Y USTEDES DOS SERÁN UNA PAREJA ADORABLE

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Una joven señora, con algo más de 20 años, bonita y simpática, me decía:

-No sé lo que está sucediendo conmigo y con mi marido. Cuando éramos novios, nuestra relación era una maravilla. Ahora, después de casados, cuando todo debería ir aún mejor, la cosa no anda bien. A los momentos de paz y de amor suceden momentos de riñas y de desentendimiento. Esos altibajos torturan nuestra vida.

Expliqué a esa joven señora que, en un primer momento, la vida entre dos es un mar de rosas y de amor. Los dos se aman, disfrutan, se entregan, se interpenetran afectiva, emocional, espiritual y físicamente. Sienten que el amor crece como una avalancha y llega hasta un clima de éxtasis.

Ya en un segundo momento, cuando descubren sus diferencias, los temperamentos, los hábitos, las reacciones variables, la estructura mental de la infancia y juventud, las flaquezas y manías, sino tratan de ir ajustándose pacientemente, acabarán por ampliar tanto las áreas de fricción y tensión que no será raro que comiencen a pensar en la separación. Entonces, los amantes que se prometieron amor eterno, ahora quedan abismados y atemorizados ante el incendio devastador que está destruyendo un matrimonio de comienzo tan auspicioso.

Lo que ocurría con aquella señora era que, en el período de noviazgo, todo era dirigido hacia el amor: los encuentros, las palabras, las flores, los cariños, los mensajes, los obsequios, los programas, las conmemoraciones. Como los momentos de encuentro eran de pocas horas por semana, no les interesaba perder tiempo en discusiones estériles o en asuntos que nada dijesen respecto al amor del que se nutrían.

Después de casados, sin embargo, la convivencia pasó a ser de 24 horas por día. Además de las horas de amor, había momentos en que uno u otro se mostraba irritable, malhumorado, grosero; había horas en que los defectos, antes no detectados, saltaban a los ojos del otro.

Pero todo tiene solución y todo matrimonio, por más que esté en peligro, puede entrar a una fase de armonía, de buen entendimiento y de paz.

EL PODER INFINITO DE SU MENTE

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Lauro Trevisan

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