Combinando energías con Otro Yo

Es curioso cómo se comienzan a sentir las emociones de nuestros otros yoes. Así como la luz cristalina se dividió en hermosos colores, cada uno en una dimensión, cada uno un fragmento de quienes somos, (y solo me refiero a los 11 en este momento aquí en la Tierra más el Yo Superior, ni pensar en todos los que somos en las múltiples dimensiones y los múltiples universos), estoy comenzado a experimentar la viudez desde otro ángulo, desde otra tonalidad de esa luz compartida.

En mi caso, Pierre, mi esposo, ya está incorporado. Las otras dos partes de mi totalidad que estuvieron unidas a él en esta vida, no lloran su partida por distintas razones que no vienen al caso.
Pero lo de Daniel Jacob es diferente. Lo quise muchísimo y lo quiero con el alma, siento que está conmigo y lo revivo día a día traduciendo lo que aún me falta traducir, publicando en Facebook lo anterior y lo inédito, pero ese otro yo que convivió con él en otra dimensión, en un lugar distante, la que lo amó con locura y lo perdió súbitamente cuando los doce Danieles se fueron de este plano, no tiene consuelo.

“Su” Daniel nunca tuvo problemas de salud y nada hacía esperar un desenlace que él seguramente no quiso para sí. Pero nueve Danieles dispersos por el mundo estaban listos para partir y se lo llevaron. Y a “mi” Daniel también, pero al menos él estuvo internado unos días y pudo hacerse a la idea y conferenciar con las Reconexiones, especialmente con Carion, el experto en la desintegración antes de una transición. Si varios yoes hacen fila para irse de este mundo, a los demás no les queda otra opción que suicidarse, tener un síncope, un infarto masivo o un accidente, o los demás tendrán que quedar en coma esperando a que el que está renuente se decida a partir.

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combinando energias

Por momentos, siento la tristeza y nostalgia de todos los que lo quisimos tanto y añoramos su presencia, física o digital, como sea, pero siento más el dolor de esa viuda inconsolable, porque su pérdida también es la mía. Ella extraña su presencia física, su calidez, su sentido del humor, los recuerdos compartidos… Yo también lo viví con mi marido, pero tuve mucho tiempo para prepararme. Incluso los doce días de internación fueron el tiempo que el Universo nos dio para acompañarnos, despedirnos y armonizar nuestras energías antes de separarnos físicamente. Es algo que mi otro yo no tuvo. No pudo repetirle cuánto lo quería, no pudo decirle que lo dejaba ir en paz y le agradecía por la vida feliz que habían compartido.

En cierta forma, debo trasmitirle que puede incorporar a “su” Daniel para que sea parte de sus energías, como hice yo con “mi” Pierre. Eso le cuesta, porque ella no estaba demasiado interesada en la espiritualidad como “su” Daniel y sentía que había una parte de él que siempre le sería ajena, aunque escribieron juntos libros de poesía y hermosas canciones.

De alguna manera, ambas estamos combinando nuestras experiencias sin necesidad de regresar al Hogar en este momento y estoy tratando de infundirle ese estado casi permanente de gracia y alegría que me embarga, aunque a veces la “realidad irreal” me saque de mi eje.

Deséenme suerte.

¡Chehala Selah!, como diría Carion.

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Escrito por por Susana Peralta, síguela en su Facebook.

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