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Las curas a distancia

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La cura a distancia es uno de los fenómenos más notables del mundo sobrenatural y extrasensorial. ¿Cómo se realiza? ¿Qué energía es enviada a la persona beneficiada? ¿Cómo se expande esta energía? ¿Cómo actúa?

La imagen mental, el pensamiento, el sentimiento, el deseo, la fe, alcanzan cualquier distancia, vencen todas las barreras y no sufren alteración en el tiempo ni en el espacio.

Por un lado, es fácil explicar la cura a distancia: el universo es uno solo y nosotros somos UNO con el universo, o sea, con las personas, con los seres vivos, con Dios, con la materia.

Mi pensamiento y mi energía son recibidos por la mente subconsciente de la persona a la cual son destinadas y, realizada la operación correctamente, los resultados se verifican.

Jesús realizó diversas curaciones a distancia.

Una de ellas es la siguiente: “Partió Jesús de allí y se retiró a las regiones de Tiro y Sidón. Entró en una casa y no quería que nadie lo supiese. Pero no pudo quedar oculto; porque una mujer, que tenía una hija poseída por un espíritu impuro, así que oyó de la presencia de él, entró y se arrojó a sus pies. Era pagana, esa mujer, natural de Sirofenicia. Suplicó a Jesús que expulsase de su hija el espíritu maligno.

Él le respondió:

–Deja que primero se harten los hijos; no conviene quitar el pan a los hijos y dárselo a los perros.

–Es cierto, Señor –replicó ella–, pero también los perros, debajo de la mesa, comen las migajas de los hijos.

Díjole Jesús:

– Por causa de esta palabra, ve, que el demonio acaba de salir de tu hija.

El resultado fue la cura extraordinaria.

Se puede, también, curar a distancia directamente, sin intermediario.

Voy a contarles otra cura a distancia realizada por Jesús, también con una persona pagana, cuya fe el Maestro elogió de un modo muy especial.

“Acababa de entrar Jesús en Cafarnaúm, cuando se le presentó un centurión con esta súplica:

– Señor, tengo en casa un siervo que está en cama, con parálisis, y sufre grandes tormentos.

Respondióle Jesús:

– Iré a curarlo.

Volvió a decirle el centurión:

– Señor, yo no soy digno de que entres en mi casa; di una sola palabra y mi siervo será curado. Pues también yo, aunque sujeto a otro, digo a uno de los soldados que tengo a mis órdenes: ¡Ve acullá! y él va; y a otro: ¡Ven acá! y él viene; y a mi criado: ¡Haz esto! y él lo hace.

Oyendo esto, admiróse Jesús y dijo a los que lo acompañaban:

¡En verdad, os digo que no encontré tan grande fe en Israel!(…)

Y dijo Jesús al centurión:

– Vete, y hágase contigo así como creíste.

Y en la misma hora el siervo recuperó la salud” (Mateo 8,5-13).

En esta cura el intermediario fue aquel oficial romano. En los dos casos, no fue la religión la que propició la cura, sino la fe de las personas deseosas de que Jesús las curase. En el primer caso, la niña recibió la energía curadora independiente de su voluntad, pues se hallaba en estado psicótico; ya en el segundo caso, es posible que el siervo del centurión romano también deseara ardientemente la cura por medio de Jesús. Pero es digna de notarla fe ilimitada de los dos intermediarios, esto es, de la madre y del centurión, ambos paganos.

Cuando se juntan las oraciones de las personas enfermas y las sanas, la energía curadora encuentra un canal más abierto y fluye con mayor impetuosidad. Pero, si usted desea el bien a alguna otra persona que no está ligada a este tipo de proceso curativo o no acepta sus consejos o no tiene fuerzas para dejar el camino de la enfermedad, como por ejemplo, los ateos enfermos, los psicóticos, los dementes, los viciados por la bebida o las drogas, use el método de la cura a distancia y obtendrá maravillosos resultados.

Una noche por semana realizo una sesión de cura para el público. En un determinado momento, en cuanto las personas todavía están en nivel alfa, pido que traigan mentalmente a alguno de sus familiares enfermos o necesitados de algún beneficio especial. Muchas sanaciones se han realizado, en ese momento, con esos familiares que estaban lejos del local de la sesión e incluso ni sabían que estaban siendo llevados mentalmente para la cura.

EL PODER INFINITO DE SU MENTE

 

 

 

 

Lauro Trevisan

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