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Veo por lo menos cuatro fundamentos poderosos y actuantes en la orden curadora determinada por el Maestro Jesús mediante la afirmación: Ve en paz, tu fe te curó.

El primer fundamento es la PAZ. Trátase de un sentimiento positivo que restablece de inmediato la armonía y la salud en la mente. Sus males son producidos por su mente; por lo tanto, cuando usted entra en estado de paz, significa que ahora sólo existe energía positiva, pensamiento positivo, un estado mental y espiritual que ha eliminado las amarguras, las tristezas, las desconfianzas, los miedos, los resentimientos y las angustias. Por la paz, la mente queda limpia e inundada de energía curadora.

La paz es el don más necesario en su vida. Aprenda a mantenerse en un estado permanente de paz y usted estará siempre saludable.

Acabe con los sentimientos de culpas, arroje lejos sus complejos de culpa. Siempre que haya cometido algo equivocado, limpie enseguida su mente, perdonándose a sí mismo, pidiendo perdón mentalmente o verbalmente, a quien ofendió, y determine, desde ese momento, que está en paz, libre de todo sentimiento de culpa. Cuando usted cambia de pensamiento ya está perdonado y en paz. Nunca olvide que Dios siempre perdona. Usted no debe ser más riguroso que Dios: perdónese libremente. Cuando usted olvida el mal realizado, ya está perdonado. En ese caso, la cura ya se ha iniciado.

Jesús mismo demostró, cierta vez, que cuando usted entra en estado de armonía, ya está curado, sea cual fuere su dolencia.

"Embarcóse Jesús y pasó a la otra orilla. Llegó a la ciudad. Y allí le presentaron a un paralítico postrado en un lecho. Viendo la fe que los animaba, dijo Jesús al paralítico:

– Ten confianza, hijo, tus pecados te son perdonados.

Hicieron, entonces, algunos de los escribas este juicio consigo mismo: "Este hombre blasfema". Jesús, sin embargo, que conocía sus pensamientos, observó:

– ¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones? ¿qué es más fácil, decir: tus pecados te son perdonados? ¿O decir: levántate y camina? Ahora, veréis que el Hijo del Hombre tiene el poder de perdonar los pecados sobre la tierra.

Dijo entonces al paralítico:

– Levántate, toma tu lecho y vete a tu casa.

Levantóse él y se fue a su casa" (Mateo 9,1-7).

El Maestro mostró, en este hecho, que en el momento en que los pecados son perdonados, o sea, en el momento en que no hay más desarmonía en la mente de una persona, ya no existe más la causa de la enfermedad y, consecuentemente, ya no existe más la enfermedad.

No se quede, pues, removiendo sus errores, sus fracasos, sus problemas, sus tribulaciones, sus frustraciones, porque las tribulaciones de la mente generan las tribulaciones del cuerpo. Lamente acciona y el cuerpo reacciona. A todo hecho mental o físico el cuerpo paga el precio correspondiente. Mantenga siempre su mente alivianada, limpia, saludable.

Jesucristo enseñó que es la misma cosa decir "tus pecados te son perdonados", que "toma tu lecho y anda". Significa que la salud del alma genera la salud del cuerpo. Por ese relato del evangelio, usted puede percibir que la enfermedad del alma puede generar no sólo problemas mentales, sino también parálisis y otros males físicos que, aparentemente, no tienen ninguna relación con el estado mental. De ahí la necesidad primaria de la paz interior.

El segundo elemento es la FE. En el relato de arriba, la fe ocupó un lugar decisivo: "Viendo la fe que los animaba, dijo Jesús al paralítico: Ten confianza, hijo tus pecados te son perdonados".

No se quede, por tanto, nada más que con la definición tradicional de pecado. Pecado es todo pensamiento negativo; pecado es no creer que usted nació para tener salud; pecado es pensar que la voluntad de Dios es que usted sufra y padezca enfermedades; pecado es mantener la mente fija en la imagen de la enfermedad; pecado es no creer que hay un Poder Curador Divino en usted. No desear la cura, es decir, la perfección; es dejarse estar en situación de pecado, o sea, de desarmonía. Tenga siempre la mente unida a la perfección física y mental de su imagen verdadera. Recuerde que la culpabilidad sólo existe en la mente. Libérese de ella y estará libre de los males. Arrepentirse significa cambiar de pensamiento. Aun en medio de los males que afligen su cuerpo, que su alma glorifique al Señor Dios que habita en su interior, con la seguridad absoluta de que ya está caminando hacia la salud. Acepte su estado presente y mantenga la mente orientada hacia la perfección.

La fe es la certeza de que las leyes espirituales nunca fallan.

Si las leyes espirituales fallasen, Dios también podría fallar, lo cual es imposible. Por la fe usted se une a la Fuerza Curadora y abre su mente para que la energía divina afluya sobre usted.

El tercer elemento importante es la palabra TÚ. Sí, USTED, debe tener fe. Usted debe creer que la sanación se realizará. Usted debe creer que si existe un Poder Curador dentro de usted. No debe poner obstáculos a la acción divina. Deje a su mente calmada, pasiva y confiada en la realización del milagro. El milagro existe porque es posible. El milagro es fácil: se trata, simplemente, de la restauración de la armonía de sus células.

Únase a la fe de los demás, pero usted también debe creer.

Que su fe sea simple y absoluta, como la fe del niño.

El cuarto elemento es la CURA. He ahí el resultado infalible que le ocurre a quien limpia la mente, entra en estado de paz y cree en la ley del Pedid y Recibiréis. Jesús curaba a todos los que lo deseaban y creían. La ley de la fe no falla. La cura es segura. Nadie más que Dios, que es la perfección, desea que la perfección habite en usted.

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"Hijo, tú siempre estás conmigo y todo lo que es mío es tuyo"(Lucas 15,31).

"Aproximaos a Dios y ÉL se aproximará a vosotros"(Santiago 4,8)

Cuando usted se une, por tanto, a la perfección divina, la perfección habitará en su mente y en su cuerpo.

El Salmo 37,29, dice lo siguiente: "Los propios justos poseerán la tierra y residirán sobre ella para siempre". Ahí está una afirmación increíble. Si usted pudiese mantener su mente y su corazón en un permanente estado de justicia interior, o sea, de perfección, usted vivirá para siempre, pues no habría deterioro en su cuerpo.

EL PODER INFINITO DE SU MENTE

Lauro Trevisan

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