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Si usted examina los casos en que Jesús ha expulsado demonios o espíritus malos, como dice el evangelio, escrito hace casi dos mil años, advertirá que se trata de dolencias mentales, psicosis agudas, hipocondría, desdoblamiento de personalidad, epilepsia y otras dolencias mentales.

En aquel tiempo llamaban demonios a todos esos males que atormentaban a las personas y no había necesidad de que Jesús ofreciera una explicación científica para cada dolencia. Él usaba el lenguaje de la época. El demonio, como entidad en sí, no puede habitar ni el espíritu ni el cuerpo de una persona, pues todo ser humano es siempre el propio Dios manifestado. El espíritu de una persona es la Vida, es la Presencia Infinita, es la imagen divina, y el cuerpo es el templo del Espíritu.

"Nadie alzará la mano contra ti para hacerte mal" (Hech. 18,10)

"Nada os hará daño alguno" (Lucas 10,19).

Sólo hay una persona que puede hacerle mal a usted: es usted mismo.

Pero, sea cual fuere su estado, recurra a la Fuerza Divina que habita en su ser y usted retornará al estado de salud, de armonía y de perfección.

EL PODER INFINITO DE SU MENTE

Lauro Trevisan

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