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Es a través de esa una nueva conocencia, producida por el grado de religación obtenido, de identificación del individuo consigo mismo, que el humano obtiene conciencia y se torna responsable hacia sí, hacia sus semejantes, y ante todo cuanto le rodea, de donde podemos colegir que dependiendo del grado de responsabilidad que el ser muestra en sus actos, es el grado de religación en que se encuentra, el grado de evolución al que ha llegado, y por lo mismo, el grado en que deja de ser instintivo.

“POR SUS FRUTOS LOS CONOCERÉIS”.

Un estado de religación verdadero permite al humano darse cuenta que este planeta es una Escuela cósmica a la que se viene a estudiar, la cual está compuesta por muchísimas materias, tales como ser hombre, mujer, pobre, rico, padre, madre, chino, mexicano, norteamericano, ruso, bueno, malo, asesino, víctima, estudiar, conocer y ejercer todas las ocupaciones, oficios y profesiones, haber nacido portando los distintos colores de piel en todas las nacionalidades del mundo, etc., y conocer todas las nacionalidades existentes, así como ser hijo, parir, ser bueno, malo, asesino, albañil, abuelo, nieto, médico, carpintero, abogado, plomero, paria, limosnero, asaltante, ingeniero, juez, reo, y todas, absolutamente todas las profesiones, oficios y ocupaciones y circunstancias buenas y malas, aceptadas y repudiadas que existen en este mundo, todas cuyas materias deben cursarse y aprobarse, incorporando las experiencias obtenidas a esa parte del ser que necesariamente las registra y guarda, y que en cada regreso va almacenando en sus cromosomas, todo lo cual fortalece y templa al espíritu que subyace en la esencia de cada humano.

Es obvio que una sola vida no es suficiente para “cursar” y “aprobar” todas las materias, profesiones, y oficios de todo este mundo, de manera que para poder reunir toda esa información, es necesario permanecer en este sitio cósmico por muchísimo tiempo, tanto como necesiten para “aprender la lección” y crecer en espíritu y en verdad, presos en el ciclo de reencarnaciones, naciendo y “muriendo”, llegando y partiendo una y otra vez, esto último que en sí implica solamente “salir espiritualmente de vacaciones”, o mejor dicho, un descanso para el espíritu, pues lo que llaman muerte en realidad es el sueño que duerme y durante el cual descansa el Ser después de “un día” de actividad, cuyo día del espíritu equivale a toda una vida humana.

Las vivencias se transforman en lecciones de la vida, y estas necesariamente, habiendo pasado por sentimientos, emociones, y situaciones mentales, obviamente se reflejan en mente – actitud – sentimientos.

Por desdoblamiento, las experiencias vividas se transforman en conocimientos, en intuición, los cuales integran la “conocencia”, y esta última se traduce en conciencia de las cosas.

Finalmente, cuando el individuo ha aprendido la lección, cuando ya tiene conciencia, pasa lo aprendido al nivel de Conocimiento – Inteligencia – Comportamiento – Sinceridad.

De todo esto está conformado el respeto por la vida, que en sí encierra una actitud de serenidad.

Respeto, actitud , sinceridad y serenidad, son la base necesaria para acercarse al concepto del amor.

Pero en realidad el amor viene como una consecuencia de analizar, aprender, entender, comprender y atender lo que en realidad es la naturaleza, el universo, DIOS, y nuestras obligaciones para con EL-ELLA-ELLO, para con nuestros semejantes y para con nuestros prójimos, que en sí, es todo lo que nos rodea, por eso se dijo, “ama a DIOS con toda tu mente, con toda tu fuerza y con todo tu corazón, y a tu prójimo, como a ti mismo”.

¿Y qué es el prójimo?

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Pues lo que está mas próximo a usted.

Entiéndase con ello conocer lo que es en sí el Universo y relacionarse con El, asumiendo con responsabilidad su papel, en la medida que el desarrollo de cada quien se lo permita, y en la medida que se decidan a estudiarlo, no solo en temerlo.

Autor: Lic. Raúl Reynoso Bucio.

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