Ángeles de la Iluminación – Parte 1

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Ángeles de la iluminación Arcángel Jofiel

 

Hoy vas a conocer al Arcángel Jofiel. Es el arcángel del segundo rayo: el de la sabiduría, la inspiración y la iluminación. Jofiel y su complemento divino, Cristina, a quienes podemos visualizar dentro de haces de luz dorada, vienen para iluminamos y para desterrar la ignorancia.

 

El Arcángel Jofiel trabaja con cada uno de nosotros a través de nuestro chakra de la coronilla, que es el loto de mil pétalos, el chakra de color amarillo dorado, cuya ubicación visualizamos en la parte superior de la cabeza. Podemos acceder a la mente de Dios meditando sobre este chakra -cuyo nombre en sánscrito es sahasrara- y convirtiéndonos en la llama de la sabiduría. Los domingos, con mayor intensidad que otros días de la semana, podemos sentir la llama amarilla de la iluminación.

 

Cada uno de los arcángeles se relaciona con uno de los siete chakras, centros energéticos situados a lo largo de la columna vertebral que operan a niveles sutiles. El de la coronilla, de color amarillo, se relaciona con el Arcángel Jofiel; el tercer ojo, cuyo color es el verde(*nota en los libros de chakras no esta con este color), con el Arcángel Rafael; el de la garganta, de color azul, con el Arcángel Miguel; el del corazón es rosa y se relaciona con Chamuel y Caridad, los ángeles del tercer rayo del amor divino; el del plexo solar, morado y oro, con Uriel y Aurora; la sede del alma(*?), de color violeta, con Zadkiel y Santa Amatista; y, por último, el chakra de la base de la columna, la Luz de la Madre, se relaciona con Gabriel y Esperanza.

 

En esta ocasión, vamos a tratar acerca de cómo los ángeles pueden ayudamos a entrar en contacto con nuestro Yo Superior. En «Ángeles del amor. El ángel de la guarda», expliqué que el Yo Superior es la presencia del Cristo que está en nosotros. Tu Yo Superior, el Santo Yo Crístico, es también tu principal ángel de la guarda, de manera que, cuando hablamos de ángeles, el más importante es esa Presencia del Cristo: es quien dirige al resto de los ángeles de la guarda que los siete arcángeles nos envían. Encuentros con un ángel del SEÑOR.

 

Me gustaría, pues, comenzar con un relato que encontramos en la Biblia, concretamente en el libro de Hechos, que narra la aparición del ángel del SEÑOR al evangelista Felipe y posteriormente a los apóstoles Pedro y Pablo. Cuando veas en las Sagradas Escrituras las palabras «ángel del SEÑOR», has de saber que se refieren al ángel de la Presencia, al ángel del YO SOY EL QUE YO Soy. Ello nos indica que se trata de un arcángel, ya que los arcángeles encarnan por completo la presencia de Dios. Así pues, cuando ellos te visitan, traen consigo esa presencia. Por ejemplo, cuando el Arcángel Miguel se le apareció a Moisés y a Josué, en ambos casos dijo: «Quita las sandalias de tus pies, porque el lugar en que estás es tierra sagrada». El arcángel sabe que trae consigo la presencia de Dios y da esa orden para que reconozcamos la gran energía, luz y conciencia que recibimos al estar frente a un arcángel.

 

En el libro de Hechos leemos que un ángel del SEÑOR se le aparece al evangelista Felipe y le dice que viaje por el camino que va de Jerusalén a Gaza. En el camino, el Espíritu le ordena a Felipe: «Acércate y ponte junto a ese carro». Cuando lo hace, conoce a un etíope, quien le escucha predicar el evangelio y es bautizado.

El relato de Pedro también comienza cuando un ángel se le aparece a Cornelio, un centurión romano de la nobleza. En esta sección no habla del «ángel del SEÑOR», así que puede que se trate de un ángel perteneciente a las legiones del primer ángel. El que se aparece a Cornelio le dice que envíe hombres a Joppe para traer a Pedro; incluso le da la ubicación exacta donde hallarlo, en casa del curtidor Simón. Los criados obedecen las instrucciones del ángel y encuentran a Pedro. El apóstol va con ellos a la casa de Cornelio, y allí predica. Cornelio recibe entonces el don del Espíritu Santo, y es convertido y bautizado.

 

También en Hechos leemos cómo un ángel libera a Pedro de la prisión. Mientras Pedro está encarcelado, los cristianos de su iglesia rezan por él de continuo. La noche previa a ser juzgado por Herodes, Pedro duerme entre dos soldados, atado a ellos con cadenas. Leemos: «Se presentó el ángel del SEÑOR y la celda se llenó de luz. Le dio el ángel a Pedro en el costado, le despertó y le dijo: “Levántate aprisa”. Y cayeron las cadenas de sus manos». Entonces el ángel dijo: «Cíñete y cálzate las sandalias […] Ponte el manto y sígueme».

 

Pasan dos guardias y cuando llegan a la puerta de hierro que da paso a la ciudad, ésta se les abre sola. El ángel anda con Pedro hasta el final de una calle y entonces desaparece. Pedro va directamente a la casa de María, madre de Juan Marcos, donde muchos se hallaban reunidos en oración. Cuando Pedro llama a la puerta, sale a abrirle una sirvienta llamada Rode. Ella reconoce la voz de Pedro y se llena de alegría; pero en lugar de abrir la puerta, va corriendo a anunciar a los demás que Pedro ha llegado. Como todos creen que Pedro está encarcelado, le dicen: «Estás loca». Al insistir ella en que era cierto, dicen: «Será su ángel». Con esto puede que se refirieran o bien a su doble etérico o bien a su ángel de la guarda.

 

Mas Pedro sigue llamando, y cuando por fin abren la puerta, se quedan atónitos porque, ¿cómo había logrado escapar de la cárcel? Entonces Pedro les cuenta cómo un ángel le había liberado.

 

Hablo de estos encuentros porque quiero que te pongas en el lugar de estas personas, los discípulos, que eran gente como nosotros. Ellos tuvieron encuentros con ángeles, y también nosotros deberíamos esperar tenerlos.

 

El apóstol Pablo tuvo asimismo un encuentro con un ángel. Estando en un barco a punto de naufragar, se levantó y dijo: «Os recomiendo que tengáis buen ánimo: ninguna de vuestras vidas se perderá; solamente la nave. Pues esta noche se me ha presentado un ángel del Dios a quien pertenezco y a quien doy culto». (Qué forma tan interesante de expresarlo -«un ángel del Dios a quien pertenezco ya quien doy culto»-, ¿verdad?) El ángel le había dicho: «No temas, Pablo; tienes que comparecer ante el César; y mira, Dios te ha concedido la vida de todos los que navegan contigo». Los ángeles que rescataron a Pedro y a Pablo eran arcángeles. Comunión directa con la mente de Dios

 

Los ángeles todavía están con nosotros; pero a veces su presencia y su vibración, así como nuestra capacidad de percibirlos y entrar en contacto con ellos, quedan sofocadas por el ruido que nos bombardea a través de todos los inventos del siglo XX. Es casi imposible pasar un momento en el silencio que la gente conocía antes de la era de la electrónica. Uno puede contar los minutos del día en los que el teléfono no está sonando, la televisión no está funcionando o alguna otra cosa no está sucediendo. Y aunque no estemos oyendo algún sonido, sabemos que todos ellos bombardean nuestros sentidos en forma de ondas inaudibles.

 

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Por eso nos hace falta reservar un momento y un lugar especiales para meditar a diario y para hacer de la meditación una costumbre, especialmente si deseamos comunicamos directamente con la mente de Dios. Los ángeles son quienes facilitan esa comunicación. Es el Arcángel Jofiel quien nos ayuda en todo lo relacionado con la mente de Dios y con la apertura del chakra de la coronilla. Él nos transmite la sabiduría de Dios, la iluminación, la comprensión y la gnosis, que definimos como nuestro autoconocimiento de Dios.

Jofiel realiza sus obras a través de nuestro chakra de’ la coronilla, que tiene 972 pétalos. Si consideramos que los chakras son extensiones de Dios, que son un regalo para poder conectar con el ser de Dios mientras todavía estamos en un cuerpo humano, podemos entonces pensar que cada uno de ellos tiene una frecuencia o vibración específica destinada a acelerar nuestra mente.

 

Se nos ha enseñado que tenemos la capacidad de contener la mente de Dios. Eso es lo que Pablo nos dijo: «Tened entre vosotros la misma mente que Cristo».Y también podemos contener la mente del Buda Gautama y de todos los santos de Oriente y Occidente que nos han precedido.

 

A veces sentimos una vibración de hormigueo en el chakra de la coronilla: el hormigueo de la luz cuando entra en el cerebro, llega a su base y pasa a la coronilla; esa sensación (a veces suena en el oído como una cascada) que experimentamos al entrar en contacto con la luz, y que representa la frecuencia de los 972 pétalos, nos permite, literalmente, entrar en la mente infinita de Dios.

 

No hay sino una sola mente universal semejante a una gran computadora: la mente de Dios; y todos estamos conectados a esa computadora, a esa mente. Sin embargo, hemos de comprender que el cerebro puede ser el cáliz de esa mente y, para ello, tenemos que purificado, tenemos que eliminar de él los alimentos y las sustancias densas que nublan la mente.

 CONTINUA….

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