dedos arriba

La naturaleza (o Dios) nos da una excelente salud. No existe niño que no se sienta vital y energético. Al pasar los años vamos incorporando, consciente o inconscientemente, la programación que compartimos entre todos y nuestra salud comienza a revelar el contenido de esas ideas limitantes que vamos incorporando en nuestro cuerpo mental y emocional.

El cuerpo físico es un reflejo de todo lo que estamos siendo y sintiendo por dentro. Si no nos alejáramos del perfecto equilibrio de todo lo que somos, no podríamos enfermar. La enfermedad, o la pérdida de salud, se convierten en un aviso que nos informa que nos hemos distanciado de la verdad única que habita en el interior de cada persona.

¿De qué se trata esa programación? Son muchos los aspectos que vamos internalizando de manera errónea y que al quedarse allí sin corregir, generan un estancamiento, una distorsión y bloqueos de la energía vital.

Por ejemplo, cuando somos niños no sabemos de escasez, tenemos  seguridad de que todo está allí dispuesto para nosotros. Ningún niño pierde un solo minuto en la preocupación de no saber de dónde vendrá lo que necesita para vivir. Si no tiene lo suficiente, simplemente se adecua y sigue realizando su vida sin que nada de esto le perturbe. En la edad adulta, la escasez se convierte en una de las mayores fuentes de preocupación y una de las mayores fuentes de enfermedad. El adulto deja de creer en la providencia universal, se siente solo, desamparado, se cuestiona, se culpa y se trata mal a así mismo por esta situación.

Cuando somos niños somos muy flexibles, los músculos están libres de la tensión del diario vivir como la tiene un adulto. El niño está más dispuesto a la aventura, cae suavemente, amortiguando el golpe, haciéndose uno con él y su flexibilidad le protege. El adulto se aterroriza de cometer errores, de equivocarse, de sentir que algo está mal en él o en los otros. Debido a esto se hace más duro y más tieso con su realidad, lo que queda reflejado en sus músculos tensionados. La tensión en los músculos genera una infinidad de inconvenientes, afecta el flujo sanguíneo, desgasta las articulaciones, produce dolores y propensión a las fracturas con las caídas. El adulto olvida que todo es una aventura donde hay mucho por conocer y experimentar, donde no importa las veces que pueda caer o equivocarse y donde siempre podrá levantarse nuevamente.

El niño sabe descansar, dormir despreocupadamente, despertar despejado y dispuesto a vivir un nuevo día de aventura. El adulto ya no espera aventura, muchas veces solo espera una rutina y otras veces espera desastres y calamidad. El adulto olvida muy fácilmente que solo se encuentra de paso y que la vida consiste en salir a vivir, donde todo momento tiene su peripecia para demostrarse a si mismo lo magnífico que es.

El adulto va olvidando muchas cosas demasiado importantes para él y por eso la enfermedad viene a recordarle que algo no anda bien. Todos nacemos con una excelente salud, pero al pasar los años nos vamos alejando de lo que realmente somos.

Otro tema que es motivo de muchas enfermedades obedece a los conflictos en las relaciones interpersonales. Muchos adultos se quedan en la edad infantil, pidiendo ser atendidos, ser amados y ser aceptados por los demás, cuando en la infancia estos aspectos no fueron proporcionados por los padres.

O sea, olvidamos cosas muy importantes de la infancia y además nos resistimos a crecer y abandonar aquellas pataletas que funcionaron cuando niños y que queremos seguir sosteniendo como adultos.

Como puedes ver, hay muchas cosas que con los años se van distorsionando y que son las responsables de muchas de las enfermedades que hoy tenemos.

¿Es posible mejorar?, Claro que si. Para ello es necesario que comiences a reconocer dónde te has olivado de ti, olvidado de tu providencia y olvidado de lo poderoso que eres, entre otras cosas.

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Patricia González
Tu Coach
www.evolucionespiritual.com

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