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Cuando comencé a hablar con un alcohólico, él me dijo, desanimado:

– No consigo dejar de beber. Intento dejarlo, pero me siento compelido irresistiblemente hacia la bebida y ahí todo mi esfuerzo se va aguas abajo. Es inútil. Es como aquel dicho: cuanto más me bendigo, más el diablo se me aparece.

Observe usted qué pensamiento arraigado y profundo tenía él respecto a la bebida. Con esa programación mental, ni con amenaza de muerte dejaría de beber. Fijó en la mente que no conseguiría dejar de beber y el subconsciente realizaba plenamente su deseo.

El hábito de beber no es nada más que un hábito como cualquier otro, alimentado, todo el día, por pensamientos en esa dirección: cuando un alcohólico ve una botella, piensa en la bebida; cuando ve un vaso, piensa en la bebida; cuando ve un bar, piensa en la bebida; cuando ve una propaganda de bebida alcohólica, piensa en beber; cuando ve a alguien bebiendo, piensa en beber; cuando ve un compañero de copas, piensa en beber; cuando oye a alguien hablar de cerveza, whisky, aguardiente, etc., piensa en beber; en fin diariamente envía a su subconsciente un montón de sugestiones para beber. Entonces, es lógico y racional que sea atraído por la bebida. Si así no ocurriese, habría fallado la ley del Poder de la Mente.

Aquel hombre hallaba imposible dejar de beber, pero yo le expliqué que alguna vez él no bebió ni sintió atracción por la bebida. Eso significa que no nació bebiendo; consecuentemente, el hecho de que ahora bebiera era apenas un hábito que él fue cultivando hasta la obsesión.

Pues bien, la solución estaba en crear otro pensamiento y otro deseo más fuerte.

Así como el poder de su mente había creado aquella fuerza irresistible en dirección a la bebida, de la misma forma y con el mismo éxito, el poder de su mente podría crear otro hábito, el de no interesarse por la bebida.

Cuanto más su pensamiento esté emocionalizado por el deseo sincero y ardiente, con más rapidez y fuerza el subconsciente lo convertirá en realidad. Es la ley mental de que toda acción produce una reacción correspondiente. Lo igual atrae lo igual. El pensamiento de desinterés por la bebida atrae el deseo de no beber.

Cualquier hábito puede ser eliminado, sin mayores sufrimientos y torturas, sea el hábito de beber, de fumar, de consumir drogas, u otro cualquiera. Basta crear en la mente la imagen constante en la que usted se ve libre de ese hábito. Invierta los polos del pensamiento y diga constantemente, con convicción, muchas veces por día, una frase que tenga la fuerza de expresar su deseo, por ejemplo: LIBRE PARA SIEMPRE; o VENCÍ; o puede ser esta frase: SÓLO BEBO AGUA Y REFRESCOS. Es preciso, entretanto, crear vibraciones poderosas en la frase escogida. Así, el subconsciente quedará impregnado de ese nuevo pensamiento magnetizado y cumplirá el recado.

Lo que usted tiene que hacer, por tanto, es mentalizar una frase poderosa y convincente muchas veces por día. Haga eso, aunque inicialmente nada suceda.

Un día escribí una carta a un amigo de San Pablo y, como siempre colocábamos frases pomposas o jocosas en el comienzo de la carta, esa vez me vino a la mente una frase sensacional. Se me ocurrió parodiar al gran matemático Arquímedes y escribí: "Dadme un pensamiento de apoyo y moveré el mundo".

Lo digo sinceramente convencido a toda persona de buena voluntad, que se debate en algún hábito desagradable: "Dadme un pensamiento de apoyo y levantaré tu vicio".

El vicioso, a partir del momento en que se autosugestiona que sólo le gusta beber agua y gaseosas y jugos, estará yendo rápidamente hacia la victoria total.

Es muy importante el uso de la imaginación. La imaginación tiene más fuerza que la voluntad. En el conflicto entre la imaginación y la voluntad, la imaginación siempre vence, como ya le expliqué en este libro.

Cree, entonces, un pequeño filme mental en el cual se vea felicitado por el patrón por haber dejado de beber, en otro cuadro del filme, véase siendo besado con entusiasmo por la esposa que le dice: "Querido, felicitaciones, ahora somos dichosos", inclusive, en otro cuadro mental véase, vívidamente, siendo abrazado, con toda ternura y felicidad, por su hijita que le dice: "Papá, muchas gracias, ahora me agrada tanto como eres".

La imaginación es la fuerza del subconsciente. Use y abuse de la imaginación, en su beneficio.

Por otra parte, si usted promete una vez más que no beberá más y se esfuerza por eso, pero su imaginación gira alrededor de una botella de bebida alcohólica, su subconsciente atenderá a ese llamamiento, que ya está reforzado por el hábito de tanto tiempo.

Le recuerdo, una vez más, que la cura por el poder de la mente no le exigirá sufrimientos intensos, como usted supone. Nada de eso. Piense en la alegría de ser una persona sana, victoriosa, alegre, segura, dueña de sí. Duérmase con esos pensamientos en lamente y verá que el milagro se verifica en usted, por el poder infinito e irresistible que existe dentro de usted.

EL PODER INFINITO DE SU MENTE

Lauro Trevisan

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