El cerebro crea nuestra realidad

Contrariamente a lo que entendemos de manera intuitiva, nuestras percepciones no son copias directas y fieles del mundo que nos rodea. El cerebro no es una cámara filmadora que capta de manera pasiva nuestro entorno, sino que elabora representaciones de esos eventos externos. Toma información y la tamiza para encontrar patrones y así construir, como un show multisensorial y tecnicolor, nuestra realidad.

Existe cada vez mayor evidencia neurocientífica de que lo que percibimos no es lo que es el mundo en sí sino una predicción de lo que el mundo debería ser.

Después de estar expuesto a fenómenos asimilables muchísimas veces (el movimiento de objetos, las reacciones interpersonales, la próxima palabra de nuestro interlocutor, la manera en la que se combinan los colores, etcétera), el cerebro se entrena para predecir lo que va a suceder momentos antes de que efectivamente suceda. La información sensorial nueva ingresaría al cerebro solo en la forma de un error en la predicción o sorpresa, que reactualizará la predicción subsiguiente para minimizar la novedad.

Procesar la información sensorial requiere de tiempo. Es por eso que, de alguna manera, vivimos en el pasado.

El cerebro no puede utilizar solamente la información sensorial entrante del ambiente ya que sería muy ineficiente y lento analizar con detenimiento todos los rasgos de lo que vemos, oímos y tocamos para poder luego inferir qué se está percibiendo. Esto maximizaría su ineficiencia en situaciones ambiguas, por ejemplo, al preguntarnos cada vez: ¿Esta figura alargada es una rama o una serpiente?

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La evolución priorizó estrategias cognitivas que no necesitaran detenerse para analizar todos los rasgos de un estímulo, sino inferir rápidamente y actuar. Los que se pararon a pensar mucho tiempo no sobrevivieron y no pudieron pasar sus genes a la siguiente generación.

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El arte, desde el cine y la pintura hasta la literatura, muchas veces busca explotar este error en nuestras predicciones. Las obras artísticas buscan generar una ilusión inicial y agrandar lo más posible la sorpresa subsiguiente. Teóricos de la literatura llamaron a esto “extrañamiento”.

La percepción de la realidad tiene menos relación con lo que pasa fuera que con lo que está dentro de nuestra mente. El cerebro crea la realidad, por lo cual al referirnos a ella también estamos hablando de nosotros mismos.

Fuente: La Nación

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