Los niños religiosos son más propensos a luchar para distinguir entre la realidad y la ficción

Aunque la religión puede ser algo bueno para muchas personas, tiene sus desventajas. Ya sea que se trate de un papel importante en su vida o no, crecer en un hogar religioso puede no ser tan positivo como usted cree.

Cuando se trata de niños donde dibujar las líneas es bastante borroso, ya sea forzándolos a entrar a la iglesia o queriendo mantenerlos en el mismo camino que tú, sin importar lo que digan. Algunos hallazgos recientes han puesto de relieve algo en lo que la mayoría de la gente no se detiene a pensar y muchos no están seguros de cómo tomarlo. Investigadores de la Universidad de Boston se tomaron el tiempo para examinar cómo la exposición religiosa afecta a los niños y sus habilidades para mantener separadas la realidad y la ficción.

Para ello, presentaron a niños de cinco y seis años diferentes tipos de historias. Algunas de estas historias eran historias religiosas, otras eran fantasías y otras eran realistas. Al hacer esto, fueron capaces de averiguar cómo los niños eran capaces de valorar las cosas y qué es lo que hacían.

Desglosados en dos estudios específicos, sus resultados fueron interesantes, por decir lo menos. Parece que aquellos que fueron a la iglesia o a escuelas religiosas estaban en un nivel significativo y mucho menos capacitados para identificar cosas como animales parlantes y seres sobrenaturales como’no reales’. Era mucho más probable que asumieran que los personajes ficticios no eran sólo «fingir».

Los niños religiosos son más propensos a luchar

En cuanto a la discusión, el estudio señala lo siguiente al respecto:

El Estudio 1 examinó los juicios de los niños sobre el estado de los personajes de cuentos presentados en diferentes contextos de cuentos: realistas, religiosos y fantásticos. Basándonos en hallazgos anteriores que indicaban que los niños pequeños son capaces de usar el contexto realista de una historia para juzgar al protagonista como «real» (por ejemplo, Corriveau et al., 2009; Vaden & Woolley, 2011), anticipamos que todos los niños caracterizarían a los protagonistas en historias realistas como reales. Los resultados fueron totalmente consistentes con esta hipótesis. Los cuatro grupos de niños se desempeñaron significativamente por encima de la oportunidad al juzgar a los protagonistas de una historia con contenido realista como real, y con frecuencia justificaban esa categorización refiriéndose a elementos realistas de la historia.

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Nuestra pregunta central se refería a los juicios de los niños sobre el estatus de los personajes de los cuentos en los cuentos religiosos. Los niños expuestos a la religión -a través de la asistencia a la iglesia, la escolarización parroquial o ambos- juzgaban que esos personajes eran reales. Por el contrario, los niños sin tal exposición los juzgaron como si fueran de mentira. Esta aguda discrepancia entre niños con y sin exposición a la religión no apoya la hipótesis de que los niños son «creyentes natos» (Barrett, 2012) con una credulidad natural hacia seres extraordinarios con poderes sobrehumanos. De hecho, los niños seculares respondían a las historias religiosas de la misma manera que respondían a las historias fantásticas – juzgaban que el protagonista era fingido.

La diferencia entre los niños religiosos y los laicos se pone aún más de relieve por el patrón de justificaciones que los niños ofrecen. No es de extrañar que los niños religiosos hicieran más referencias a la religión que los niños seculares. Sin embargo, cuando los niños seculares ofrecían una justificación religiosa, ésta se utilizaba para justificar su categorización del protagonista como falso. Por el contrario, cuando los niños con exposición a la religión ofrecían una justificación religiosa, normalmente seguían su categorización del protagonista como real. Por lo tanto, los niños seculares y religiosos difieren marcadamente en la manera en que conceptualizan sus referencias a la religión. Los niños laicos las produjeron como una garantía para pensar que el personaje de la historia era un farsante. Por el contrario, los niños religiosos las produjeron como una garantía para pensar que el personaje de la historia era real.

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Inesperadamente, los juicios de los niños sobre los protagonistas de historias fantásticas variaban dependiendo de su exposición a la religión. Los niños expuestos a la religión a través de la iglesia o de la escuela parroquial tienen menos probabilidades de juzgar a estos personajes como si fueran falsos. Note que no encontramos diferencias en el juicio de los niños sobre los protagonistas por tipo de exposición religiosa. Es decir, los niños que recibieron educación religiosa en la escuela, pero no asistieron a la iglesia con su familia, demostraron juicios similares en comparación con los niños que asistieron a la iglesia con sus familias, pero recibieron una educación secular. Además, los niños que recibieron ambos tipos de exposición religiosa (escuela, hogar) también demostraron patrones similares de juicios sobre los personajes de cuentos. Una interpretación plausible de estos hallazgos es que la exposición regular a las narrativas religiosas -de cualquier fuente- es suficiente para modificar las categorizaciones de los niños de los personajes de los cuentos. En investigaciones futuras, será apropiado verificar esta conclusión, por ejemplo, preguntando si una exposición más limitada (es decir, la asistencia ocasional a la iglesia o la instrucción religiosa) también influye en la categorización de los personajes de cuentos por parte de los niños.

Esto resalta que los niños no nacen creyendo en cosas como ‘Dios’, sino más bien, de modo que enseñar este tipo de cosas lleva a los niños a creer, obviamente. Aunque parezca que este artículo está dando un portazo a aquellos que optan por cuidar algún tipo de religión, pero no es el caso, estamos abriendo la puerta para explorar más a fondo este lado de las cosas. ¿Cómo se siente con respecto al estudio mencionado anteriormente?

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