¿Por qué el karma actúa muy rápido en mi?

Hola, soy Laura Foletto.  ¿Estás conciente de la Ley de Causa y Efecto?

Un tema recurrente que observo últimamente entre mis consultantes es la negación de esta Ley Universal o de sus resultados.  ¿De qué se trata?  De que todo pensamiento, palabra o acto tiene sus consecuencias. 

Cuanto más polarizados hacia lo negativo o positivo ellos estén, más reacción podremos esperar.  Cuanto más negativo, más confrontación y obstáculos.  Paradójicamente, no siempre cuanto más positivas, mejor.  Esto es porque muchas personas accionan desde un lugar de rechazo hacia lo negativo en sí mismas, por lo que atraen lo negativo para poder conocerse e integrarse.

El tema principal aquí es la responsabilidad.  En astrología, se relaciona con el primer giro completo de Saturno.  Alrededor de los 28 años, todos hemos pasado por alguna situación crucial que nos invitó a madurar y a darnos cuenta de que la omnipotencia de la juventud se terminaba. Hasta ese momento, creíamos que podíamos hacer cualquier cosa, sin resultados visibles.  Pero, algo nos hizo despertar y asumir que debíamos responder por lo que habíamos puesto en marcha.

De acuerdo al nivel de conciencia con que desciframos esa circunstancia, habrá sido la forma en que comenzamos a vincularnos con la realidad.  Para algunos, habrá significado tomar decisiones con un amplio sentido de las consecuencias involucradas para ellos y los demás.  Para otros, podrá haber sido incrementar los miedos acerca de sus actos. Para otros, habrá sido una materia pendiente parcial o totalmente.

En estos tiempos, pocos se están librando de este asunto.  El karma (esta Ley según los orientales) está funcionando muy rápido.  Antes, la reacción podía suceder años (o vidas) después.  Ahora, está a la vuelta de la esquina.  Personas que han actuado irresponsablemente durante años están enfrentando los efectos… y se martirizan con un  compungido “¿Por qué a mí?”, que suena a incomprensión de esta Ley.

flor

¿Alguien está libre de ello?  Ciertamente, no.  Hemos convocado todo lo que nos sucede.  Y no se trata de castigo o de premio.  Es tan neutral, que no admite victimizaciones ni jactancias.  Por ser así, es posible observar con desapego qué hemos pensado, hablado o hecho que nos trajo hasta aquí.  Al reconocerlo, aceptarlo y comprender su lección (perdonando y perdonándonos si fuera necesario), podemos continuar desde una decisión original y responsable, sembrando nuevas semillas.

Esto implica vivir con conciencia.  Ya no hay excusas para lavarnos las manos con que “no me di cuenta” o “no sé por qué lo hice” o “siempre fue  así” o “mi cabeza/mis emociones me manejan”, porque estamos despertando y la información está disponible en cualquier lado.  Es preciso llevarla a la práctica, reemplazando el viejo paradigma con nuevos postulados.

Lo que se aceleró es el tiempo de manifestación de las consecuencias.  Si hacemos daño, recibiremos la devolución de formas que nos obligarán a observar nuestro  interior sinceramente, a fin de comprender qué energía estamos enviando y movilizar los cambios que necesitamos.  

La buena noticia es que podemos utilizarlo para enfocarnos  en lo que deseamos crear para nuestras vidas y para el planeta.  A medida que incrementemos nuestra habilidad para sostener premisas más sistémicas, la alegría, la abundancia, el amor y la creatividad se harán tangibles en nuestras existencias, abriendo el portal hacia nuestra Alma.

Al asimilar en nuestros cuerpos las energías sutiles del Espíritu, nuestras experiencias se volverán más sencillas, fluidas, íntegras, amorosas.  Contribuiremos a allanar el camino de muchos otros.  Esa es también una responsabilidad, una luminosa responsabilidad: la de traer el Cielo a la Tierra.

 

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