SI NOS CONDENAMOS, NOS REZAGAMOS

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Las personas que honestamente tratan de ajustarse a la vida espiritual, cometen a menudo el error de exigirse demasiado.

Como no parecen progresar tan rápido como naturalmente les gustaría, o porque se descubren repitiendo una antigua falta que pensaban que habían superado por completo, o porque después de pasar varios años de enseñanzas se resfrían esporádicamente, o sufren un accidente leve, se desalientan y se censuran sin piedad.

Todo eso es tonto. Si usted se esfuerza ahora lo más que puede por utilizar la Verdad que conoce, está trabajando por todo lo que tiene derecho a esperar de usted. Cuando se presenta una de esas situaciones negativas, sepa serenamente la Verdad sobre ella, es decir, trátela y luego trate su propia sensación de decepción y desaliento, y crea que bastará con esa oración. No se ponga trágico y formule con fiereza la decisión de cambiarlo todo. En ese procedimiento empleará fuerza de voluntad y en realidad estaría incrementando el problema. Crea en su oración.

NO se impaciente con usted mismo. Pero eso no significa que debe ser perezoso o tolerante. Trátese como un padre sabio trata a un hijo inquieto: con bondad y paciencia, pero con suave firmeza, sin esperar demasiados resultados demasiado pronto, pero previendo un crecimiento y una mejoría inevitables.

Sabemos, por supuesto, que hay personas que se niegan a reconocer sus faltas y sus fracasos y tratan de disculparse por cualquier cosa, pero esas personas, sin duda, no se hallan en la senda espiritual.

Los estudiantes sinceros de la Verdad siempre tienden a tomar la dirección contraria. Debemos recordar que nos debemos caridad cristiana a nosotros mismos, al igual que a los demás.

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Emmet Fox

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