La Mayor Necesidad

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por Daniel Jacob

Es tan sencillo que seguramente no lo vemos. 

La mayor necesidad que podamos tener jamás es la de confiar en alguien por completo.

El miedo que siento dentro de mí es que mi confianza será traicionada. Pero ¿de dónde proviene ese miedo? Sólo puede venir de la desconfianza. Es una especulación desde este lado del río respecto a lo que va a parecer ese otro lado.

Pero cuando realmente lo cruzamos y llegamos a ese lado del río, en realidad no importa qué parece.

Todo miedo es esta especulación de un corazón ansioso –tan desesperado por ser liberado- y tan comprometido

Por lo tanto, cantamos una vieja canción familiar. Nos decimos todas las razones por las que nunca intentamos ese lugar de bendita confidencia, por qué no debemos dejar ir lo que es imposible sostener.

Es un juego de mente, una excitación de los sentidos. Es el juego previo que inevitablemente debe llevar a una unión mágica.

Pero a medida que tu amante te tienta, te estimula, te provoca, hay una crueldad necesaria, una especie de prueba de fuego. El busca construir un refugio, un oasis para tu alma perturbada.

Esa seguridad se halla en saber que todas las sensaciones, así como toda verdad, son circulares por naturaleza. Sólo hay un tiempo determinado para poder gritar en la llama, antes de que la desdicha se convierta en aceptación, antes de que toda la tensión y la desesperación den paso a la resignación y la entrega.

Con toda seguridad, debe inferirse entonces que el mayor sufrimiento es la anticipación del fuego, la mezcla sin fin de nuestra emoción desgastada que representa hasta el final – con todo detalle- cómo sería cada lametazo de esas lenguas de fuego

Más aterrador aún que otorgar semejante confianza irreflexiva es la perspectiva de pedirla.

Resistir, envuelto en un montón de carne –desdeñado por algunos, admirado por otros- sin ningún paquete especial y trascendente de brillante expectación o excesivas ideas. ¿Que derecho tengo a pedir un simple y sin embargo profundo favor bendito?

¿Qué credenciales poseo, qué persuasiones puedo ofrecer para que te resulte seguro dejar de lado tus resguardos y me permitas entrar en lo más Íntimo de ti?

Si yo fuese a hacer esas promesas necesarias, a darte esas diversas garantías que aquietasen tu mente, ¿cuáles serían?

¿Qué podría decirte o mostrarte que hiciese más sencillo que lo dieses todo… sí, dije todo – todas esas capas de aislamiento que separan tu corazón secreto del mío?

Si yo pudiese revestir cualquier forma o semblante… Si mis ojos o mis labios estuviesen conformados en un contorno perfecto… si mi mirada cristalina y mi sonrisa fuesen tan brillantes y puras que las estrellas del cielo fulgurasen en ellas cuando hablase, ¿sería más sencillo poner a mis pies esos ciertos tesoros, esos últimos misterios esenciales que hacen que tú seas lo que eres?

Vivimos nuestras vidas suspendidos sobre un profundo abismo. Es una pendiente oscura y siniestra que se jacta de la existencia de un foso sin fondo.

Nos aquietamos con la actividad y el enfoque de conciencia, esperando que estas distracciones nos sirvan de anteojeras –de consuelo para el momento inevitable en el que debemos, una vez más, mirar hacia abajo a ese fatídico bostezo.

Tal vez en algún lugar, detrás de ese ceño fruncido de la oscuridad, un niño sonría con afectación y tiemble porque sabe que es ahí, en ese lugar, donde está el pozo sin fondo. Tal vez, ese dulce diablillo sepa demasiado bien que entrar en el estado trascendente de total vulnerabilidad –despojándose de todo miedo- detendrá nuestra caída.

De modo que te pregunto una vez más: ¿Qué sería necesario para que te atrevieses a abrir tu caja de secretos aquí y ahora?

¿Con qué argumentos podría convencerte de que soy digno de tu confianza? ¿Qué contratos habría de firmar, qué vínculos sagrados te podría otorgar?

¿Qué me califica para aceptar libremente lo que otros han muerto tratando de robarte?

Simplemente es porque YO ESTOY AQUÍ y TE LO PEDÍ, y tú has llegado a un punto en el que ya no puedes aferrarte más a eso.

© 1993-2002. Daniel Jacob www.reconnections.net Reservados todos los Derechos

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Titulo en inglés: The greatest need

Traducción: Susana Peralta

Sitio oficial de Daniel Jacob en español www.manantialcaduceo.com.ar/libros.htm

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