SUPERE LOS CONFLICTOS MATRIMONIALES Y VIVA EN PAZ

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El escritor Joseph Murphy dijo que "el desconocimiento de la mente es la causa de todos los problemas conyugales". En otra ocasión afirmó: "Las fricciones entre marido y mujer pueden ser resueltas si ambos utilizan correctamente la ley de la mente".

Experimente hacer ahora mismo un inventario de sus problemas conyugales. Sin duda, tendrá que alinear una serie de resentimientos, de rabias, de malentendidos, de celos y de desafueros.

Son innumerables las personas que se llevan las manos a la cabeza y exclaman: "¡No es posible! ¿Cómo puede suceder eso? Yo quería tanto que nuestro matrimonio fuera bien y está yendo mal".

El primer error en el cual, con las mejores intenciones, las parejas acostumbran a incurrir, es enfocar el ajuste conyugal por el lado de la corrección de los errores, las diferencias y las fallas. Este sistema es cansador, irritante, desagradable y molesto. Y cuando uno tiene fallas –lo cual es absolutamente normal–, muchas veces busca fallas en el otro y las aumenta al máximo a fin de quedar con un crédito para la próxima riña.

Así no vale. Así no tiene gracia.

Claro que existen dificultades y problemas. Mas póngalos en el debido lugar y ellos disminuirán de tamaño y de importancia.

Vea lo que escribió Celia Luce: "Una pequeña dificultad es como una piedrecita. Sosténgala bien cerca del ojo y ella cubrirá el mundo todo, poniendo todo fuera de foco. Asegúrela a una distancia apropiada para la visión y ella podrá ser examinada, e incluso debidamente clasificada. Arrójela a sus pies y ella podrá ser vista en su ambiente natural: apenas una minúscula protuberancia en el camino hacia la eternidad".

De ahora en adelante, cambie completamente su modo de vivir el matrimonio.

En lugar de ver sólo las sombras e intentar eliminarlas, busque la parte iluminada del otro y tórnela más iluminada aún. Busque que las luces ganen más fuerza y dimensión, gradualmente desaparecerán las tinieblas.

Organicen la vida por el lado positivo y el amor y la buena convivencia mejorarán cada vez más.

Que cada uno procure descubrir y valorizar el lado bueno y las cualidades del otro y así todo encuentro y toda la conversación entre ambos se volverá fuente permanente de placer.

Cuando cualquiera de los dos consiga una victoria, en cualquier campo, por pequeña que sea, que el otro la vea, quede contento y traduzca su alegría en sinceros elogios.

Nada es más saludable en la vida conyugal que el esfuerzo de ambos en el sentido de atizar siempre más el fuego del amor. Contribuyen mucho para eso el elogio, la admiración, el apoyo en las horas difíciles, el perdón abierto y tranquilo en las horas de flaqueza. He ahí lo que usted debe cultivar. Siempre. Siempre. Si quiere que su matrimonio dure quinientos años.

 

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Lauro Trevisan

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