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Había gran expectativa cuando fue abierta la tumba de Hermes, pues se decía que allí dentro estaría el gran secreto de la humanidad.

Al abrir con el mayor entusiasmo la sepultura, fue encontrada en su interior la siguiente frase:

"Como es allá dentro, así es aquí fuera;

Como es allá arriba, así es aquí abajo".

Esta frase me llevó a otra de un autor mucho más famoso que Hermes:

"Hágase tu voluntad, así en la tierra como en el cielo."

Esta última afirmación es de Jesucristo.

Tanto una como la otra encierran una verdad de extrema profundidad.

La frase de Hermes puede significar que, así como es en su mente, así es en la realidad de afuera.

La frase de Jesús también contiene una verdad profunda y trascendental.

Un día yo estaba caminando por las arenas de las playas de Tramandaí, cuando repentinamente sentí el impulso de escribir el Padre Nuestro en poesía.

Al llegar a la afirmación: "Sea hecha tu voluntad así en la tierra como en el cielo", los versos me salieron así:

SEA HECHA TU VOLUNTAD…

Tu santa voluntad

Es darme la felicidad,

Es unirme sólo al Bien…

Y darme luego, enseguida,

Las buenas cosas de la vida

Que yo deseo también.

ASÍ EN LA TIERRA como en el cielo…

Dios está en la materia,

Que no contiene la miseria,

Porque Dios es perfección.

Si mi cuerpo está enfermo,

¡Me uno a Dios nuevamente

Y de nuevo quedo sano!

Así en la tierra COMO EN EL CIELO…

La mente es un cielo eterno,

O, quizás, el propio infierno

Que en lo íntimo se trae.

Pero, haciendo tu voluntad,

Tendré un cielo de verdad,

De armonía, amor y paz.

Es de notar, pues, que hacer la voluntad del Padre no es dejar que las cosas sucedan como sucedieren.

Un día, una señora enferma de cáncer me dijo: "Cuando tomé conciencia de que tenía cáncer, lo dejé todo en las manos de Dios".

Entonces, le pregunté que era lo que ella quería manifestar con aquella frase. Aquella expresión, muy repetida en los medios religiosos, puede poseer un contenido fatalista, como si la persona resolviese más o menos así: Mala suerte, ahora que sea lo que Dios quiera.

¡Vamos! Dios nunca puede querer la enfermedad, porque Dios es perfección y sólo tiene deseos de perfección.

Si usted quiere hacer la voluntad de Dios, tratará de entrar en estado de perfección, esto es, en estado de armonía mental y física, en perfecta interacción entre la mente y el cuerpo, entre la "tierra y el cielo".

Por tanto, ha de unirse a la salud y no a la enfermedad.

Cuando usted esté enfermo, diga que "sea hecha la voluntad de Dios así en la tierra como en cielo", o sea, desee que su mente y su cuerpo entren nuevamente en estado de salud, de armonía, de perfección.

EL PODER INFINITO DE SU MENTE

Lauro Trevisan

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