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USTED PUEDE CURAR. QUIEN CREE, TODO LO PUEDE

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"Y convocó Jesús a los doce apóstoles, y les dio poder y autoridad sobre los espíritus malignos y la virtud de curar las enfermedades.

Después de esto designó el Señor a otros setenta discípulos más y mandóles, de dos en dos, delante de sí, a todas las ciudades que tenía intención de visitar… Y cuando entrareis en una ciudad donde os reciban, comed lo que os sirvieren; curad a los enfermos que ahí hubiere y decid: "Llegó a vosotros el reino de Dios" (Lucas 10,1-ss).

El sacerdote, por investidura de Cristo, recibió el don de curar, así como lo recibieron los apóstoles. Es muy bueno que el sacerdote ejercite ese don divino. Adonde quiera que Jesús iba, siempre se dedicaba a curar a los enfermos. A los apóstoles, sus seguidores, como usted vio anteriormente, también les mandó predicar y curar a los enfermos.

Si usted toma el libro de "Hechos de los Apóstoles", que relata las actividades de los apóstoles luego de la subida de Jesús al cielo, verá que la divulgación de la palabra divina siempre estaba acompañada del servicio de cura. A propósito, en muchos lugares el sacerdote es llamado cura. Cura viene de curar. Incluso hay quienes dicen que santidad es una palabra que tiene su raíz en sanidad, o sea, salud.

"Crecía, cada vez más, el número de hombres y mujeres que abrazaban la fe en el Señor a tal punto que traían enfermos por las calles, extendidos en hamacas y lechos, para que, al pasar, Pedro cubriese al menos con la sombra a algunos de ellos y quedasen libres de sus enfermedades. Afluía también mucha gente de las ciudades vecinas de Jerusalén trayendo enfermos y atormentados por espíritus malignos y eran todos curados." (Hechos 5,12,ss).

Pero usted también tiene el don de curar, porque usted es el propio Dios manifestado en la tierra; en usted está la Presencia Infinita, la energía divina.

Jesús dijo, cierta vez, una frase de contenido asombroso: "Aquel que cree en mí, hará las cosas que yo hago y las hará aún mayores" (Juan 14,12).

En otra ocasión, dijo el Maestro: "Quien cree se salvará. Estas son las señales que acompañarán a los que hubieren creído: en mi nombre expulsarán demonios, hablarán nuevas lenguas, tomarán con sus manos las serpientes y si bebieren algún veneno que mata, nada sufrirán, colocarán las manos sobre los enfermos, y éstos quedarán curados." (Marcos 16,15-20).

San Pablo, en una carta enviada a los cristianos de Efeso, en Grecia, escribió lo siguiente: "Hermanos, yo pido al Dios de nuestro Señor Jesucristo, el Padre de la gloria, que os dé un espíritu de sabiduría y de revelación para que podáis realmente conocerlo. Que él abra vuestras mentes y veáis la luz, a fin de que podáis conocer la esperanza para la cual él os llamó. Y también para que conozcáis cuán ricas son las bendiciones que él prometió a su pueblo y cuán grande es su poder que actúa en nosotros, los que creemos. Este poder es el mismo que Dios mostró con fuerza extraordinaria cuando resucitó a Cristo". (1,17-23).

El Maestro Jesús dijo que, si usted cree, tendrá dominio curador sobre los males mentales de las personas; tendrá dominio sobre sí mismo y encontrará en sí la fuente de la Sabiduría (hablará nuevas lenguas); tendrá dominio sobre los animales; dominará la materia (venenos); y dominará las enfermedades, curando a los enfermos.

Ya el apóstol Pablo asegura que el poder de Dios actúa en nosotros.

Es hora de que creamos en la dimensión divina e infinita que existe en nosotros y que nos hace dominar nuestros males y problemas.

Cúrese a sí mismo usando esta fuerza infinita, capaz de restablecer el justo orden en su mente y en su organismo.

La fe, sin embargo, no es privilegio de alguna religión. La fe es un principio divino que está en manos de toda persona.

Cierto día, Juan se aproximó a Jesús y le dijo:

– Maestro, vimos a un hombre que expulsaba demonios en tu nombre y se lo prohibimos, porque no te sigue con nosotros.

Respondióle Jesús:

– No se lo prohibáis; porque quien no está contra vosotros está con vosotros (Lucas 9,49-50).

Toda persona buena puede producir buenos frutos, sea cual fuere su religión, o aunque no tenga religión. En este caso, su espíritu es su templo y en su espíritu reside Dios. Lo que no puede suceder es que el mal consiga producir el bien. Esto sí es imposible.

EL PODER INFINITO DE SU MENTE

Lauro Trevisan

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