Su vivienda fue arrasada por el agua, cuando el dique de Banasol se rompió. Él se quedó solamente con lo que andaba puesto. Todo lo perdió.

Las casas de sus vecinos también fueron destruidas. A pesar de que le insistieron en que se fuera a buscar refugio, él aseveró que no lo haría.

“Yo me muero con mis perros, no los voy a dejar solos. Así es que si se van los perros conmigo, yo me voy. Ahorita estoy refugiado en la casa de un muchacho por aquí. Ahí los perros están en el corredor; para mí, es como si fueran mis hijos, no los dejaré botados”, sostuvo Núñez con fuerte convicción.

Él no abandonó a sus perros, pero sus perros tampoco lo abandonaron. Mientras el adulto mayor buscaba recuperar algo de los escombros, sus mascotas esperaban acostados entre las latas y madera de la que fue su casa.

Fuente: La Nación

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