DISCIPLINA, REGLA ESCENCIAL DE VIDA

Burned_Hearts_by_Caoimhe_Aisling

Del control, estudio, conocimiento, práctica y dominio de la fórmula anterior y de todo esto depende casi todo en la vida.

Es elemental que la supremacía y consecuente desarrollo espiritual de las personas se adelantará o atrasará, según el momento en que se decide el humano a comenzar a disciplinarse.

Si todo el mundo pusiera atención a esta y las demás reglas esenciales de la vida y la salud, no habría violencia porque al estar todos sanos, al no estar irritables, habría paz en el planeta y disponibilidad en la resolución de los problemas relativos a la existencia en este plano, que de suyo, la existencia de tales problemas son inherentes a la humanidad, como lo es la sombra a un cuerpo sólido contra la luz, ya que constituyen aquello que impulsa a crecer, y por el contrario, es el desinterés en conocer, razonar y actuar, aquello por lo que están siempre en guerra, llenos de fronteras territoriales, de fronteras de idioma, de pensamiento, de cultura, así como de ideas egoístas, pues en la forma en que en estas condiciones se comportan y alimentan, ¿qué virtud podrá anidar en los humanos?.

Hoy más que nunca, en que muchos se interesan por ir en busca del crecimiento interno y de la perfección, se debe comenzar por estos detalles que, si bien, al común de las personas les parecen incongruentes o difíciles, realmente son elementales para comenzar a adentrarse en la transmutación personal.

Al conjugar la formula inteligente antes transcripta, no podemos evitar empezar por estudiar o considerar, además de su enorme valor y trascendencia, ¿qué es el pensamiento?; ¿cómo funciona?; ¿porqué reside en nosotros esa facultad?, y así, al aplicarla, tenderemos a estudiar, a investigar, y arribaremos necesariamente al conocimiento de que como se dijo anteriormente, no tenemos un cerebro, sino que en realidad tenemos dos cerebros unidos por un cuerpo calloso, uno, el derecho, relacionado con la energía positiva, y otro, el izquierdo, relacionado con la energía negativa, que trabajando en conjunto generan y son parte de la dinámica de la vida por representar un polo de energía cada uno, como los cables de la energía eléctrica o los extremos e los magnetos.

De éstos, se sabe que el lóbulo cerebral izquierdo regula el manejo de las funciones objetivas y exactas, tales como el pensamiento lógico, el raciocinio matemático, la física, la química, la contabilidad, el intelecto, etc., cuyas funciones concretas han sido consideradas por la humanidad como lo único importante, y por tal motivo se ha estimulado en forma remarcada su desarrollo desde niños como resultado de las necesidades que impone la vida moderna, en la que el desarrollo tecnológico y científico, la lucha constante por alcanzar mejores niveles de vida, económicos y de poder, parecen ser los objetivos primordiales para la generalidad de las personas, por considerar a la materia y al intelecto como la única realidad por la que vale la pena vivir y luchar en este mundo.

Por su parte el cerebro derecho regula el manejo de las funciones abstractas, subjetivas, tales como la sensibilidad, el amor, el arte, la ternura, la bondad, el amor a la humanidad, la alegría, la intuición, la creatividad, los valores morales, la concentración, etc., cuyas funciones, por abstractas y subjetivas, han sido consideradas como secundarias, como menos importantes, y por tal razón no se le ha dado a su desarrollo el interés que en verdad tienen, lo que ha traído como consecuencia una marcada deshumanización de la sociedad mundial, en la que se han ido olvidando día con día estas y muchas otras capacidades maravillosas, convirtiéndonos en muchos casos en seres inseguros, soberbios, fríos, arrogantes, prepotentes, sin emociones, sin otra motivación que no sea disfrutar de lo agradable pero intrascendente del sexo, dinero y poder, con un concepto equivocado o deficiente respecto de los verdaderos valores humanos.

Ustedes, los Seres humanos de este mundo, cuentan con enormes capacidades físicas, emocionales, mentales, intuicionales, espirituales, etc. que no solo contadas personas logran desarrollar, como se ha creído, pues todos pueden hacerlo, pero a ello se opone el hecho de que desde niños se ha inculcado a hombres y mujeres el reprimir sus sentimientos bajo el argumento de que “los hombres no lloran”, solo las mujeres, y que quien es sensible y muestra sus sentimientos “es débil”, y la vida es para los fuertes, no para los débiles.

De la misma forma se ha enseñado que “el mundo es de los que saben y de los que piensan”, pero no de los que sienten.

Así, en la medida en que recibían la desaprobación de quienes en su tiempo fueron sus mayores, o la burla de sus infantiles amistades por mostrar sus nobles sentimientos, por instinto de protección comenzaron a colocarse en cada ocasión una máscara que ocultara “su debilidad”, también conocidas en la tradición hindú como sanskaras o personalidad, ésta última palabra que por cierto, significa máscara, costumbre que ha perdurado durante el transcurso de la vida y de sus experiencias, cuyas máscaras son la imagen social que quieren proyectar para ocultar la naturaleza de su verdadero ser.

Tenemos entonces que se han, y se les ha privado, de una vida sana, feliz, normal, y el niño o niña que una vez fueron, que jugueteaba en los charcos, que se mojaba bajo la lluvia, y se entretenía de una manera sana, espontánea y tierna, sin malicia, con una corcholata, con una piedrecilla, o que observaba con curiosidad, respeto y paciencia a la naturaleza, como consecuencia se ha convertido en una máscara viviente, al grado de que al paso de las máscaras han ido olvidando quienes y como son en verdad, de tal forma que voluntariamente se han despersonalizado a ustedes mismos, y los ha despersonalizado la sociedad, llegando incluso a aceptar como algo normal, que son esa, o esas máscaras.

Y así, han sufrido consciente o inconscientemente una transformación antinatural que los coloca en el papel de humanos deshumanizados, que objetiva, y calculadoramente, en forma consentida y aceptada, no solo por ustedes mismos en lo personal, sino por toda la población mundial, en una especie de juego consabido y aceptado, giran en torno a obtener sexo, dinero, poder, salud, bienes materiales, lo que erróneamente consideran que es el amor, egoísmo, vanidad, diversión, evasión y descanso, así como al “tanto tienes, tanto vales”, “nada tienes, nada vales”.

Como resultado en la actual Era de la confluencia, que como se dijo anteriormente es el equivalente al período de gracia de que hablan los católicos y los cristianos, en la que se vive hoy por hoy, que se da como un parte aguas en la Era del Hierro, ésta última mencionada que viene a ser el Apocalipsis, en que la vida se ha convertido en una jungla en donde cada ser lucha por su propio beneficio sin tener conciencia social o de grupo, y esto ha traído como consecuencia el abuso, la angustia, sentimientos, miedos, temores, inseguridad, traumas psicológicos, estrés, abusos, etc., en donde se han olvidado, y/o desconocen lo que significa vivir con plenitud y felicidad, ocasionando una devaluación personal que parece no tener fin.

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Es, pues, preciso poner a funcionar ambos cerebros al mismo tiempo, pues es el paso previo e ineludible para ser miembros de la humanidad que se consideraba futura, y ser naturales, sin dobleces, auténticos, sencillos, sinceros, para, siendo nuevamente como niños, PUROS, “entrar al reino de los cielos”.

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