LA CURA POR MEDIO DE JESÚS

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Cierta noche, al realizar una sesión de cura en la ciudad de Restinga Seca, una señora me pidió que escribiera una oración a fin de ser distribuida a las personas que comparecían en la sesión de cura. Escribí este texto, que fue distribuido y trajo muchos beneficios:

"Cuando las personas se aproximaban a Jesús para pedirle la cura de sus males y sufrimientos, el Maestro miraba a cada una con cariño y las curaba. Al ciego, al defectuoso, a los leprosos, a los acometidos de cáncer, a los sordos, a los mudos, a los diabéticos, a los que vivían con intensos dolores, a los tristes, a los deprimidos, a los neuróticos, a los nerviosos, a los psicóticos, a los desanimados, a los frustrados, a cada uno de ellos extendía la mano divina y decía:

– Ve en paz, tu fe te curó.

Usted también es uno en la multitud de los necesitados. Usted está sufriendo de un mal rebelde a los tratamientos… Usted está sufriendo de alguna tortura o amargura interior… Sí, usted también, ahora, es uno en la multitud de los que buscan a Jesús.

Y Jesús se detiene ante usted, en este instante, y le dice, con el mismo cariño, las mismas palabras que dijo a los demás hace casi dos mil años atrás:

– Ve en paz, tu fe te curó.

Y usted, entonces, feliz, seguro de que así será, ora esta plegaria agradecida:

Muchas gracias, Señor, por la cura. Muchas gracias porque tú me oíste. Tú siempre oyes con bondad y amor a todo aquel que cree en tu poder. Sé que tu palabra realizó en mí la perfección, por eso soy una persona sana, curada, perfecta, alegre y afortunada. Mi cuerpo, mi mente y mi corazón ahora están en armonía. Estoy en paz, feliz y agradecido. Por el milagro de la palabra, todo aconteció en mí, conforme a mi creencia. Estoy curado. Alcancé lo que tanto deseaba. Muchas gracias. Amen".

 

EL PODER INFINITO DE SU MENTE

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Lauro Trevisan

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