al no habitar en este mundo lo haga en otro mundo distinto al nuestro, fuera de la Tierra, y por lo mismo sea ultraterrestre.

En este estado de cosas y de situaciones, la expresión “Irse al Cielo” cobra sentido y por lo mismo llama la atención, lo que sugiere la idea de que no solo existen éste y el mundo donde habita El Cristo, sobre todo atendiendo aquello de que no se trata de dos moradas únicamente, sino de muchas moradas, ya que recordando sus palabras, expresó, “muchas son las moradas que hay en el reino de mi padre”, tomando también en cuenta el tamaño que tiene el gigante en que vivimos.

Y así, habitantes de otras moradas universales, de otras moléculas cósmicas, como resulta serlo El Cristo, vienen a nuestro mundo a llamarnos para que estemos al pie y al orden, para que funcionemos mejor y produzcamos una buena energía que se vierta en forma positiva hacia El cuerpo que nos contiene, hacia lo que llamamos Universo, DIOS, y cooperemos con nuestro comportamiento a procurarle una buena salud.

Una buena salud es el producto del buen manejo de las emociones y sentimientos puros, limpios, equilibrados, los cuales están representados por el elemento agua, porque el agua es vida y la vida está compuesta, entre otras cosas, por emociones y sentimientos, y porque de ella están formadas dos terceras partes de toda forma viviente.

Igualmente la salud es el producto de pensamientos constructivos, respetuosos, limpios, simbólicos del mental, del intelecto, representados por el elemento aire, por el incienso, que esparce su perfume y lo eleva hacia DIOS.

Tales anteriores elementos producen un cuerpo sano que genere un buen estado de salud, cuyo cuerpo viene a ser el representante del elemento Tierra, que se simboliza por la roca, la piedra bruta y el cristal, éste último, vehículo de expresión de la transparencia, y que representa la síntesis materializada de los dos anteriores, y de esta forma, unidos todos por el cuarto elemento, el elemento fuego, que simboliza el espíritu, la llama que constituye la Energía Divina que yace entre nosotros y en nosotros, dentro nuestro, que todo lo anima, y que mantiene unidos a nuestros componentes microscópicos a través de su energía, la que se distribuye y mantiene a través del sistema neurovegetativo, a la vez que se encuentra presente en todo el Universo, trabajando tales elementos en forma concomitante por medio de nuestra intención, atención, y cooperación con todo aquello que nos rodea, así como con un buen comportamiento, repito, todos en conjunto, y en armonía, producen las leyes del universo llamadas por y para nosotros, orden, equilibrio, limpieza, amor y servicio, pero que vistas hacia lo grande, hacia lo alto, con atención constituyen aquello que llamamos salud.

Así que nosotros cooperamos con el manejo de tales elementos, que existen, suceden y se sintetizan en el éter, la quinta esencia, el Espíritu Santo, y que se reflejan en una buena actitud, conducta, buena voluntad, amor, respeto, servicio a todo lo que nos rodea, a través del ejercicio y práctica del devocional, de la observación, meditación, contemplación, oración, y sublimación espiritual, a descargar en nuestro planeta, en la atmósfera, en el cosmos, radiaciones de energía positiva que se desplazan a lo largo y ancho de la inconmensurable grandeza eterna e infinita de DIOS, y se traducen en salud para EL-ELLA-ELLO, y desde luego para nosotros mismos, que formamos una parte pequeñísima, casi insignificante suya, relativamente hablando, ya que a su vez nosotros somos exageradamente gigantescos para nuestros componentes internos, y digo casi atendiendo a nuestro tamaño y a lo complicado de la trama del drama de la creación, porque en realidad nada de lo que nuestro Hacedor ha creado es insignificante ni innecesario, pues todo tiene un propósito.

Vemos así que los cuatro anteriores elementos se encuentran en la mesa del Mago, figura que forma parte de las cartas del Tarot, porque tienen un propósito, el que sean bien manejados por la humanidad, ya que bien manejados producen conciencia.

Y para mejor entenderlo, es solo cosa de que imaginemos como está constituido nuestro cuerpo físico en su interior; que imaginemos como funcionan nuestros átomos, partículas, moléculas, células, los cuales responden a nuestras emociones, sentimientos, a la naturaleza de la energía que anima nuestra alma, nuestro espíritu, y sepamos y aceptemos que también influyen en cada una o uno de estos componentes nuestros, pues están habitados y constituidos a la vez por seres mas pequeños, como acontece con nosotros habitando nuestro planeta, que solo es parte de nuestro sistema solar.

Autor: Lic. Raúl Reynoso Bucio.

**Bekram**

**Hombre De Las Estrellas**

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