mupebaydreams

Mensaje 2

Se los voy a ejemplificar, porque a veces es más fácil explicar con ejemplos que con conceptos o palabras puras y simples.

Imaginen que fueran un pez que habita en alguna parte de las aguas marinas. (ver mensaje 19 de “LA HORA COSMICA” de esta misma serie.

Estarían sin duda acostumbrados a la flora y fauna propia de ese acuático mundo, a sus costumbres, peligros y condiciones generales, todo lo cual constituye un equilibrio, aquel que se habrían formado en su mente de peces a través de la costumbre de vivir ahí, el cual tendrían asimilado, y por lo mismo se habrían familiarizado con la forma en que son las cosas en ese hábitat.

Un día llega otro pez y les cuenta que en una ocasión viajando hacia “arriba”, lejos, lejos, hacia lo que para los humanos es la superficie del agua, pero para los peces, es su cielo, quedó sorprendido al descubrir que ese mundo acuático se acaba al llegar a la mencionada superficie, pero que inmediatamente después de ésta, sorprendentemente sigue otro mundo increíblemente extraño y distinto al marino, habitado por seres de lo más raro.

Sus habitantes no tienen cola ni aletas, agallas, ni nada por el estilo, y no obstante eso viven, y además, muy confortablemente en ese lugar.

Usan unas cosas extrañísimas en las que “vuelan” sobre el cielo de los peces, (una embarcación), pues como dije, lo que para ellos sería su cielo, para los humanos es la superficie del agua.

Esos extraños seres son de una constitución física muy rara, pues están cubiertos de un material muy delgado, (piel), y no respiran agua sino que respiran otra cosa diferente, (aire), mismo que el pecesito curioso no pudo respirar cuando sacó del agua parte del cuerpo para ver “el otro mundo”, incluso sintió morir.

A pesar de no poder respirar, tuvo el valor de observar por unos instantes esa dimensión para él desconocida, y vio que los seres de ese mundo (los humanos), tienen el cuerpo horriblemente dividido en dos, (las piernas); Que sus aletas (brazos), no son cortas como las de los peces, sino son grandísimas en comparación a las suyas, y al final de ellas tienen unas cosas similares a aletitas con las que atrapan las cosas, (manos y dedos); no se ondulan como los peces para poder desplazarse, sino que con cada una de las horribles aberturas que sería la cauda, (las piernas), las cuales son muy largas, se desplazan y lo hacen en forma vertical y no horizontal, (parados).

Tienen una rara y extraña división entre el cuerpo y la cara, (el cuello), y su rostro, en relación con su cuerpo, forma una letra <ele>, es decir, no tienen posicionada la cara y el cuerpo todo en forma horizontal como los peces, sino que su cuerpo es vertical pero su cabeza es en cierto modo horizontal, ya que tienen “un quiebre” entre el cuerpo y la cabeza, (el cuello), y por si fuera poco pueden girar la cabeza en todas direcciones con cierta independencia del resto del cuerpo, pues no la tienen fija como los peces.

A la vez, sus ojos no están en los lados, sino al frente y hacen unos movimientos muy raros cuando miran, (parpadean).

Tienen también unas cosas muy raras, como antenitas blandas al rededor de la boca y en la cabeza (bigote, pelo y barba), pero el pecesito que escucha no cree lo que le cuenta su amigo, porque está acostumbrado a ver agua, peces, plantas, conchas, caracoles, coral, plancton, y todo aquello que habita en el mar por doquier desde que nació, porque para todos lados siempre ha visto solo agua, y no logra comprender que su mundo “se acabe” en alguna parte, y como no conoce ni siquiera el fin de su mundo, que sería, como se dijo, su cielo y éste último la superficie del agua, mucho menos podría imaginar que hubiera otro mundo encima del suyo.

Ni siquiera sabe que “respira” algo líquido, ya que está acostumbrado a ello, incluso ha pasado su vida preguntando qué cosa es el agua y donde está, pues dice no conocerla porque “nunca la ha visto”, y cuando le han contestado que su mundo es el agua, que en ella vive, que “ahí está”, que es lo que respira, y que su mundo está pleno de ella, gira brusca y rápidamente sobre sí mismo mirando hacia todos lados buscándola, manifestando que no la ve, en forma similar a quienes de ustedes dicen no saber qué es aquello que denominan DIOS, en donde está, cómo es, cuando en EL vivimos, nos movemos y existimos.

El pecesito platicador de la experiencia y viajero narra que al llegar a su cielo, la mencionada superficie del agua, viajó casi al ras en distintas direcciones y vio cosas extrañísimas, (ciudades y edificios, carros, embarcaciones, personas, smog, etc.), y que las naves de los extraños seres, (las embarcaciones), por no sabe qué razón despiden materia letal para los peces, o sea el diesel o combustible que indiscutiblemente se filtra de éstas al mar, y que casi moría “al inhalarlo” sin saber porqué.

Vio que ese raro espécimen (el humano), se comportaba de lo más raro porque traía una cosa en la boca que subía y bajaba de intensidad y de tono (un cigarro), que se lo quitaba y se lo ponía, y al quitarlo le salía algo raro y pestilente de la boca (humo), lo cual repentinamente girando a la vez que se retiraba del lugar, tiró al agua cerca de donde asombrado miraba todo el pecesito, y al acercarse con curiosidad y temor a verlo y tratar de probarlo o de olerlo para estudiarlo antes de que cayera el cigarro al agua, sintió una cosa horrible, se le revolvió el estómago y se le paralizó la respiración, (por el sabor y olor del cigarrillo), porque “eso” olía a algo inenarrable por nauseabundo, completamente incomprensible, ya que nada de eso se hace ni se conoce en el mundo de los peces.

Pero lo peor que le pasó al pecesito fue que después de la experiencia del diesel y del cigarro del humano, en que tuvo que meterse completamente al agua para recuperarse del horrible aroma, sabor y escozor que le dejaron el combustible, el alquitrán, el tabaco y la quemada, fue que cuando lo observaba todo, repentinamente llegó una gaviota y lo atrapó a la vez que se elevaba por los aires con el pez en el pico, el cual al forcejear en forma fiera, decidida e instintiva por su vida, logró zafarse de su captor, y cuando cayó y llegó de nuevo al agua, se dio cuenta profundamente impresionado, que, además, había aún otra clase de vida distinta a los “monstruos” de que le hablaba al otro pecesito, que sorprendente e increíblemente habita arriba, más allá de los humanos, y lo único que acertó a hacer fue pensar que había sido abducido por un objeto volador no identificado, por lo que a su, por demás traumática experiencia vivida, le sumó que tuvo incluso un encuentro cercano del tercer tipo, aunque nada deseable, por haber sido tratado en forma nada amable, sino, por el contrario, estuvo a punto de no supo qué, si de ir en calidad de visitante a “otros mundos” o de servir de alimento a “eso” que lo atrapó.

De esta forma, comparativamente, resulta de increíble a la humanidad como podría sucederle a los habitantes de debajo de la piedra, que puedan existir otras formas de vida en otros mundos, y por ello sus pensamientos erróneos, pues consideran que de existir, lo cual es materialmente imposible desde su humano punto de vista, serían en todo caso necesariamente iguales o parecidas a la vida de la tierra y/o de debajo de la mencionada piedra, respectivamente, más, así como el ejemplo de la historieta del pez, en que no existe parámetro de comparación entre los humanos y los peces, tampoco es comparable la vida de la tierra con la vida de otros sitios cósmicos.

Ahora piensen como si fueran un mineral, y comparen ese mundo mineral con el progresivo siguiente, el vegetal; luego como vegetal y consideren si creerían que existen otros seres llamados animales; luego como animal, si creerían todo aquello que son capaces de hacer los humanos, y llegarán a la conclusión de que no creerán lo que hay en el siguiente mundo hacia arriba, el plano Arquetípico o Divino, pero al menos, advertirán, sin duda, esa gran desproporción que existe de un reino a otro.

De un plano de existencia a otro no es la cosa como cuando salen de una nación y entran a otra vecina, en que todo es igual, casi, y lo único que hay de distinto lo es la diferencia de lenguaje hablado y escrito y de moneda, y lo que hay intermedio entre un país y otro, la línea fronteriza, anuncios, avisos y precios en ese otro idioma, etc.

Las Hermandades de la Luz, moradores de otras dimensiones, no por desconocidas para la humanidad dejan de ser realidad y existir, ni de ser distintos a ustedes en esa, o tal vez aún mayor desproporción.

Viven en forma diferentísima a ustedes y tienen incluso muchísimas virtudes, y su mundo, que esta humanidad terrestre recién muy superficialmente vislumbra, seguramente será diferentísimo al suyo y al concepto que tienen de las cosas, de la misma forma que le resultó al pecesito, que por cierto, solamente se hizo una idea de los humanos por lo poco que vio de ellos y del barco en que éstos se transportaban, antes de regresar huyendo a su mundo, como a su vez le pareció al otro pecesito que escuchaba sus experiencias, y eso que le faltó ver las ciudades y todo lo que existe, lo que se vive, se disfruta, se goza y se padece tierra adentro en todos sentidos, y aún en los espacios aéreos.

En realidad se aterró a pesar de que lo que vio del mundo de los humanos fue muy poco o casi nada.

Siguiendo el ejemplo, a su humanidad le resulta increíble que los mundos superiores a la vida en la Tierra sean distintos a su forma de vivir, como le resultó de increíble al pecesito cuando le hablaron del mundo siguiente, incluso, el pecesito narrador que vio a los humanos y su mundo no los conoció ni superficialmente porque debido a su natural temor y prematura partida no alcanzó a verlo a cabalidad, más, no por ello dejan de ser eso y mucho más.

Lo mismo ocurre a una considerable parte de la raza humana, en que muchos de ustedes ni siquiera creen que haya vida fuera de este mundo, pues se conceptúan únicos en el universo, aunque se contradice con los tan mencionados “avistamientos” de seres procedentes de otros mundos de que tanto se habla en la actualidad, y de que se habla desde la antigüedad más remota, así como de los contactos de primero, segundo y tercer tipo que son de los que preferencialmente hoy en día se comenta en las comunidades científicas y en sus redes sociales.

Sin embargo, en su cotidiano vivir los terrícolas no advierten que aunque no tengan una piedra encima suyo y vean la luz del sol, viven frente a la vastedad del universo un mundo ilusorio, pequeño, limitadísimo e incluso obscuro, perdidos en la complacencia de los sentidos inferiores, considerando equivocadamente que esta luz es toda la que existe en el cosmos.

No saben que la intensidad de la luz que conocen es solo una manifestación de los miles de millones de billones de trillones de cuatrillones de todos los “illones” de intensidades diversas de luz que existen más allá de este mundo, y que esta intensidad y todas las diversas intensidades dependen y solo forman parte de la frecuencia de luz a la que pertenecen y en la cual viven, ya que cada frecuencia de luz alberga millones de intensidades distintas, y que a su vez existen infinitas frecuencias a lo largo y ancho de la inconmensurable grandeza eterna e infinita de aquello que no tiene nombre, que es, está y existe, que no tuvo principio nunca ni tendrá fin jamás, de quien todo proviene y a quien todo va de regreso en ese eterno ir y venir que constituyen la existencia y sus distintas y múltiples realidades, la evolución y el crecimiento interno, y con ello la evolución y preparación para servir, que será mayor en la medida de su progreso espiritual, en que a mayor jerarquía mayor humildad y mayor espíritu de servicio, y que lo que para los humanos es obscuro debajo de la piedra, aún cuando para los gusanitos, lombricitas y demás habitantes es luz, la luz que ustedes perciben en este su mundo, comparativamente para los habitantes de los mundos superiores, es obscuridad.

LOS ESPERO EN LA SIGUIENTE PUBLICACION

BAJO LA PIEDRA

Bekram

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