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– ¿Sabe?, mi hijo necesitaba adelgazar y adelgazó, en poco tiempo, cuatro kilos. Y eso sucedió por el poder de la mente.

– ¿Cómo es que lo hizo? –pregunté a esa señora, que me hablaba entusiasmada.

– Le di unos pensamientos, que encontré en un libro, él los repite algunas veces por día y, a la noche, se duerme con la mente fija en esos pensamientos.

Otra señora contó que con ella sucedió lo mismo. Su peso había sido siempre rebelde a las recetas de adelgazamiento y, sin embargo, no se resistió al tratamiento mental.

Ahí está la realidad del viejo axioma latino: Mens sana in corpore sano. Una mente sana produce un cuerpo sano.

Si usted lo considera bien, verá que el hábito de pensar es el que hace la mente y el cuerpo sanos o enfermos.

El hábito es el resultado de un pensamiento arraigado, insistente, repetido, reforzado, diariamente.

Días atrás asistí a un antiguo filme del Gordo y el Flaco. Ellos habían ido a la guerra. El Gordo fue llamado a intervenir en una batalla, mientras que el Flaco quedó patrullando su trinchera. La guerra había terminado hacía treinta años y el Flaco continuaba, solito, patrullando su trinchera, recorriendo con el fusil al hombro, todo el foso, de punta a punta. Donde él pisaba ya se había formado una zanja de más de un metro de profundidad.

Creo que ése es el efecto del hábito. La repetición lo va profundizando siempre más y más.

Existen hábitos saludables y hábitos perjudiciales.

EL PODER INFINITO DE SU MENTE

Lauro Trevisan

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