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Un día el científico inglés Grey Walter se puso a hacer el cálculo para determinar cuánto costaría la fabricación de un computador electrónico que realizara todas las operaciones que efectúa el cerebro humano. Y el resultado del costo fue una cifra que correspondería al número quince seguido de diecinueve ceros, cálculos hechos en 1974, según la revista Realidad. Serían necesarios millones de computadoras para igualar el trabajo del cerebro. Dice el artículo de aquella revista que la "capacidad del cerebro, creen los científicos, podrá ser en breve elevada al doble, lo que permitiría al hombre evolucionar, en las próximas décadas, tanto como lo hizo en los últimos diez mil años. Aunque pueda parecer una perspectiva portentosa, la humanidad ya hizo aun más: en los primeros cincuenta años de este siglo dobló el conocimiento científico adquirido en más de cien mil años".

El doctor John Eccles, premio Nobel de Medicina, dijo cierta vez: "Yo puedo definir mi cuerpo y mi cerebro como masas físicas. Pero existe algo, además. No puedo definir mi propia existencia. Tal vez esté ahí el límite que el hombre necesita descubrir".

Se sabe que, hoy en día, el hombre utiliza apenas una pequeña porción de su cerebro. Es cierto que, en el momento en que consigamos develar más los misterios de la sede de nuestra mente, obtendremos resultados que nos traerán una vida más feliz, más agradable y más productiva. La mente y el cerebro funcionan de común acuerdo, pero el alcance de la mente trasciende al infinito las dimensiones del cerebro. Por ejemplo, el hombre tiene capacidad para predecir el futuro, para ver a distancia, hasta con los ojos cerrados (clarividencia); tiene capacidad, aun, hasta para transportarse mentalmente a un lugar distante del cuerpo y, consecuentemente, del cerebro; tiene capacidad para captar el pensamiento de otro (telepatía); en fin, la capacidad de la mente, que a su vez no puede prescindir del cerebro, es ilimitada.

Hablando sobre el cerebro, Haroldo Shermann dice lo siguiente: "Si usted presenta, por medio de uno o más de sus cinco sentidos físicos, informaciones o circunstancias que están ocurriendo en el momento, algún artículo que esté leyendo o alguna experiencia que gustaría repetir, su mente, procediendo como un computador, asimila esos datos, los convierte en ondas cerebrales o impulsos eléctricos guardándolos en su memoria para uso futuro. Usted sabe, naturalmente, que la ciencia es capaz de medir las ondas cerebrales y que la inteligencia puede ser guardada en un fluido químico por reacciones electroquímicas según las experiencias de la vida y condiciones del ambiente."

Frecuentemente converso con personas que sufren de disritmia cerebral y esas personas se afligen como si se tratase de algo irreversible.

Usted puede reorganizar el ritmo de su cerebro, determinando que su mente actúe, en ese sentido, sobre el cerebro.

Así como los mecanismos del cerebro pueden ser perturbados por pensamientos y sentimientos conturbados, que son capaces de generar verdaderas tempestades electromagnéticas, de esas que ocurren de vez en cuando en la superficie del sol, de la misma forma, pensamientos de armonía, de control y de equilibrio pueden producir la organización y el recto orden en su cerebro. ¿Por qué no?

Hace más de veinte años me hice un electroencefalograma, en Porto Alegre, y éste se presentó bien patológico. Algunos años más tarde me hice otro, y también presentaba disritmia. Ni esa vez ni en la otra tomé los remedios indicados, por falta de interés, lo confieso. En 1975 entré al mundo del poder mental y hace dos años me hice otro electro que se presentó saludable y normal.

La mente, que creó las células perfectas, puede restablecer el orden cuando haya desarmonía. Quien hizo lo máximo, que es crear, puede hacer lo mínimo, que es reorganizar.

EL PODER INFINITO DE SU MENTE

Lauro Trevisan

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