foto microscopica

Ahora, tome en cuenta que existe una cadena interminable de universos unos dentro de otros, como el espermatozoide o la célula dentro nuestro, en el que para ellos somos inimaginablemente enormes, más, nosotros, con todo y nuestro supuesto pasmoso tamaño, somos prácticamente imperceptibles dentro de lo que a su vez para nosotros es nuestro universo, es decir, el universo que nos contiene, el cual, de la misma forma, no es sino una motita de polvo dentro del universo que le sigue en tamaño, en el que está a su vez contenido, que obviamente es otro enormemente grande, y ese otro igualmente es minúsculo dentro del siguiente en tamaño, y así, en forma infinita, pero lo más importante es que existe una relación de comunicación continua entre unos y otros, gigantes y grandes; grandes y pequeños; pequeños y microscópicos; y nosotros y nuestros minúsculos componentes incluidos en el conjunto.

Lo anterior nos permitirá comprender y/o asociar que esa conexión y relación, como consecuente comunicación e interdependencia entre unos y otros, presupone un orden y equilibrio multi existente que constituye lo que llamamos “Divina providencia” y que no alcanzamos a comprender a cabalidad, pero que sabemos y nos consta que provee de todo lo necesario en el momento preciso y en el lugar indicado de la forma adecuada a nuestras necesidades, las de su planeta Tierra, y de esa misma forma lo hace con todos los mundos, personas, sistemas solares y universos que se suceden unos a otros para mantener ese equilibrio.

Y como en el universo todo es orden, limpieza, amor, equilibrio, justicia y demás, al igual que ocurre en nuestro cuerpo, que está constituido por cuerpos de diferentes tamaños, átomos, partículas, moléculas, células, tejidos, órganos, etc., hacia lo que es nuestro universo también rigen las mismas leyes y situaciones.

En efecto, debido a que en nuestro interior corporal existen corpúsculos positivos y negativos, que generan salud, la cuidan y la mantienen, y otros que tienden a atentar contra ella, y que cuando se salen de equilibrio generan lo que llamamos enfermedades, y a la vez existen cuerpos más grandes, los órganos, que tienen a su cargo depurar y limpiarnos de ellos para mantener ese orden que para nosotros es la salud, es claro que ese orden y equilibrio es el mismo que prevalece hacia lo grande y hacia lo pequeño.

Entre esos cuerpos que tienen a su cargo esa labor, dentro suyo, podríamos citar a los ganglios; los riñones; el sistema inmunológico, etc., los cuales están compuestos por infinidad de componentes, que trabajando al unísono, dan por resultado la salud, todo lo cual constituye una profunda e interminable extenuante labor compleja y conjunta de millones y millones de seres microscópicos trabajando al unísono, la cual ignoramos y mucho menos agradecemos, y a la cual desdeñosamente simplemente llamamos así: “Salud”, sin saber que todo obedece a la misma ley sin distinción de tamaños, lo que implica un gran número de macro y micro seres que trabajan de día y de noche sin descanso para proporcionárnosla.

De esta manera, siendo nosotros habitantes de un macro universo, que es el ser que nos contiene y en el cual existe este sistema solar y planeta, en cuyo universo vivimos, nos movemos y existimos, “somos nada”, comparados con su tamaño, a la vez somos gigantescos y sin forma frente a nuestros átomos, partículas, moléculas, células, tejidos, órganos y sistemas, debido a nuestro para ellos gigantesco tamaño, un universo, en cuyo conjunto de respectivas relativas situaciones, circunstancias y correspondencias, estamos cuidados y protegidos por cuerpos para nosotros invisibles, porque debido a su inimaginable tamaño, gigantesco, grande, pequeño o microscópico, viven en frecuencias de luz que existen en distinta longitud de onda en relación a nuestro hábitat, que por lo mismo no alcanzamos a distinguir, pero que como lo hacen nuestros órganos internos, que reciben y transforman la energía cerebral en materia, es decir, en partículas, moléculas, células y demás, esos componentes de igual manera crean en nuestro universo átomos cósmicos, (sistemas solares), y seres que los habiten, (nosotros), y no solo eso, sino que en ejercicio de su trabajo, consistente en mantener un equilibrio cósmico, aparte de crearnos nos aman, cuidan, protegen, alimentan, enseñan, y nos ayudan a crecer a través de las vivencias y experiencias que vivimos en este plano, con la finalidad de que seamos cada vez mejores, y de que al ir expandiendo nuestro interno en una mayor conciencia, obtengamos un desarrollo espiritual cada vez mayor que nos permita servir mejor más y más en nuestro mundo, en nuestra sociedad, a nuestros prójimos y a nuestros semejantes.

Esos cuerpos que nos crean y protegen, para nosotros invisibles, habitantes de dimensiones y frecuencias de luz distintas a la nuestra, lo hacen en cumplimiento de leyes cósmicas que jamás comprenderíamos, que se traducen en un altísimo grado y espíritu de servicio de colaboración universal para mantener el orden y el equilibrio, generando planetas y seres que los habiten, esto es, seres minerales, vegetales, animales, humanos, y nuevos seres que reemplacen los que van desapareciendo por haber concluido su ciclo de vida, al igual que lo hace nuestro cerebro con la ayuda de nuestros órganos, que crea nuevas partículas, átomos, moléculas, células y demás, y de esta forma se generan en lo grande y en lo pequeño nuevos lugares susceptibles de ser habitados, con la finalidad de desarrollar en sus moradores y creaturas, estados de conciencia que más delante, de acuerdo con el grado de desarrollo logrado, les permitan ir tomando mayores responsabilidades, y por lo mismo, les preparen para asumir roles de cada vez mayor envergadura.

En el caso de los seres superiores a nosotros, en que por su grado de evolución y lugar de morada no los podemos ver, en atención a que habitan en dimensiones, en longitudes de onda y frecuencias de luz distintas a la nuestra, y que por lo mismo nos resultan invisibles, son a quienes se denomina HERMANDADES DE LA LUZ, quienes por lo mismo nos resultan imperceptibles porque nuestros sentidos son sumamente limitados.

Partiendo de la realidad de que las frecuencias no solo existen y se presentan en la luz, sino también en el sonido y en otras naturalezas, suponga que vive en una frecuencia de radio de “AM”, y por decirlo de alguna manera, que “ELLOS” habitan en frecuencia de “FM”.

Son frecuencias diversas y de distinta longitud de onda, como se ha dicho, de manera que definitivamente no los podríamos ver a voluntad nuestra, porque en el caso del ejemplo seríamos como un radio que solo puede escuchar “AM”, en que por lo mismo jamás podría recibir la de “FM”.

Pero en su caso, a través de nuestra transformación personal interna, que se logra desarrollando respeto, amor, consideración por nuestros prójimos y semejantes, honestidad, honradez, sensibilidad espiritual, etc., por supuesto que pueden alcanzar el grado vibratorio de desarrollo de “FM”, y lograr comunicación con tales Altísimos Seres.

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