Escoge un momento, hora y lugar en donde no seas molestado (a). Siéntate en posición cómoda, loto o semi loto. Con la espalda recta, la lengua pegada al paladar y comienza a respirar profundo. Mentalmente vas a hacer un decreto de arraigo, repitiendo:
“A este mundo pertenezco y aquí voy a regresar”. Ahora vas a visualizar tu cuerpo envuelto en un óvalo dorado que sellará tu aura, permitiendo que salga todo lo que no desees dentro de ti a nivel físico y emocional y que al mismo tiempo evite infiltraciones negativas de seres desencarnados alejados de la luz o de personas vivas con malos deseos hacia ti.

Después, visualiza cómo de las plantas de tus pies salen unas raíces que te cimentan a la tierra. Despúes, de la base de tu columna sale otra raíz que se conecta al cosmos a través del chackra de la coronilla. Así estás cimentado en la madre tierra y abierto a la sabiduría universal.

Este es el momento de pedir la presencia del ángel del perdón. Pídele que te acompañe en este viaje de purificación. Ahora este ángel hermoso, va contigo. Detrás tuyo.

Repite la siguiente oración:

 <<ángel del perdón, acompáñame y guíame para aceptar el perdón como parte de mi existencia.
Ayúdame a liberar las cadenas que arrastro con dolor y resentimiento. Es mi deseo sentirme libre.
Si es deseo de la divinidad, que la persona a quien no he perdonado venga a este plano y trabaje conmigo por la misma causa>>.

Lo siguiente que harás, será imaginarte completo (a), de pies a cabeza caminando sobre piso o tierra firme. Vas a caminar lentamente, observando tus pies. Comienza a sentir la sensación de libertad que te provoca el estar en paz contigo mismo (a). Poco a poco vas a abrirte camino a una imágen mental que te provoque placer. Esto es: vas a crear un paisaje con los elementos necesarios para hacerte sentir en armonía.

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Coloca el elemento aire y aspira tranquilamente, mientras escuchas el correr del agua y sientes el abrazo del sol.
Observa tu obra. Has puesto todo lo que te inspira paz. Víve esta sensación intensamente.

Arte de ***Gabriele Diana Bode***

Ahora viene la parte más importante.

Ahí, en tu paisaje vas a ver un par de sillas, una frente de la otra.
Observa muy bien de qué material están hechas las sillas. El ángel del perdón, está contigo, justo detrás tuyo.

Siéntate en una de las sillas y desde el corázón, pide la presencia de este ser o seres con quienes estás enojado (a), a quien o quienes traes cargando por no haber hablado de frente. Espera el tiempo que sea necesario hasta que esta persona aparezca.

La (o) vas a ver venir caminando. Puede variar su actitud. Puede que tú estés experimentanto todo tipo de sensaciones. Acéptalas, procésalas y libéralas.

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Cuando esta persona esté frente a ti, pídele que tome asiento. Experimenta la sensación de tener la cabeza vacía de ideas preconcebidas, el corazón libre de odio. Vive la sensación de compasión por este ser.

Déjalo (a) hablar. Es importante que escuches, que observes.
Es posible que surja el llanto en ti, déjalo fluir. Libérate.
Ahora te toca a ti hablar. Díle todo aquello que no pudiste.

 Tómate el tiempo que quieras. Después toma su mano y repite lo siguiente:

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